Festejo
Adriana Costantini, síntesis de sus 20 años en la moda
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Radiante, no sólo por su sonrisa, sino por los accesorios (anillos, broche y hebilla de cinturón con sus iniciales), tras una brevísima sesión de fotos -en su boutique de la calle Echeverría-, Adriana Costantini hace un repaso de los 20 años de su marca. Acaba de abrir un local en Recoleta y otro en el Solar de la Abadía, y está a punto de lanzar su línea de anteojos. "Cuando empecé a hacer ropa pensé que lo haría durante mucho tiempo. Veinte años me parecen mucho por cómo es nuestro país. Pasaron tantas cosas y uno tuvo que tener tanta cintura que la verdad me siento un poco heroína", asegura.
-¿Cómo imaginaste tu marca al principio?
-Nunca quise diseñar para una elite. Mi propuesta era para la mujer común y corriente, a la que le interesaba la ropa de calidad a un precio más o menos accesible. Además, quería estar en boutiques del interior porque sentía que era la manera de que la firma se hiciera conocida.
-¿Qué recordás de los años 80?
-Reinaban las hombreras, las minifaldas y la ropa grande. Era fácil porque con las hombreras lo arreglábamos todo, además había mucho jersey, entonces hacías cuatro costuras y listo. Después empecé con la sastrería y las camisas bordadas, eran tendencia y distinguieron mucho la marca. Las mujeres estábamos arregladas con una camisa y un pantalón...
-¿Y los 90?
-Mi empresa comenzó a crecer, empecé a hacer bijouterie, accesorios, saqué un perfume y lancé la línea de trajes de baño. Siempre aspiré a vestir de pies a cabeza a mi clienta. Por esos años empezó el auge de las marcas con negocios exclusivos y abrí los míos. De 1992 a 2000 llegué a tener 14 locales propios sin descuidar la venta al por mayor, y lancé mi línea de jeans y el sportwear. Así, cuando no funcionaba una pata de la línea funcionaba la otra.
-¿Cómo te adaptaste al minimalismo?
-Yo sufrí bastante porque mi marca no tiene nada de minimalista. Fue difícil pasar a lo liso, al monocolor, costó; pero le buscamos la vuelta. Me junté con gente especializada e hicimos abrigos muy parecidos a los camperones tipo alemanes con ribetes de cuero, piel, gamuza, con una mano de obra muy complicada, pero que eran iguales a los importados.
-Después llegó el 2000, la crisis...
-Y a mí me agarró absolutamente desatenta. Había demasiada irrealidad en el mercado, y bueno... estaba sobredimensionada. Me tomó muy mal. No presenté la convocatoria a tiempo y la empresa quebró. Pero no dejé ni un día de abrir la oficina, la fui cambiando, hasta que en 2001 alquilé esta casa, que resultó ser un nuevo nido que me permitió renacer haciendo alianzas en la producción y franquicias en la comercialización... Ahora tenemos siete locales exclusivos (todos franquicias). Sufrí, pero tuve una segunda oportunidad.
-¿Cómo ves el mercado?
-Está saneado. Hoy se hace lo que se puede, hasta donde se puede y con el capital genuino; la clienta te compra si puede. Por otra parte, la competencia es cada vez más grande porque hay mucho talento, una camada de chicos espectaculares que amo. Eso nos obliga a aggiornarnos y a aprender a cabalgar con ellos. Ir a Palermo es muy divertido, la verdad no tenemos nada que envidiarle a otro país. Eso sí: me encantaría que pudieran sumar calidad a sus diseños. Llama la atención que haya pocos diseñadores que combinen ambos criterios.
-Trabajaste con gente joven y muy creativa...
-Como no me considero una diseñadora, sino una empresaria de la moda, me di cuenta de que tenía que tener a mi lado gente que supiera volcar mis ideas y pudiera sumar las suyas. La experiencia con Carolina Aubele y Pablo Ramírez fue espectacular. Ahora integra mi equipo Elio De Angelis, y espero que esté mucho tiempo. El objetivo es lograr que la mujer de 30 y pico para arriba también tenga su marca, con desarrollo de producto. Para que una marca sea joven tiene que tener sangre joven.
-¿Cómo ves a las argentinas?
-Estamos muy informadas y a la moda. No tenemos la cartera llena de plata, pero somos creativas, nos arreglamos con lo que hay. Si se usa el broche todas tendremos uno, o si es moda el animal print tendremos un detalle, y está bien. No compra para una temporada, sino que combina lo clásico con la tendencia.
-Tres deseos para este cumpleaños...
-Que el país nos siga dando unos años más de tranquilidad; es difícil tener un negocio en serio sin un plan a un año. Que todos mis hijos nuevos, como la lencería, el perfume, la corsetería y los anteojos (a partir de agosto), crezcan. Y un poco de paz y tranquilidad para todos.


