
Amistad cívica, una política del encuentro
Para que las frustraciones y las derrotas, así como otras experiencias sufrientes, se conviertan en aprendizajes reparatorios y renovadores, el instinto de vida -o, directamente, el amor- tiene que superar el equipaje destructivo que se traduce en un rencor intenso y una venganza que no resuelve el núcleo traumático.
Debemos condenar lo condenable, por supuesto, pero si luego el odio y la insensatez consumen al otro y a uno mismo, la inteligencia sanadora cede su lugar al letargo.
¿Cómo se refleja esto en la vida social y en la política cotidiana?
En este sentido, hay un concepto que puede ser elocuente: la amistad y su extensión, la amistad cívica.
Lo amistoso incluye atributos como la generosidad y la solidaridad. El amigo es aquel a quien se elige para confiar, acompañar en momentos difíciles, y aquel que me ayuda a ver y aceptar lo que no puedo y muchas veces no quiero ver; por lo tanto, a ser autocritico. Me acerca a mi autenticidad.
Se trata de un lazo de amor. Un vínculo privilegiado en el que convergen diferentes sentimientos, como la confianza, la protección, la compañía y el amparo. Aleja la soledad en su versión más angustiante.
Muchas veces creemos equivocadamente que el secreto es acumular y que ofrecer empobrece. Suponemos que el dar es una actividad trabajosa y cansadora, y que pedir es vergonzoso.
Con la amistad aludimos también a la empatía. Por eso es una resonancia común tan importante a nivel grupal y colectivo. Y es respaldo frente a sufrimientos y dolores. La amistad, como decía un poeta, no es tan difícil de obtener; lo difícil es preservarla después.
Por lo tanto, debemos trabajar sobre ella, evitar que languidezca y derive en desilusiones y quiebres. Muchas veces las frustraciones desaniman, distancian y terminan en la violencia. No olvidemos que amistad, dignidad y autoestima son un trípode que se potencia de un modo elocuente y que permite el ejercicio de un vivir mucho más rico.
Entonces aparece un primer reflejo en nuestra relación diaria con el prójimo, en singular, y con el grupo o el colectivo social. Me refiero al diálogo, que implica respeto por la diversidad, permeabilidad para que el aporte del otro me nutra y una disposición sincera a ofrecer. Como sabemos, no solo la coincidencia nos reúne y alimenta. Tal vez la integración de los diversos resulte muchas veces la llave.
El otro punto reflejo es la frecuencia con que hablamos de alternancia, tanto en el rol dirigencial como en materia política. La alternancia solo tiene valor si el que vuelve lo hace para, siendo quien era, pueda ser también otro. La alternancia no es repetir, sino recombinar, producir novedad. Como Ulises, que cuando retorna a Ítaca luego de veinte años, es él y también ese otro que llegó a ser. De esto se trata la innovación y, más aún, el vivir creativo. En esto se sostiene el crecimiento, desarrollo y progreso de una sociedad. De esto se trata finalmente el existir humano.
Psicoanalista, dramaturgo y actor






