
Un setter con historia a todo color
Por Eduardo Tarnassi Para LA NACION
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Las razas caninas, como la indumentaria, tienen su momento de furor. Generalmente, a través de los años, sólo persisten las que se han adaptado mejor a la vida en la ciudad.
Uno de los perros más vistosos, que durante bastante tiempo acaparó la pasarela, es el setter irlandés color caoba (o rojo). Este animal tiene un antepasado del que nunca habíamos hablado: el setter rojo y blanco.
Según los criadores Ruth Casey y Juan Iñiguez (www.mosconet.com/setter_irlandes_rb. htm) , "la difícil topografía irlandesa y la moda de la caza de aves hacían necesario un perro fuerte y resistente: el setter. Según pinturas del siglo XVII, el color rojo y blanco era predominante. Es de suponer que los criadores de entonces fueron seleccionando ejemplares con menos pelaje blanco, dando origen al absolutamente rojo".
Ambos fueron reconocidos como una raza única hasta el siglo XX. Sin embargo, el completamente rojo causó furor a partir de 1863, luego de una exposición en Dublín. Esto marcó el decaimiento de la otra variedad durante medio siglo, a pesar de que los irlandeses lo seguían prefiriendo para la caza.
"En su recuperación -continúan los especialistas- intervinieron distintos religiosos que pusieron manos a la obra tras la Primera Guerra Mundial (1914-1919). Uno de ellos, el reverendo Noble Houston, reunió algunos ejemplares y comenzó a criarlos. Era un hombre excéntrico, que solía pasear en su moto llevando un setter en el asiento trasero.
"En este camino le siguió otro clérigo, Canon Doherty, más interesado en la caza que en la belleza estructural. Sus ejemplares hicieron estragos en las exposiciones caninas, aunque mucho más grande fue el éxito logrado por los perros criados por el reverendo Daniel Griffin."
Los nombrados, en realidad, no hicieron otra cosa que seguir los pasos que en el siglo XIX habían iniciado los señores de Rossmore. Estos nobles tenían su castillo en el condado de Monaghan y mantuvieron sus perreras hasta bien entrado el siglo XX.
"Respecto de nuestro criadero -comentan Casey e Iñiguez-, comenzamos en 1998 con un cachorrito criado por el padre Patrik Doherty. Al año siguiente viajamos a Irlanda para comprar nuestra primera hembra. ¿Cómo son estos ejemplares? Fuertes, incansables, amantes de las largas caminatas, inteligentes, determinados, dóciles y perfectamente adaptados para su trabajo en el campo. Es decir, poseen cualidades que únicamente tienen los buenos perros."
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