
"¡Andá a lavar los platos!"
Hernán Casciari Para LA NACION
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Con lo bien que veníamos... y apareció Hugo Gatti. En España se cree mucho en un tópico no demasiado real: que los jugadores de fútbol argentinos tienen algún don especial para la palabra, la sensatez y las ideas. Lo cierto es que ha habido casos aislados pero contundentes (Juan Pablo Sorín, Fernando Redondo y, sobre todo, Jorge Valdano) que demostraron esas dotes, pero la gran mayoría pasa desapercibida en todas las conferencias de prensa. Sin embargo, prendió la fama de la oratoria y a estos jugadores los utilizan mucho (cuando se convierten en ex) como comentaristas deportivos. De este modo, la jerga coloquial española se ha visto salpicada por argentinismos. Hace unos días escuché en la televisión decir que tal jugador era "tribunero", por ejemplo. Si el espectador español entiende ese neologismo surgido en la Bombonera ha sido gracias a Gustavo López, Angel Capa, el Mono Burgos o el propio Valdano, todos alguna vez comentaristas de televisión. Y también, desde hace años, Hugo Orlando Gatti.
Hace diez días el ex arquero de Boca (al que aquí también llaman "el Loco") consiguió borrar de un plumazo cualquier creencia o leyenda de que el futbolista argentino maneja con soltura la palabra, las ideas y la sensatez. Toda el sacrificio -¡de años!- realizado por Valdano, Sorín o Redondo, a la basura. ¿Qué hizo Gatti? En el fragor de un debate futbolístico entre varios integrantes de un panel televisivo, le propuso realizar tareas del hogar a una chica periodista. "¡Andá a lavar los platos!", le dijo, interrumpiendo su opinión sobre un penal no cobrado. Se hizo entonces un silencio atronador, y después no hubo forma de frenar el repudio de toda la sociedad bien pensante. La noticia pasó a los periódicos, a los informativos, a Internet. Hubo revuelos y pedidos expresos de levantar cargos por violencia de género. El ex arquero salió al día siguiente a pedir perdón, pero ya era tarde. Las imágenes se multiplican estos días en YouTube, y las críticas a Gatti en las redes sociales son unánimes. Porque además no se quedó en eso Hugo Orlando: cuando sus colegas de la televisión, para salvarlo, explicaron a la audiencia que se trataba de "una broma del Loco", Gatti los interrumpió con un "¿cómo, broma?", y se despachó con más epítetos tangueros que al español le molesta oír: "Lo único que falta es que las mujeres también hablen de fútbol", o "la mujer genéticamente no nació para este deporte, o "cuando las criticás se ponen a cacarear como gallinas".
Gatti se expresó de una forma que el español medio considera aberrante y machista. Mucho más aberrante y machista que la tendencia ibérica de contratar a mujeres jóvenes -siempre hermosísimas- para hacer comentarios sobre fútbol con conocimientos básicos sobre el deporte, y sin un ápice de sabiduría intrínseca. Esto no es machista. Machista es que Gatti mande a una de ellas a lavar los platos. En la Argentina hubiera pasado desapercibida esa afrenta populachera, pero en España hay una hipersensibilidad respecto del machismo que -en cuestión de horas- hundió a Gatti para siempre. Y con él, a la leyenda futbolística de la oratoria argentina.
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