
Virginia y Pablo
La ácida y a la vez poética pluma de Villiers de l’Isle Adam desgrana un relato protagonizado por dos adolescentes, en el que el amor, la inconsciencia de la juventud y el dinero juegan una pulseada que se define en el final
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"¡Oh juventud, primavera de la vida! ¡Benditos sean, jóvenes, en su éxtasis! Ustedes, cuya alma es simple como una flor, ustedes, cuyas palabras, al evocar otras memorias muy semejantes a esta primera cita, hacen brotar dulces lágrimas de los ojos del transeúnte!"
A Augusta Holmes
Per amica silentia lunae
Virgilio
En la verja de los viejos jardines del pensionado. Suenan las diez a lo lejos. Es una noche de abril, clara, azul y profunda. Las estrellas parecen de plata. La brisa suave ha pasado sobre las rosas jóvenes, el follaje susurra, el chorro de agua de la fuente vuelve a caer como nieve al fondo de la gran avenida de acacias. En medio del gran silencio, un ruiseñor, alma de la noche, hace centellear una lluvia de mágicas notas.
Cuando los dieciséis años lo envolvían en su cielo de ilusión, ¿amó usted a una jovencita? ¿Recuerda usted aquel guante olvidado sobre una silla, en el viejo cenador? ¿Experimentó usted la turbación que suscita una presencia inesperada? ¿Sintió usted que le ardían las mejillas cuando, durante las vacaciones, los padres se rieron de su timidez, uno junto al otro? ¿Conoció usted la dulzura infinita de dos ojos puros que lo contemplan con pensativa ternura? ¿Rozó usted con sus labios los labios de una niña trémula y súbitamente pálida, cuyo seno latía contra su corazón oprimido de gozo? ¿Guardó usted, en el fondo del relicario, aquellas flores azules que recogieron cerca del río, al atardecer, cuando regresaban juntos? Oculto, desde los años de la separación, en lo más profundo de su corazón, ese recuerdo es como una gota de esencia de Oriente encerrada en un frasco precioso. Esa gota de bálsamo es tan delicada y poderosa que, si arrojamos el frasco en nuestra tumba, su perfume, vagamente inmortal, durará más que el polvo de nuestros huesos.
¡Oh, si existe algo dulce para una noche de soledad es respirarlo una vez más, como un adiós a ese recuerdo encantado!
Ha llegado la hora de la calma: los ruidos del trabajo se acallan en el barrio; mis pasos me han conducido hasta aquí, al azar. Esa construcción fue, en otra época, una vieja abadía. Un rayo de luna deja ver la escalera de piedra, tras la verja, e ilumina a medias a los viejos santos esculpidos que han hecho milagros y que, sin duda, han golpeado contra esas baldosas sus humildes frentes iluminadas por la plegaria. Aquí han resonado en otros tiempos los pasos de los caballeros de la Bretaña, cuando los ingleses dominaban aún nuestras ciudades angevinas. Ahora, las celosías verdes y alegres rejuvenecen las sombrías piedras de los muros. La abadía se ha convertido en una pensión de señoritas. Durante el día, las muchachas deben gorjear como pájaros entre las ruinas. Entre las que ahora duermen, hay más de una que, durante las primeras vacaciones de Pascua, despertará en el corazón de un joven adolescente la gran emoción sagrada, y es posible que ya.... ¡Sshhh! ¡Alguien ha hablado! Una voz dulce acaba de llamar (muy quedo): "¡Pablo...! ¡Pablo!" Por un instante ha flotado junto a aquella columna un vestido de muselina blanca, un cinturón azul. Una jovencita semeja a veces una aparición. Esta ha bajado ahora. Es una de ellas; alcanzo a ver la capucha del pensionado y la cruz de plata en torno del cuello. Veo su rostro. ¡La noche se disuelve con sus rasgos inundados de poesía! ¡Oh los rubios cabellos de una juventud aún mezclada con la infancia! ¡Oh mirada de un azul tan pálido que parece conservar aún algo del éter primitivo!
¿Pero quién es ese joven que se desliza entre los árboles? Se detiene, toca el pilar de la verja.
"¡Virginia! ¡Virginia! ¡Soy yo!"
"¡Oh, en voz más baja! ¡Aquí estoy, Pablo!"
¡Los dos tienen quince años!
¡Es la primera cita! ¡Una página del idilio eterno! ¡Cómo deben temblar de júbilo, uno y otro! ¡Salud, divina inocencia! ¡Recuerdos! ¡Flores renacidas!
"¡Pablo, mi querido primo!"
"¡Deme la mano a través de la reja, Virginia!" ¡Oh, qué hermosa es!
"Tome, es un ramo que recogí en el jardín de papá. No cuesta dinero, pero es de corazón."
