
"Al Presidente no le interesa Tinelli, ni su humor es tema prioritario"
El verborrágico vocero del Gobierno dice que no busca la solemnidad, sino la seriedad en el tratamiento de los temas oficiales
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¿Cuál puede ser la peor pesadilla de un vocero del gobierno? Pelearse con los medios.
Le ocurrió esta semana al casi recién asumido subsecretario de Medios, Juan Pablo Baylac: cuestionó el humor político y, en particular la imitación de Fernando de la Rúa en el programa "Gran Cuñado", de Marcelo Tinelli (una parodia de los reality show donde los personajes son políticos argentinos famosos).
Baylac, que parece sentirse cómodo en la polémica, ha decidido retirarse del asunto sin resignar banderas.
Acepta dar por concluido el debate, pero, fiel a su espíritu guerrero, se retira disparando no sólo sobre los humoristas, sino también sobre los opinadores "serios" que conviven con el humor.
Verborrágico como siempre, pero más cuidadoso, Baylac recibió a La Nación en su despacho del primer piso de la Casa Rosada. Llegó preparado.
-Te quiero leer una cosa que quiero decir: "La importancia de la televisión en las sociedades actuales radica en que ésta se constituye en el principal agente socializador de los chicos y jóvenes, y en la sociedad posmoderna de nuestros días se encuentran sobreexpuestos a ella. Por ello la futura cohesión de los integrantes de la sociedad estará íntimamente relacionada con la calidad de los contenidos de los programas educativos, informativos y de entretenimiento, como así también en la publicidad que influye en los hábitos de consumo de la población y que peligrosamente en algunos casos modifica su contenido. ¿En qué afecta a la sociedad este fragmento de programa de televisión? Y la respuesta que encontramos tiene dos direcciones: por un lado, se está agrediendo y lesionando a la institución democrática de nuestro sistema político, la figura del presidente de la Nación, encarnada en la persona de Fernando de la Rúa, y esto, hay que reconocerlo, es un comportamiento que trasciende al programa en cuestión. Se ha transformado en un mal endémico de la sátira televisiva y gráfica desde hace ya mucho tiempo en nuestro país. Nos parecen igualmente reprochables los hechos del pasado como del presente". Lo quise sintetizar para tener precisión en una respuesta de adónde apunta el contenido de esta discusión. Porque me hicieron una crítica de que yo hablaba mucho y no decía cosas.
Cuando se insiste con satirizar o cuestionar aspectos particulares de personas o situaciones lo que se hace es esconder o menospreciar aquellos caracteres que por su naturaleza de virtud no pueden ser llevados a este extremo. Por ello es que mostrar en exceso sólo una parte de esa realidad implica manipular a través de ocultar mostrando.
-¿Está promoviendo de alguna manera la autocensura?
-Lo niego terminantemente, lo que quiero es que haya equilibrio entre la acción del humor de la prensa y la responsabilidad. El concepto que abona la idea es algo que el propio De la Rúa me hizo leer y que puede ser bien adaptada a estos tiempos que es cuando Pablo sostenía en la Biblia que la autoridad existía por delegación de Dios y el sometimiento era porque era Dios y eso convivió en la historia de las ideas, digamos lo que fue la teocracia, lo que justificó que los reyes tuvieran poder divino. Luego vinieron las teorías más democráticas que hicieron que ese Dios fuera más humano y es el pueblo el que inviste a un individuo para que tenga poder. Por lo tanto, el perfil de la discusión esta vinculado al límite del respeto a la investidura porque es una institución y cuando ésta se degrada se degrada la autoridad, y una sociedad sin investidura, sin autoridad, termina en la anarquía. Un ejemplo fácil de encontrar en estos días es lo de General Mosconi en Salta, donde al no existir la autoridad política que contiene el mal de la sociedad, es casi una asamblea de demandas la que gobierna, y se convierte en anarquía. Esta es la discusión, no es Tinelli. Tinelli no va a tener por parte del Gobierno ni del Estado ninguna acción que cercene el manejo libre de sus programas y de sus decisiones.
-Desde Raúl Alfonsín, la figura presidencial se "secularizó" y se eliminó la figura del desacato. ¿Cree que esta tendencia es peligrosa?
