Normcore o la moda de vestirse sin moda
La tendencia, que surgió en Nueva York imitando a íconos de los 90, hace furor en las redes sociales. Lo cool es ser igual a todo el mundo
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Hasta hace poco, la moda siempre supuso la paradoja de querer ser único y extravagante en un medio donde todos aspiran a lo mismo. Pero desde fines de 2013, la palabra normcore, acuñada por K-Hole, que se dedica a estudiar y predecir los comportamientos de consumo de la sociedad norteamericana, suena en las redes sociales donde la moda es protagonista. Si antes el deseo más importante era ser especial, normcore propone pasar inadvertido en la multitud mediante el uso de prendas deliberadamente no llamativas, normales, que rozan el mal gusto o directamente la mediocridad. Algo así como lo que se pondría el ciudadano común y corriente, que no tiene ningún tipo de sensibilidad para la moda ni un ápice de elegancia.
Inspirado en íconos del vestir normal como Jerry Seinfeld o Steve Jobs, el normcore arma su look con pantalones pinzados o cargo color arena, camisas grandes por afuera del pantalón, mommy jeans de tiro altísimo y embolsados, zapatillas blancas deportivas, remeras con leyendas de algún lugar turístico, buzos deportivos feos y hasta riñoneras y sandalias Crocs: ropa anodina.
Según el informe de K-Hole, el normcore "busca la libertad que viene renunciando a la exclusividad. Si lo indie era la celebración de la diferencia, lo normcore es la celebración de lo igual". La tendencia, de raíz neoyorquina, se fue filtrando de a poco en el street-style, en parte gracias al retorno a la moda de los 90 que se ve en las calles y pasarelas hace un par de temporadas. Por más rebuscado que parezca, lo cool ya no pasa por ser distinto, sino por la elección consciente de ser igual a los demás.
Actitud antimoda
El normcore no deja de resultar paradójico. Frente a la saturación del mercado y la inundación de imágenes cada vez más estilizadas e irreales, esta actitud antimoda alimenta su propia trampa: la autenticidad del deseo de ser normal no dura más que un instante, porque el sistema de la moda es una máquina imparable que fagocita todo lo que encuentra y lo devuelve como tendencia. Si normcore era una reacción frente al exceso de especificidad de la moda, es la moda misma la que se apropia del normcore y lo vuelve extravagante. Un ejemplo de esto es el furor por las zapatillas New Balance, objeto que de a poco fue invadiendo el mercado hasta convertirse en el último grito de la moda necesario para parecer canchero y especial.
Para Soledad Offenhenden, directora de Visiones Trend Forecasting, "la tendencia normcore es una manifestación de la cultura de consumo como reacción a la sobreintención que suele tener la moda cuando recrea imágenes. Esta contratendencia desintencionada surge para compensar la moda hipster, ya en etapa de extinción". Hay quienes piensan que la fiebre por el normcore está relacionada con una situación de mercado peculiar, en la que la moda es cada vez más inalcanzable y exclusiva. En este sentido, el normcore sería una manifestación de rebeldía por parte de quienes no pueden acceder a ella. Para Offenhenden, "es un fenómeno que nace en las capitales del mundo, extenuadas de las expresiones de la moda, pero que contagia a la periferia como cualquier otra tendencia".
Quienes se imponen este autoexilio como declaración de principios creen que pueden sustraerse a la moda, cosa que se revela falsa al comprender que el normcore se ha vuelto un consumo irónico. En definitiva, ninguna modelo que se vista como una madre suburbana terminará pareciéndose a una madre suburbana, sino que será el epítome de lo cool.
COMÚN Y CORRIENTE. Quienes siguen esta tendencia buscan ropa que sea aburrida, normal, básica: remeras, jeans, buzos, zapatillas. Lo simple manda


