
Agoreros
"¡Que se terminen los agoreros de siempre, que dicen que si no hacemos lo de ellos nos caemos! ¡Minga! Vamos a hacer una Argentina con lo nuestro."
(Del presidente Kirchner, en alusión al FMI.)
Cuando alguien nos dice: "Feliz año nuevo, pero lo dudo mucho", estamos frente a un agorero de siempre. Enérgicos, debemos contestarle: "°Minga! Vamos a hacer un 2004 con lo nuestro", es decir que construiremos un año dulce como el dulce de leche, jugoso como el asado, brioso como potro pampeano y enhiesto como el Obelisco. Por amargo, dejaremos de lado el mate, aunque no las tradicionales boleadoras, con las que, al grito de "°Ahijuna!", demostraremos a nuestros adversarios que no nos asustan. Entonces los agoreros dejarán de ladrar y se irán con la cola entre las patas. Si al gruñir dicen "Krueger, Krueger", sabremos que pertenecían al Fondo Monetario.
Por desgracia, no son los únicos agoreros. El éxito de las predicciones negativas nos ha infectado. Hoy todas nuestras oraciones llevan conjunciones adversativas, al punto de habernos transformado en "perodistas", sin la "i" y con perdón por el neologismo, a la manera que sigue: "La actividad económica ha crecido, pero este crecimiento no se sostendría a largo plazo", "Bajó el índice de desempleo, pero todavía quedan cinco millones de desocupados", "Se ha denunciado un nuevo hecho de corrupción, pero al final no va a pasar nada", "Boca trajo la Copa, pero sólo ganó por penales". La sombra del futuro ennegrece el presente, como en una baguala. Se quiebra el ritmo regular de la alegría, como en una chacarera trunca.
Hay agoreros por todos lados. El vecino de al lado de casa me tiene harto con su talante escéptico, y planeo una pequeña venganza. Instalo frente a su mansión un arsenal de rompeportones y petardos, decidido a dificultarle el sueño. Cuando me encuentro a punto de hacerlo, se asoma a la ventana y masculla: "Hum... ésos son nacionales; no creo que estallen". Tiene razón, pero (esta vez sí, pero) dados el nivel de mi enojo y mi humor excepcionalmente violento el hombre obtiene su ración de explosiones, estrellas y fuegos de artificio. "Ya se va a arrepentir", vaticina todavía, mientras marcha rumbo al hospital más próximo, a paso lento.