"Gracias, Pablo."
¡Qué agitado está! ¡Cómo ha corrido!
"Ah, papá ha hecho un buen negocio hoy, un excelente negocio. Ha comprado tierra, un bosquecillo a mitad de precio. Los dueños debían venderlo rápidamente, era una oportunidad. Entonces, como estaba contento de su jornada, me quedé con él para que me diera un poco de plata, y después tuve que apurarme para llegar a tiempo."
"¡Nos casaremos dentro de tres años, si es que usted aprueba los exámenes, Pablo!"
"Sí, seré abogado. Cuando uno es abogado, hay que esperar unos meses para ser conocido. Y después se gana también un poco de plata."
"¡Con frecuencia mucha plata!"
"Sí. ¿Y es usted feliz en el pensionado, prima?"
"¡Oh, sí, Pablo. Sobre todo desde que madame Pannier hizo la ampliación. Antes, no se estaba tan bien, pero ahora hay aquí señoritas de los castillos. Soy amiga de todas ellas. ¡Oh, cuántas cosas bellas tienen! Y, además, desde que llegaron, estamos mejor, mucho mejor, porque madame Pannier puede gastar un poco más de plata".
"De todos modos, estos viejos muros... No es muy alegre estar aquí."
"¡Claro que sí! Una se acostumbra a no mirarlos. Pero, veamos, Pablo, ¿ha ido usted a ver a nuestra buena tía? Dentro de seis días cumplirá años; habrá que escribirle mandándole felicitaciones. ¡Es tan buena!"
"¡Yo no la quiero mucho a mi tía! La otra vez me dio bombones viejos para el postre, en vez de darme, bueno, un verdadero regalo, ya sea un buen billete o algunas monedas para mi monedero."
"Pablo, Pablo, eso no está bien. Hay que ser siempre cariñoso con ella, y cuidarla. Es vieja y nos dejará, también un poco de plata..."
"Es cierto... ¡Oh! Virginia, ¿escuchas ese ruiseñor?"
"Pablo, ¡tenga mucho cuidado de no tutearme en público!"
"Prima, pero si vamos a casarnos... pero sí, prestaré atención. ¡Qué hermoso, ese ruiseñor! ¡Qué voz pura, como de plata!"
"Sí, es bello, pero no deja dormir. Está hermoso esta noche, la luna parece de plata, es muy bonita."
"Ya sé que usted ama la poesía, prima."
"¡Oh, sí, la poesía...! Estudio piano."
"En el colegio, aprendí toda clase de hermosos versos, para decírselos a usted, prima; sé casi todo Boileau de memoria. Si usted quiere, iremos con frecuencia al campo cuando estemos casados, ¿verdad?"
"¡Claro que sí, Pablo! Además, mamá me dará como dote su casita de campo donde hay una granja; iremos allí con frecuencia, a pasar el verano. Y la agrandaremos un poco, si es posible. La granja reporta también un poco de plata."
"¡Ah, tanto mejor! Y además podemos vivir en el campo por mucha menos plata que en la ciudad. Mis padres me lo han dicho. Adoro la caza y podré cazar muchos animales. ¡Cazando se economiza, también, un poco de plata!"
"Entonces, será en el campo, Pablo mío. ¡Yo amo tanto todo lo que sea poético!"
"Oigo ruidos arriba, ¿escucha?"
"¡Ssshhh! Debo volver, madame Pannier podría despertarse. Hasta pronto, Pablo."
"Virginia, ¿irá a casa de mi tía dentro de seis días? ¿a cenar? Yo también temo que papá se dé cuenta de mi escapada, porque no me dará más plata."
"Deme la mano, rápido".
Mientras yo escuchaba, embelesado, el ruido celestial de un beso, los dos ángeles desaparecieron; el eco demorado de las ruinas repetía vagamente: "¡...La plata! ¡Un poco de plata!"
¡Oh juventud, primavera de la vida! ¡Benditos sean, jóvenes, en su éxtasis! Ustedes, cuya alma es simple como una flor, ustedes, cuyas palabras, al evocar otras memorias muy semejantes a esta primera cita, hacen brotar dulces lágrimas de los ojos del transeúnte!
Reseña
- El escritor Philippe-Auguste-Mathias, conde de Villiers de l´Isle-Adam, nació en Saint-Brieuc, Francia, el l7 de noviembre de 1838 y murió en París el 18 de agosto de 1889.
- De familia noble, escribió novelas, cuentos, poemas, críticas y piezas teatrales.
- La novela La Eva futura es considerada su obra suprema. Los expertos lo incluyen dentro del movimiento literario denominado simbolismo, del que forman parte, entre otros, Mallarmé, Verlaine y Baudelaire.
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