Sobre los roles y la ropa
Análisis sobre la influencia de la profesión en la vestimenta de todos los días
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"¿Los sobretodos de pelo de camello se los dan cuando se reciben?", les preguntó una vez Maitena a dos abogados en la antesala de una audiencia por un juicio laboral. "El abogado de la otra parte, que era el único que no se reía, nos miró a mi amiga dibujante y a mí, las dos con borceguíes, anteojos y camperas de cuero negro... y nos reímos los cuatro", cuenta la humorista.
Qué te pones y te diré quién eres, el famoso dicho popular viene bien para asociar la ropa a cada profesión. Los uniformes de bomberos y policías son signos que no admiten margen de error. Pero, más sutilmente, otras profesiones tienden a adoptar un código común en la vestimenta. Coinciden en esta teoría, además de humoristas suspicaces, diseñadores, sociólogos, asesores de imagen y los mismos profesionales.
Maitena asegura que en su trabajo la ropa juega un papel muy importante. "Muchas veces lo que la persona tiene puesto ayuda a comprender mejor el chiste", explica. De todas formas, admite que apela a estereotipos: "Hay muchos abogados sin corbata y fotógrafos sin chaleco safari. Pero si tengo que dibujar una gerente de marketing, la hago con camisa; si es una arquitecta, con un camperón o con algo bien cómodo; y si es una diva consagrada, con algo peludo (que puede ser un abrigo, un cuello o una estola..., pero también un morocho veinte años menor que ella)".
Susana Saulquin, especialista en sociología de la moda, entiende que las personas que pertenecen a diferentes grupos de trabajo se van mimetizando, porque es la manera más efectiva de transmitir mensajes de persona a persona. "Cada profesión tiene un physique du rol que concuerda con lo que la sociedad piensa acerca del grupo. Los abogados son muy conservadores, las mujeres usan tailleurs y los hombres sobretodos de pelo de camello con echarpe; las psicólogas tienen que ser actuales y originales; las secretarias, discretas, así como el grupo de los profesores y maestros."
Para Saulquin, el mayor índice de creatividad para vestirse corresponde a las personas relacionadas con el arte y el diseño "por aquello de la individualidad que tiende a la afirmación del estilo y a la diferenciación".
Del hábito y la monja
Rosa Benedit, diseñadora, se alinea con esta tendencia. "Por supuesto que pienso que la profesión influye en la forma de vestir, sobre todo en mujeres que trabajan en empresas u oficinas, donde siempre hay, aunque no sea por escrito, un código de vestimenta." Por eso, en las colecciones de su firma, Benedit Bis, muy coloridas y con un estilo particular, suelen encontrarse con el me gusta pero no me animo, por lo que algunas clientas eligen sólo prendas que puedan combinar con jeans o ropa más neutra de trabajo.
Analizando el caso de los propios diseñadores, Benito Fernández se asume como un despreocupado por su imagen, al igual que muchos otros hombres que diseñan para mujeres. "Cuando empecé a trabajar canalicé por ahí la estética y me convertí en un cero fashion victim. Versace también era superaustero y sus creaciones, de lo más coloridas", dijo con una estampa coherente. Estaba en un cóctel con jeans, remera y suéter de hilo.
Y en aquellos casos en los que el atuendo laboral se atiene a una regla inquebrantable, las cosas tampoco son lo que eran, según explica Susana Speroni, directora del Museo Nacional de la Historia del Traje. "Históricamente, siempre hubo señales que denotaron las profesiones. Pero todo se fue actualizando. Las azafatas usaban trajes de Pucci y Balenciaga, y los médicos, que andaban de blanco, cambiaron el delantal por pantalones y casacas en celeste, rosa o verde."
El arquitecto Marcelo Vila hace las observaciones en su campo y descubre cambios en los paradigmas que rigen el look de sus colegas. "En los años 70 y 80, el arquitecto era movilizado por cuestiones culturales y adoptaba un aire intelectual, con barba y pipa incluidas. En los 90, la ropa cumplió la función de aparentar y el profesional aspiraba a ser visto como un hombre de empresa, con prendas de grandes firmas. En cambio, a comienzos de 2000, hay una revalorización de lo natural y lo autóctono, e importan más las texturas que el color", relata.
De todas formas, el hombre que le cambió la cara a Puerto Madero se describe como amante del buen diseño, por lo que prefiere vestirse con firmas creativas y jóvenes, y hace sus compras por Palermo Viejo.
También las generaciones influyen en la forma de vestir dentro de una misma ocupación. Así lo ven las psicólogas Luciana Gagey, recibida hace dos años, y su madre, Adriana Berini, que se retiró hace 27. Crítica, Gagey dice: "Por lo general hacen malas combinaciones y hay una tendencia a la exuberancia, mezclada con olor a cigarrillo y mucha pintura o poca, pero desprolija. Una combinación entre alternativa y hippie, que oscila entre lo formal y lo informal". Por el contrario, la voz de la experiencia menciona que con el tiempo en el consultorio gana el business attire.
El campo tiene en cambio una impronta muy clara. En la última edición de la Rural se vio la flor y nata de la indumentaria neogauchesca: loden, camperas enceradas, cuentaganados, mucho carpincho y pañuelos al cuello. Pero el vicepresidente de la institución, Hugo Luis Biolcati, asegura que los hombres de campo aprecian el buen vestir y la elegancia de lo clásico. "A las reuniones en la ciudad los productores vienen con traje y corbata. A lo sumo se ven hebillas de cinturón más trabajadas, y los más conservadores usan pañuelo", comenta.
"Hasta hace unos años la publicidad marcaba lo que usaba tal personaje incitando a la imitación. Actualmente la imitación se hace dentro del grupo profesional, a partir de la imagen de la mujer u hombre más carismático, sin correlación con el lugar jerárquico que ocupe", concluye Saulquin.
María Paula Zacharías
Algo así como el packaging
"Seguramente los ejecutivos de éxito decodificaron intuitivamente qué packaging los fortalecía en su crecimiento. Pero para aquellos que apenas están empezando y buscan un posicionamiento estratégico, sepan que la vestimenta tiene una importancia relativa alta", dispara Clara Doblas, especialista en asesoramiento de imagen para ejecutivos y empresas.
Según explica, el vestir es un poderoso mensaje. Y pregunta: "Si hay dos hombres de traje, uno azul y otro marrón, ¿a cuál de los dos atribuye una mejor ubicación dentro de la empresa? Seguramente al de azul". Por eso, deja una máxima para todos los profesionales: "Vestirse no para el trabajo que realiza hoy, ¡sino para la posición que quiere ocupar mañana!" Y recomienda aprovechar liquidaciones para armar lo que llama "un guardarropa corporativo", que debe ser de muy buena calidad.
Para las mujeres de negocios, estilo tradicional: discreción es la clave al elegir los tonos, las texturas y los diseños. Recomienda tailleurs o conjuntos de pollera y blazer con camisas. Vestidos clásicos (Jackie es una excelente opción). Largo de pollera a la rodilla o un poco más abajo. Pantalones, eventualmente y sólo como parte de un traje. Poca bijouterie, sobria y de buena calidad.
Para profesoras, consultoras, agentes inmobiliarios, médicas y otras profesionales, estilo: mix de know-how y buena llegada a diferentes audiencias, por lo general muy diversas. Pollera y blazer o spencer (no traje), vestidos y conjuntos con géneros texturados o con dibujos sobrios. Suéteres finos, twinsets. Pashminas para dar carácter a un vestido liso. Más información: www.claradoblas.com.ar


