El editorial del periodista en La Cornisa, por LN+
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¿Por qué debería sorprendernos la violencia, el maltrato y el abuso de la autoridad de la docente Laura Radetich si el Presidente, la vice y Máximo Kirchner hacen lo mismo todo el tiempo?
El apoyo de Alberto Fernández a una profesora sacada, con pretensiones de adoctrinamiento, gritando con una metralla de consignas mentirosas y de pensamiento único es imposibles de justificar.

Porqué está claro que Laura Radetich es Cristina. Grita como Cristina. Atropella como Cristina. Y repite como una autómata las consignas de Cristina, del Instituto Patria y los chicos grandes de La Cámpora.
Si este fuera un país serio, Radetich debería hacer un curso sobre buenos modales e información veraz. Aceptar, por ejemplo, que a Cristina nadie la persigue, y que en cambio está procesada en varias causas. Que tres de ellas son por corrupción, lavado de dinero y asociación ilícita. Y que dos se iniciaron cuando ella misma era presidenta.
Y tampoco estaría mal que Laura Radetich y otros docentes, asimilaran, con los datos en la mano, que Alberto Fernández está endeudando al país más rápido y con más daño social que el gobierno de Macri.

Pero volvamos por un momento al jefe de Estado. ¿En serio pensará que se trató de un debate formidable, una herramienta apasionante para abrir cabezas?

A nosotros nos pareció más el tono y el tipo de argumentos que usan Cristina, Axel y Máximo para defender lo indefendible. Argumentos falaces y rebuscados. Igual que el discurso de Máximo, que en las últimas horas, en un acto en Escobar, nos echó la culpa a los medios por el disparo que recibió el diputado provincial en Corrientes, Miguel Arias.
El mismo Máximo Kirchner que, para las últimas elecciones, se sacó una foto con otro personaje violento, Santiago Cúneo. Y cuidadito, que no era una fake news. Y que nadie los obligó a hacerlo.

Nuestra teoría de porqué transmiten tanta violencia no es muy rebuscada. Están sacados porque, en algún lugar, saben que son los responsables del peor gobierno de la historia reciente. Y que la gente, incluidos los propios, se está dando cuenta. Que la fórmula contra natura que pergeñaron fue perfecta para ganarle a Macri, pero es la peor herramienta para gobernar con un mínimo de sentido común.
Todo lo que estamos viendo ahora no es más que el subproducto de ese pecado original:
· La paupérrima presentación de Alberto ante el fiscal tratando de zafar del delito de violación de la cuarentena que él mismo, como Presidente, ordenó.
· La animalada de su abogado con la causa contra Patricia Bullrich y también defensor de Cristina, el impresentable Gregorio Dalbón, acusando a “la comunidad judía” de haber coimeado al fiscal Ramiro González.
· Y los tipos que pululan alrededor, como Luis D’Elía y el Pata Medina, ahora de nuevo con prisión domiciliaria, pero intentando apoyar a Victoria Tolosa Paz en competencia la competencia abierta con jefe de la barra brava de Estudiantes. Mirá que lindos muchachos.
La violencia, el maltrato y los gritos son de impotencia. Pero las mentiras son imperdonables.
· Ordenaron una cuarentena eterna y hoy somos uno de los peores países en el manejo de la pandemia. Somos el cuarto país en cantidad de muertos por millón de habitantes.
· Tendrían que haber comprado todas las vacunas y aplicarlas en tiempo y forma. Hicieron todo lo contrario: taponaron el acuerdo con Pfizer, un contrato que podría haber evitado decenas de miles de muertes. Y encima ahora que las vacunas están llegando, ni siquiera las colocan con la velocidad mínima indispensable para evitar más contagios.
· Hicieron fiestas de cumpleaños mientras nos amenazaban con las fuerzas de seguridad si no cumplíamos el protocolo.
· Al mismo tiempo, el desastroso manejo de la política económica hizo que el salario cayera al peor nivel desde 2005, que la cantidad de pobres aumentara en por lo menos dos millones de personas y que saliera de la clase media un millón 700 mil argentinos más.
Iban a volver para ser mejores. Y ahora se dedican a repartir, en La Plata, boletas del Frente de Todos con la pechera del gobierno de la provincia de Buenos Aires.
Iban a hacer que volviera el asadito de los domingos. Y terminaron vacunando primero a sus amigos.
De vez en cuando, una parte de la sociedad les comunica su descontento. Como le pasó al exministro Ginés González García durante este fin de semana, en un restaurant de Puerto Madero. No habría que alentarlo. Pero fue un gesto de repudio. No fue un escrache. Un escrache es algo organizado y premeditado. Esto fue espontáneo. Una reacción para que se den cuenta que no pueden hacer todo el tiempo lo que se les da la gana.

Pero mejor será ir a votar y ponerle un freno a toda la prepotencia, el maltrato y el abuso de poder que vienen mostrando desde que asumieron.




