Adelante radicales: hora de entrenar
La UCR saca músculos en sus internas: ya votaron en Córdoba; hoy en provincia y ciudad de Buenos Aires
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Comentábamos en esta columna el domingo pasado los esfuerzos de Miguel Ángel Pichetto por sacar adelante un hasta ahora inédito “peronismo republicano” en contraposición al hegemónico, que históricamente fue su versión más exitosa.
Pero ¿el “peronismo republicano” no está ya inventado? ¿“Derechos+República” no sería acaso una buena síntesis del ideario de la Unión Cívica Radical?
Los radicales, una de las patas del trípode que junto con Pro y la Coalición Cívica conforman Juntos por el Cambio, miran las elecciones de este año y de 2023 con expectativas, pero de manera orgánica. Fieles a la historia del partido creado por Leandro N. Alem, dirimen en sus periódicas convenciones los pasos a seguir en las antípodas del peronismo, en el que solo resuelve el “dedazo” del líder de turno. Por mucho que les pese a los kirchneristas, siempre dispuestos a “abducir” radicales que solo se doblan y nunca se rompen (como Zamora, Moreau y Santoro), desde la cumbre de Gualeguaychú, en 2015, que resolvió el ingreso de la UCR en Cambiemos, en las siguientes convenciones se viene ampliando la decisión de seguir integrando esa coalición.
Son conscientes de que los frentes, con sus lógicas diversidades y matices, resultan indispensables para conquistar el poder (el último que lo hizo en la Argentina en nombre de un solo partido fue Raúl Alfonsín, en 1983, con la emblemática “Lista 3” de la UCR).
Salvo en aquel año, cuando David Ratto y otros cráneos publicitarios armaron una eficiente y atractiva plataforma comunicacional para instalar a Alfonsín, clave para hacerlo más conocido y contribuir a su triunfo, los radicales son bastante quedados para expandir sus ideas urbi et orbi. Mínimo, les falta un refresh y archivar la naftalina.
Pero como el sol, que siempre está aunque esté nublado, los radicales también están, aunque a veces no hagan suficiente bandera con sus logros. La vuelta a clases, que capitalizó como triunfo el macrista Larreta, partió de una idea previa de los radicales, que fogonearon en las redes al grupo Padres Organizados; Adolfo Rubinstein es una presencia mediática de consulta permanente en tiempos de Covid ,y en Formosa son varios los dirigentes radicales in situ que han tomado la posta para reclamar derechos al feudo de Gildo Insfrán.
Ahora mismo vienen sacando músculo electoral en sucesivas elecciones internas distritales: la semana pasada en Córdoba; hoy, en la provincia de Buenos Aires (Gustavo Posee vs. Maximiliano Abad) y también en la Capital Federal, aunque solo elegirán autoridades locales en las comunas, pero no delegados a los cuerpos nacionales, a pesar de los pedidos formales en tal sentido, incluso judiciales. Los “dueños” del partido en la ciudad de Buenos Aires son Coti Nosiglia y Emiliano Yacobitti, que temen ser desbancados si los afiliados votan por el sector Adelante Ciudad (integrado, entre otros, por Beto Brandoni, Jesús Rodríguez, Ricardo Gil Lavedra y Adolfo Rubinstein).
Eso también tiene que ver, en parte, con lo que algunos radicales llaman con sorna “Sportivo Lousteau” (en alusión al senador Martín Lousteau), un resbaladizo libero de la política argentina al que le encanta cortarse solo y que pasó de ser ministro cristinista, autor de la controvertida resolución 125, a disputarle la plaza capitalina a Cambiemos, que a la larga terminó integrando, pero sin renunciar a seguir siendo el chico rebelde de la política argentina, inorgánico por naturaleza, lo que lo hace imprevisible y lábil en materia de lealtades. ¿Aspira a suceder a Larreta como jefe de gobierno porteño o apunta ya directamente a la Casa Rosada para 2023? Por mutua necesidad, Nosiglia/Yacobitti y Lousteau mantienen una alianza: aquellos cuentan con una plataforma de poder que requiere de un candidato y Lousteau busca un soporte partidario que lo contenga. En Córdoba a este tándem le ganó por poco la alianza entre Mario Negri y Diego Mestre, que apoyó a Marcos Carasso. Hoy será el segundo round. Hay un tercero en discordia que se corta solo: Daniel Angelici.
Macri dijo que JxC irá a una gran interna para elegir a su próximo candidato presidencial. Y el radicalismo aspira a ser muy competitivo cuando llegue ese momento. Pero antes de eso, la UCR busca optimizar lo que falló en la experiencia 2015-2019 cuando el timón de la gestión gubernamental estuvo en exclusivas manos de Pro (un radical de notable trayectoria dice en off que el argumento de que el gobierno de Macri contó con un par de ministros de la UCR se parece al del “tengo un amigo judío” para demostrar que no se es antisemita). Hay radicales que aún no perdonan que Rogelio Frigerio y Emilio Monzó le hayan concedido a Sergio Massa introducir a su gente en el Consejo de la Magistratura y en la Auditoría General de la Nación, facilitando así los planes actuales del ultrakirchnerismo, que busca arrasar con todo con tal de dejar “libre de culpa y cargo” (dixit Martín Soria, flamante ministro de Justicia) a la supervicepresidenta Cristina Kirchner.








