En escena. Moda danzante en el San Martín

La directora Andrea Servera y la diseñadora Vicki Otero llevan su experiencia en moda al vestuario de "Mirame, estoy dejando de ser yo"
La directora Andrea Servera y la diseñadora Vicki Otero llevan su experiencia en moda al vestuario de "Mirame, estoy dejando de ser yo"
María Eugenia Maurello
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17 de mayo de 2019  • 14:06

Como si cambiaran de piel, los bailarines aparecen primero vestidos con prendas hechas en algodón, de línea simple y colores neutros, después transmutan a otras realizadas en poliéster, con variantes en siete diseños de estampas geométricas, realizadas por sublimación, y en una paleta que oscila entre los tonos pastel y otros más intensos. Esa es la metamorfosis que se visibiliza en "Mirame, estoy dejando de ser yo", el espectáculo de danza que hasta mediados de junio puede verse en el Teatro San Martín. Dirigido por Andrea Servera, bailarina y reconocida coreógrafa de la moda local, cuenta con el vestuario creado por la diseñadora Vicki Otero.

"Me gusta pensar que el cuerpo expresivo del bailarín termina de completarse con algo estético que le puede dar un plus muy interesante; que la ropa que no parece para danza termina dándole un carácter particular. Me interesa explorar en ese terreno -dice Servera y completa-: trabajé con mi presente, con una idea que está en el aire y tiene que ver con la transformación, con la mutación y con estar cambiando la piel para dejar de ser uno, otro, otres". Y es en ese sentido que la ropa que aparece -en escena- constituye uno de los recursos centrales utilizados por la directora para contar esta historia interpretada por el Ballet Contemporáneo del Teatro San Martín.

Los bailarines visten prendas de diseño
Los bailarines visten prendas de diseño

Esta obra significa, además, su reencuentro con la danza contemporánea después de trabajar durante años en proyectos de arte e inclusión social con el Combinado Argentino de Danza (CAD) explorando géneros como el hip hop y el folclore. Por eso es que ahora también hace foco en el lenguaje formal de los bailarines del teatro para que lo dejen ir, lo suelten, lo muten y lo transformen en otra cosa. Y que esa impronta se traslade a toda la obra, incluida la música que oscila entre lo electrónico y las elocuentes canciones de BIFE.

Movimientos fashion

El vínculo de Andrea Servera con la moda comenzó hace alrededor de veinte años cuando la llamaron para un desfile de una marca de ropa infantil. Desde ese momento empezó un recorrido que incluyó el diseño de coreografías para diferentes ediciones de Bafweek y el trabajo que realizó con los diseñadores de Kostüme y Martín Churba, entre otros. Con Otero, además de fusionar para esta puesta, este año realizó el vestuario para la inauguración de la Fiesta Nacional del Sol en la provincia de San Juan.

"La danza tiene sus necesidades y esta obra tiene una cuestión conceptual que hay que contarla desde el vestuario. Si bien con Andrea siempre es así, ahora tiene otra importancia, porque justamente trata de una transformación", explica Otero. Así es que la vestimenta se reconvierte y sobreviene en nuevas formas y colores que acompañan los movimientos corporales de los bailarines. Visten remeras, shorts, vestidos buzo con capucha que podrían ser usados fuera del espectáculo, en la calle y a toda hora. Se trata de indumentaria con una clara referencia de época: por un lado por que es ropa urbana y por otro, porque casi todas las prendas son genderless (sin distinción de género) tanto en las tipologías como en los colores. Esto, además, entra en sintonía con la propuesta inclusiva y diversa que se expresa en la obra.

Diseños con geometrías estampadas por sublimación, en una paleta que va desde los tonos pastel hacia otros más intensos
Diseños con geometrías estampadas por sublimación, en una paleta que va desde los tonos pastel hacia otros más intensos

¿Cómo se da la unión de la danza y el diseño de indumentaria? "No tenemos mucho que debatir, hay un entendimiento fuera de las palabras. Es como cuando hacíamos los desfiles, nos pasaba lo mismo, yo hacía la ropa y ella me daba una propuesta de coreo sin haberlo hablado antes. Sabía que cualquier cosa que me propusiera iba a ser maravillosa. Esa es la magia de trabajar de juntas", sintetiza Otero.

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