María
Pryor, la diseñadora que empezó su carrera escuchando ópera en el Colón
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Me divertía jugar al espadachín con el hijo del embajador argentino en Rusia
María Pryor es de las que no llegan a la punta de la pasarela cuando salen a saludar después de un desfile (alguna vez dejó plantada a la que lleva el ramo de flores y rinde honores al diseñador). Es tímida, pero tiene un sentido del humor genial. No sabe bien cuándo empezó en la moda, pero sí que hace bastante tiempo... Su padre era cantante del Colón y pasó su infancia entre óperas y vestuarios increíbles. Eso la marcó. Cuenta su historia en su atelier en una vieja casa de Palermo, donde los vestidos en escena reafirman sus dichos: cada uno es como una obra. "¡Hasta sueño con cada diseño", dice Pryor que hoy tiene el pelo coloradón, pero mañana puede virar al violeta o al color que más le pinte. En cuarenta minutos habla de lo que le quita el sueño: la moda.
Acaba de presentar su colección en BAM y en Six O´Clock Tea, que muestra toda su esencia. Bastante teatral (no literal), con diseños elaborados, algo de ayer, mucho de hoy... Viste a chicas, quinceañeras, madrinas, novias y mujeres de fiesta. O de calle. O a soñadoras, como Marta, una clienta que compra vestidos que no usa enseguida o no se pone nunca. "Simplemente, se los lleva", se ríe.
-Un diseñador...
-Creo que el diseñador propiamente dicho es el que recibe la tendencia sin verla. La recibe y la ofrece antes. Ese el verdadero diseñador. No hay 80.000 de ésos. Sí está el que puede recrear. La copia existe en el mundo entero.
-¿Cómo es el trabajo en la Argentina?
-Las manos que construyen ya no se consiguen. Hay un desarme. Existe un diseñador, pero atrás está la materia prima, el que cose, el que corta. Un todo. Pero para lograr ese todo dependemos de las telas que vienen de afuera, de los talleres que no funcionan, de la tecnología que no está..., es casi imposible. Cuando levantás un pedido y todo eso no funciona, vos tampoco funcionás. ¡Es muy difícil! Si querés armar una industria tenés que hacerlo desde adentro. Estamos en al aire. Nos falta el piso. Mi mente vuela. Hay una evolución en las ganas. Ves cosas de lejos que son divinas, pero cuando te acercás... se cae el sueño. Eso sucede y es generalizado.
-¿Cómo es el día a día?
-Tengo un equipo. Lo mío es la alta costura. El grave drama son las telas. En el segmento de calle se me complica más. Fui a Rusia el año último con una línea de calle alternativa, con algodones de seda de la India. Me fue bárbaro, pero no pude levantar pedidos porque no tengo cómo resolverlos.
-¿Que pedirías?
-Que se arme una estructura básica. Por lo menos, que haya elementos. La moda no sólo tiene que ver con el vestidito: incluye zapatos, carteras, cosmética, hasta un mueble. Hombres, chicos, blanco... ¡Te imaginás las fuentes de trabajo que habría si se reactivara la industria! Pero nadie lo entiende. Es como un gran chef..., sin ingredientes, ¿qué podés hacer?
-Tu colección...
-Está inspirada en Rusia. Fui a la Fashion Week, viví en la embajada argentina, donde me trataron mil puntos. Desayunaba con el embajador y su señora, de lo más amable. Con pocos años de democracia construyen y construyen. Me impactó la libertad mental, la mujer es bellísima. ¡Me impactó el Ponete lo que quieras ! Nadie hace un comentario desagradable.
-Estabas en tu mundo, en la Rusia de los zares...
-Totalmente. ¡Y el subte! Bajás por una escalera mecánica que se hunde como diez pisos. Y de golpe, ahí abajo, te encontrás con un museo. No falta nada. Está lleno de colores. Para ellos debe ser normal, pero es maravilloso. Está todo impecable. Los espacios son inmensos. Es otro mundo. Allá se mezcla Chanel con un harapo. Me divertí. Estaba con mi pelo fucsia y usaba medias rayadas y me sacaban fotos, les parecía buenísimo: me sentí bien. El cielo estaba quebrado por cúpulas de colores.
-Y volviste...