-No. Alfonsín, que fue constructor de la democracia, se ganó ese derecho en el ilusorio colectivo de la sociedad. Tanto que Alfonsín no pierde por las condiciones de la democracia, sino por la falta de bienestar que la población advirtió en su gobierno. Carlos Menem no tenía respeto por su investidura porque, si no, nunca se hubiera subido a una Ferrari, ni se hubiera puesto corbatas amarillas, ni hubiera jugado al fútbol con las marcas registradas de vehículos ni hecho propaganda de determinados bienes. A Menem le daba lo mismo recibir al rey de España, al presidente de los Estados Unidos, a una modelo. El nunca tenía una visión de conformar una sociedad democrática, él quería formar una sociedad menemista. Miraba más a México que a Suiza, Francia o España. De la Rúa vuelve otra vez sobre los mecanismos que construyó Alfonsín, con otra personalidad, con otro estilo, pero vuelve a la seriedad. Por eso De la Rúa parece, quizás, el más protocolar de todos los presidentes. Y por eso impacta tanto su presencia alguna vez en un programa que trajo tanto debate. Porque no es su estilo, porque no es lo que espera la gente. Ese señor presidente no puede aparecer en tantos programas torpemente dibujado, caricaturizado, sin ninguna virtud. Es el presidente que elegimos millones de argentinos. Y además ni siquiera hay un respeto mínimo a los símbolos patrios, porque podrían hacer la caricatura sin poner la banda, y en todos los programas, porque no es solamente en éste.
-Pero el registro del humor es el de la ficción: nadie espera informarse mediante un chiste. ¿Por qué acusarlo de que oculta verdades si es una ficción?
-Una cosa es que el humor provenga del emisor, que puede ser el cómico, y otra cosa es que vos caricaturices o hagas una obra de teatro donde casi lo vinculás directamente con el personaje. En realidad, las obras de teatro no son con personas que imitan; son personas que hacen el personaje. Y acá hay personas que imitan e imitan determinados comportamientos que se asemejan, diría, al titular ocultando virtudes.
-¿Pero la tradición del humor político en este país no tiene esta característica: la caricatura de personajes públicos?
-Yo a Nik lo quiero mucho. No estoy pidiendo que me haga ningún dibujito. Porque en el anterior gobierno dicen que se peleaban por seducirlo para que les haga un dibujito. A mí me parece que lo de Nik es altamente inteligente, pero sobre un receptor que tiene una alta conciencia. La televisión llega a protagonistas que por mil razones no tienen esa conciencia. Jóvenes, chicos, personas, mi hija de 15 años ve Tinelli o ve Televisión Registrada. No es lo mismo ese dibujo que está apreciado por quien tiene el deseo de la lectura que un impacto de un movimiento de una caricatura de un personaje.
-¿No cree que aun este público más amplio puede discernir entre la ficción y la realidad? ¿Entre sus noticieros y esta ficción?
-Parecería que hay preocupación en los psicólogos sociales y en los psicólogos juveniles de que mucho de los contenidos y entretenimientos que la interacción de la pantalla produce han provocado comportamientos apreciados como peligrosos en algunos sectores de la sociedad con un alto sentido del conocimiento. Juegos y entretenimientos que provocan violencia en los chicos, o películas o episodios que traen imitación en los chicos. Da la sensación de que no es un dato menor. Ni soy productor de televisión ni soy crítico de televisión. Soy un político. Y esa preocupación la tengo, lo que no significa que la solución sea la censura. Yo tengo la seguridad de que a la sociedad no hay que subestimarla. Y como no hay que subestimarla, yo planteo el debate en la sociedad.
-Estaría más contento si estas expresiones tuvieran menos rating . ¿Es esto?
-Sí, por supuesto. Van a tener menos rating. Porque finalmente el personaje agota.
-Entonces, ¿por qué preocuparse?
-Pero si yo no tuve preocupación. Le debo haber servido mucho a Tinelli. Le he hecho ganar más rating y habrá más auspicios y más ganancias en el programa. Pero a mí lo que me interesa no es Tinelli. Al Presidente no le interesa Tinelli. Lo que le interesa es que la sociedad debata sobre esta función de los medios de comunicación, la sociedad civil, la autoridad, las instituciones. No es el tema prioritario de la gente.Y tampoco el humor de Tinelli es el tema prioritario del gobierno. Digo esto para salvar todo tipo de episodio ya que algunos me han titulado "el Apold del radicalismo", que son en verdad gente que no quiere conocerme o que quiere injuriarme, porque en verdad yo no vengo con esa idea a este gobierno.
