
A dos siglos del Telégrafo Mercantil
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DESDE hace doscientos años, las prensas están dando ininterrumpidamente a luz el testimonio pertinaz, a veces dificultoso y siempre comprometido, del periodismo argentino. El 1º de abril de 1801 apareció en esta ciudad el número inicial del Telégrafo Mercantil, rural, político-económico e historiógrafo del Río de la Plata,nombre largo y significativo que ostentó el primer periódico impreso de nuestro país.
Mucha agua pasó a partir de entonces, en una sucesión de intensas jornadas de gloria y de frustración, de etapas fecundas y otras decepcionantes, en cuyo transcurso las realizaciones del periodismo no han sido demasiado distintas a las del talante de las sociedades a las que acompañaron. Pero la vocación de secundar la causa del bien, de la prosperidad y del esclarecimiento de las comunidades argentinas ha tenido múltiples expresiones a lo largo de estos dos siglos. Organos de todo tipo y de toda tendencia se han ido escalonando en ese lapso, unidos a menudo en la coincidencia de entender al periodismo como una clara opción de beneficio público, siendo éstos, tal vez, los principales galardones que puede reclamar nuestra actividad.
Los desvíos, las claudicaciones, están en todas partes y también en el ámbito periodístico y, como se sabe, arrojar la primera piedra suele ser más una decisión vinculada con la soberbia que con la verdad. El propio Francisco Antonio Cabello y Mesa -español que fundó y dirigió el Telégrafo Mercantil- fue un hombre por varios motivos discutido y discutible. Muchas cosas pudo no tener en claro, pero sí lo tenía a propósito de que informar es formar y de que la misión del publicista es la de ilustrar, perfeccionar y volver coherentes los anhelos del común de la gente; asimismo, de que en la opinión radica la razón de ser del periodismo.
Una de las funciones de la prensa ha sido avivar el fuego de la cultura, hacer que sus llamas calienten el alimento esencial para el sustento de la vida colectiva. Pese a su precariedad de medios y a la profunda aspereza de aquel entonces, el primigenio periodismo argentino cumplió cabalmente con esos objetivos, a la vez que se constituyó en un elemento impar de estímulo al afán de conocimiento, a la noble emulación de las aptitudes creativas, a la abnegación cívica.
La fuerza de esos ejemplos no se ha diluido con el paso de los ajetreados tiempos repletos de obras y de desencuentros que nos separan de aquellos momentos liminares. La independencia, las guerras civiles, la organización nacional, las cíclicas crisis del siglo XX, no han modificado, en lo sustancial, los objetivos asumidos por el periodismo desde su mismo origen, aunque a lo largo de su historia haya exhibido aciertos y errores, luces y sombras.
El periodismo dispone hoy de portentosas posibilidades de acceso a la información y de una capacidad de difusión susceptible de actuar en forma hasta agobiante. Por contrapartida, el público que se nutre de él dispone, ante los mensajes que recibe, de una inmensa variedad de opciones, de una eventual libertad de juicio que se hubiera tenido por fantasiosa en otras épocas no lejanas.
Sin duda el escenario del periodismo ha cambiado y se ha diversificado al extremo, con consecuencias culturales, sociales y económicas que en buena medida todavía no han terminado de manifestarse. Debe quedar en claro, sin embargo, que el contrato sustancial entre él y el público no ha cambiado en lo básico. Por el contrario, ahora igual que antes, el sobreentendido fundamental de que no es moralmente legítimo engañar ni manipular, que se debe procurar el bien general y que éste no puede ser contrario a lo honesto y a lo racional, sigue siendo un principio universalmente aceptado.
Rescatar la continuidad entre el primer periodismo argentino y su azarosa y ardua tradición equivale a reconocer la existencia de un mandato histórico que debe ser cumplido, en este caso en favor de la cohesión y la consolidación social. Esa es la función del periodismo y así lo entienden -y así lo han entendido siempre- quienes en la Argentina supieron ejercerlo para servir a la sociedad.





