¿Dónde está el modelo? En uno
Desde la óptica psicológica, el consumismo como fuente de gratificación llega a su fin
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Muchas mujeres, en el día en que festejan la condición más importante de sus vidas, ser mamás, reflexionan sobre cómo viven y cómo ser más felices. La psicóloga Vivian Loew opina que no son pocas las que tienden a fijarse cada vez menos en el cuerpo, en las cosas que pueden mejorarlo, para concentrarse en lo que les sirve para superarse como personas y ser realmente felices.
"Vivimos en una sociedad de consumo, en camino hacia otra que tiene que ver más con lo espiritual, en el sentido amplio, no sólo religioso. Es un proceso que asoma tímida, pero sostenidamente. Cada vez más gente se pregunta de qué se trata esto de vivir y para qué estamos en el mundo, porque no vive feliz. Nadie puede afirmar que es un modelo de felicidad; por el contrario, se admite y reclama por un sentimiento de gran vacío", explica la especialista, autora de Cómo convivir con uno mismo .
-¿Por qué cambia la tendencia?
-Se revierte una tendencia general, en el nivel mundial, en nuestro país muy exacerbada en la década del 90, y comenzó en los años 50 con la comercialización de la juventud. Antes de eso, envejecer daba cierto prestigio; después, ser joven era lo mejor. Las empresas empezaron a valorar más la juventud que la experiencia, las máquinas que las personas, y así les fue; por eso lo están revirtiendo. Ser joven augura felicidad , decían, o actuaban en consecuencia. Y esa sociedad era -aunque en parte sigue siéndolo- fanática del consumo, obsesionada por tener para ser. En ese sentido, se piensa que se puede obtener un poco de poder con un suéter o una cirugía, por ejemplo. Pero el suéter pasa a ser uno más en el placard y la cirugía, una arruga menos. Y no queda más que desagrado. Nunca la cuestión es lo que se compra, hay algo atrás: querer poder y bienestar, pero no es más que una promesa que no se cumple, defrauda y deja un vacío. Y a partir de esta situación surge quién soy y para qué .
-Al consumo compulsivo, ¿le llegó su fin?
-Creo que sí, en general y en todos lados, la sociedad de consumo se está muriendo, en algunos lugares más que en otros. En América, el consumo se debilita más que en Europa, donde ahora se compra de manera exagerada por el boom del euro; basta con recorrer muchas de sus ciudades.
-¿Esto no tiene que ver también con las posibilidades económicas?
-No, no tiene que ver con tener o no posibilidades económicas, sino con la necesidad de querer tener poder, con estar interesado en el prestigio, la fama, la plata. Y cuando se advierte que esto no alcanza o no sirve para ser feliz, se empiezan a valorar otras cosas.
-¿Por ejemplo?
-Se valora lo que se es de verdad. Ya no se es feliz siendo joven, flaca y alegre, porque las mujeres que intentaron ser así no son felices; fueron cada vez más parecidas a un modelo, no de pasarela, o sí, un modelo que se suponía iba a generarles felicidad. Entonces, la mujer empieza a buscar en ella y no afuera, busca en su forma de ser, en su estilo, su onda y su cuerpo, cómo ser feliz así como es, teniendo en cuenta su belleza personal, sus posibilidades, su salud y no la que le intentan imponer los modelos publicitarios.
Hay una cuestión especial en las mujeres: muchos hombres buscan chicas jóvenes -aquellas que son los modelos por copiar-, por una razón biológica, están en edad fértil. De manera que por más arrugas que se saquen, por más siliconas que se pongan, por más vestidos o ropa adolescente que usen, no se puede modificar el hecho de que no se está en edad de reproducir. Y esto provoca gran frustración, es mucho esfuerzo inútil. Un dato, el brillo del pelo es un resultado hormonal y no se puede cambiar; y más, no hay manera de que la piel tenga la misma humectación de una joven, ni estirada. Esta nueva tendencia de la que hablo es producto de un cambio lento y profundo porque es vivencial; no se ve de inmediato, puede parecer lo contrario porque son sólo indicios. Ese cambio se da por saturación, por hartazgo; por eso se comenzó a ver más gente con ataques de pánico, dolores, depresiones -no en vano la fluoxetina batió récord de ventas-, que consciente e inconscientemente son resultado de cómo se vive. Ya no importa tener tal nariz, altura o color de ojos; si éste fuera el parámetro, la mayoría de la población quedaría excluida. No sirve parecerse a un modelo, sino a sí mismo. Lo que no es tuyo no hay cómo llevarlo con gracia.
-¿Qué indicios advierte?
-Cada vez más se valora, aunque sea en el nivel inconsciente, lo que tiene que ver con ser parecido a uno mismo. Insisto en el porqué: ¿cómo alguien puede advertir que una persona tiene el mismo estilo, la misma onda, si se empeña en esconderse en alguien que no es, si se transforma a través de cirugías, si vive desesperada detrás de un modelo artificial? No se puede sentir atraído por alguien que no se ve, aunque apunte a la persona y no a su aspecto físico. Con todo, cada vez más hay mujeres con personalidad que no siguen la tendencia del consumo; si se arreglan es sólo para parecerse a sí mismas.
-Entonces, si ya no hay que comprarse todo , ¿qué se hace?
-En este momento, muchas mujeres se inclinan por actividades que ayudan a sentirse mejor. Los cursos están llenos de asistentes; hay gente con más ganas de aprender que con la obsesión de cambiar su aspecto. Están en alza las terapias alternativas. El acento está puesto en las cosas que fortalecen desde el punto de vista espiritual; más en esto que en las que te hacen más linda o joven. Por ejemplo, el reciclado de ropa, más allá de una necesidad económica, tiene que ver con hacer algo con las manos, y tiene mucho de ternura, de gusto personal. Como esto, hacer el propio perfume, jabón, etcétera; y tiene que ver con una satisfacción personal más que con lo que está de moda; tampoco se hace para ganar dinero, sino simplemente porqu e me gusta . Además, se ve que en los gimnasios o centros aumentó la práctica de yoga y de muchas disciplinas orientales.
-¿Esta tendencia se estimula de alguna manera?
-No lo sé. O sí, a propósito del Día de la Madre te digo algo: que las mamás les pidan a sus hijos que en lugar de comprarles un regalo les den algo creado con sus manos, para estimular la noción de que existe algo más que los objetos, los sentimientos. Esto va en contra del mercado, de los avisadores, ¿no? Pero escribilo, lo digo yo...