-Si quiere seriedad, ¿por qué reclamarla a los humoristas?
-Pero si yo no invoqué a los humoristas. Si precisamente lo que estoy invocando es que en el otro aspecto se hablan tantas cosas que no tienen nada que ver... A ver, los principales opinólogos de la Argentina, ¿qué tienen? Imitadores al lado, que entretienen.
-¿Por ejemplo?
-Pero todos. Todos los programas tienen un imitador de De la Rúa, de Bernardo Neustadt, de Graciela Borges. No quiero inducir ni imputar a nadie, no es que a mí me preocupe y además está bien porque una persona agobiada sin laburo o con laburo que escucha radio también tiene que tener humor y me parece fantástico, pero también eso genera un espacio poco serio para el debate.
-¿Ve en esta clase de humor una intencionalidad política?
-No, yo no puedo adjudicar intencionalidad política, porque entonces sí estaría yo procediendo a limitar.
-¿Por qué es tan débil la autoridad presidencial en este momento?
-No, no es porque sea débil la autoridad presidencial, sino porque es fuerte la demanda social, es importante la insatisfacción de vastos sectores y otros que tienen incertidumbre, y por eso la tarea del Gobierno tiene que ser tan expresiva como para garantizar certezas, como para afirmar comportamientos, como para imprimirle seriedad al análisis de la situación de la Argentina.
-¿No es el humor una forma de catarsis de ese malhumor social?
-Yo no soy psicólogo.
-Hablo de una situación política: hay descontento en la sociedad. Esto también se expresa a través de estas formas artísticas.
-Pero nosotros no apelamos a la solemnidad, apelamos a la seriedad.
No va más
Fue inevitable consultarlo a Baylac sobre su relación con Ricardo Ostuni, el vocero personal de De la Rúa.
-Hubo un matiz de diferencia entre su posición y la de Ricardo Ostuni. El dice: "Yo prefiero que todo siga así..."
-Y yo también. Ostuni coincide conmigo en que tiene que haber un debate. No hay diferencias. No hay diferencias en el Gobierno. Y creo que esas diferencias desaparecen porque no va a haber más emisión respecto de este tema por parte del Gobierno porque nosotros también nos vamos a limitar, para que el debate siga en el ámbito que tiene que seguir.
Perfil
- Juan Pablo Baylac nació en 1950 en Bahía Blanca, es divorciado y padre de tres Marías: de los Milagros (de 23 años), Cecilia (de 21) y Paula (de 15). Se recibió de abogado, especializado en Derecho Civil y Administrativo, en la Universidad Nacional de La Plata (1973).
- Trabajó de 1968 a 1982 en la asesoría letrada de la policía bonaerense. "Nunca conocí a Camps", se defiende. Atribuye todas esas acusaciones y un viejo pedido de informes en Diputados sobre su presunta delación de un correligionario radical ante el gobierno militar a su enfrentamiento con el ex secretario de Lucha contra el Narcotráfico Alberto Lestelle, que lo ha querellado por calumnias e injurias. Baylac fue uno de los más duros críticos de Lestelle durante su gestión.
- Entró en la UCR en 1972 y luego al Movimiento de Renovación y Cambio. Fue concejal de Bahía Blanca en 1983, diputado provincial en 1985 y diputado nacional en 1989. Desde entonces renovó tres veces un mandato que aún retiene: asumió la subsecretaría de Medios del gobierno, pero sólo pidió licencia en la Cámara.
- Niega que Raúl Alfonsín haya objetado su designación. "Me desmintió que me haya impugnado", asegura. También hizo la consulta en su bloque y nadie hizo objeción alguna, aclara.
- En cuanto a su distanciamiento de Federico Storani, Leopoldo Moreau y Juan Manuel Casella, sus referentes en la UCR bonaerense, observa que las diferencias nacieron con el gobierno de la Alianza, que él decidió defender, dice, y los otros no. "A mí, el Presidente me sigue brindando confianza en lo personal y en lo político."