-Volví feliz. Pero quieren que vuelva a fin de año. La gran traba para la explosión creativa es la falta de industria. Yo hago todo lo que puedo y a pulmón. Por lo menos intento que cada desfile muestre algo distinto. Cuando lo bajo a la realidad hay cambios desde el área económica o estructural. Pero te encontrás con chicas que tienen el doble de fantasías y son mejores que un desfile. En el desfile no hay condiciones, podés pasar ciertos límites. Podés hacer tu propia fiesta. En cambio, cuando diseñás para otros es la fiesta de los otros.
-¿Cómo son tus clientas?
-Mi público es joven. Mis clientas se divierten. Tengo chicas de 12, de 15, novias y la fiesta que quieras. Evolucionó el tiempo de las mujeres. Las de 40 son de 30; las de 30 son de 20, y así... Las chicas son redivertidas , ni hablar. Tienen libertad. Me matan las novias. Son maravillosas. Tienen mucha personalidad. Entro a un bat mitzvah, veo cómo salen y pienso: ¡Dios mío, qué plata tan bien gastada!
-¿Cómo es tu estilo?
-Una mezcla de ayer, de hoy. Es romántico, muy elaborado. Hay una gran búsqueda no sólo en la tela, sino en la textura, en el volumen, en el corte. Tengo en cuenta el físico. Por eso siempre digo: La fiesta del diseñador es el desfile, todas las modelos son flacas y a todas les queda bien la colección. Después hay que respetar el envase de la persona. Hoy creo que bajó la obsesión de las lolas, las camas solares. Las inspiraciones salen de mi cabeza. Veo libro antiguos.
-¿Cuánto tiempo se disfruta un vestido?
-Desde que te lo empezás a hacer... Esto es como un juego. La fiesta empieza con el traje, lo más cercano a la piel.
-Hay una línea Pryor, marcaste un camino. Hay diseñadores que te siguen.
-Sí, creo que hay gente que está en un camino por el que yo ya pasé...
-Objetivos...
-Mi objetivo es hacer una línea de calle, con diseño. Ahora voy a hacer algo para llevar a Panamá a fin de año. Se tiene que armar una estructura, así puedo trabajar.
-¿Te toca la crisis económica?
-No leo el diario. Creo que bastante problema tengo con mi trabajo... Trato de abstraerme un poco. Creo que la realidad siempre te va a tocar, estés donde estés es imposible que no te toque. Mi filosofía es abstraerme y tratar de evolucionar. La única manera en que se resuelven los problemas es haciendo... Lo terrible es estar parado. Hay que buscar, seguir evolucionando.
Sin corset
- "Hago yoga a la mañana. Cocino mal. Me gusta el cine, la fotografía, leer, encontrarme con amigos, comer. Adoro el mar."
"Abandoné el corset. Antes, cada uno que entraba me pedía el corset. Hoy lo tengo, pero debajo, más cubierto. Llegué un momento en que pensaba: ¡No sé qué más le puedo hacer! Lo abandoné un poco, son etapas..."
"Tengo dos gatos: Gerard y Lady Marion. No los visto, ya vienen vestidos de fábrica. Una vez le compré un collarcito a Gerard con piedritas y todo, y se estaba ahogando con el collar en medio de la boca."
"Cuando me visto, me visto. Me pongo lo que tengo ganas. Jamás largaría los borcegos."
"Parto de la base de que la persona que quiera ser vestida por mí tiene que sentirse atraída por mi estética. Ella me tiene que elegir a mí."
Imágenes
"Cuando era chica me mandaban a la modista, me hacían la ropa. Y yo decía: Me gusta, no me gusta. Tengo imágenes increíbles: ver a mi padre cantando... ¡Guau! Ese fue el pie de mi vida. Primero quise ser pintora. Y pinté, pero quedó ahí. Adoré el óleo y el lápiz. El acrílico era muy rápido, yo tenía que buscar, elaborar... Y por casualidad, en un verano atendí una casa de moda de Ramos Mejía, era vendedora. Así empecé. Me acuerdo que vendían trajes de Elsa Serrano, había un diseño divino. Yo me hacía mi ropa. Siempre corté. Y las clientas pedían lo que yo tenía puesto. Así me largué. Empecé a trabajar para firmas. En 1993 arranqué con mi marca, con ropa de calle."


