Un punto de referencia en la ciudad con la mística intacta

Vik Arrieta
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19 de abril de 2014  

Nuestra elección del barrio respondió a una oportunidad concreta: un espacio que reunía los requerimientos para nuestra operatoria, a la vez no muy lejos de nuestro primer local en el Patio del Liceo y tampoco de otros puntos de interés para nosotros (nuestra casa, nuestra familia, y también clientes). Como yapa resultó ser parte del corazón comercial de Palermo. Privilegiamos la cercanía: el lujo para nosotros es poder dejar el auto y en lo cotidiano andar a pie o en bicicleta.

En eso Palermo es imbatible: todo nos queda cerca. Además, es un barrio acogedor. Si bien estacionar es prácticamente imposible en ciertos días y horas, siempre tiene buenos bares abiertos, espacios para reunirse, actividades, gente en la calle, color y vida. Da gusto caminar por sus calles, tanto por las comerciales, como por las "100% barrio" que todavía hay, ¡y muchas! No todo garaje es una tienda en Palermo. Si hoy se desmerece al barrio es probablemente una cuestión de recorte: Palermo es gigante, y su lógica vivant se desparramó por los barrios linderos. Pero la "mística" Palermo sigue estando allí –en algún punto independiente de la estación, de la oferta de temporada– como una esencia que transmuta, pero no se pierde. Además, es innegable que es "el punto de referencia" y centro del diseño de la ciudad para todos los turistas que visitan Buenos Aires. Es cotidiano escuchar una gran variedad de idiomas a lo largo de sólo cuatro cuadras.

De los barrios donde he vivido o trabajado es, por ahora, el más encantador. Las calles son una pasarela, hay mucha creatividad y no necesariamente es obediente a los dictámenes de la tendencia. Caminar un domingo a la mañana bien temprano y ver a los residentes ir a comprar el pan en atuendos piyamescos. Subirse al tránsito de la bicisenda o dejarse caer en un café o un bar para, muy al modo francés, "ver la gente pasar".

Creo que es muy errado confinar el valor de vanguardia a un territorio geográfico, cuando todos sabemos que la barrera de ingreso no es precisamente creativa, sino económica. Hay muchísima creatividad de alto vuelto ubicada en otros puntos de la ciudad, en los talleres súper indie del Patio del Liceo, o en los incubados del CMD, o en pequeños rincones de San Telmo, Recoleta, Colegiales, Nuñez… ¡y también en el Gran Buenos Aires!

Mi lista de "lugares con magia" me lleva a salir de Palermo continuamente. De esos proyectos, sé que muchos buscan espacios más económicos para desarrollarse, o un entorno más cercano a la naturaleza, o menos comercial y con una lógica más artesanal. ¿Si hay vanguardia en Palermo? Claro que sí. Hay vanguardia en todo Buenos Aires.

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