
Andrei Vazhnov. "En un mundo de tecnología disruptiva, las buenas políticas públicas van a ser más necesarias"
Físico y experto en innovación, cree que el ritmo "exponencial" del avance científico demandará gobiernos "fuertes y eficientes" que encaren políticas distributivas a escala nunca vista
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Autos que vuelan, personas que viven cientos de años, casas y órganos humanos que se "imprimen" en cuestión de horas: si una décima parte de las predicciones de las que habla el físico ruso Andrei Vazhnov se cumplen en las próximas décadas, no tiene mayor sentido que estemos discutiendo sobre reservas, tipo de cambio, cláusula RUFO u otras cuestiones de la coyuntura. El nivel de cambios que se aproxima será tan grande que, en perspectiva, la realidad actual pierde relevancia en relación con la agenda que se viene.
"Vivimos una época de tecnologías y avances científicos con crecimiento exponencial", dice Vazhnov. Y agrega: "Esta tendencia siempre existió, la diferencia es que los saltos ahora son cada vez más rápidos". Para el científico, las disrupciones en el mercado de trabajo, en las empresas y en la economía en general demandarán gobiernos fuertes y ágiles, porque serán indispensables acciones de coordinación a gran escala y políticas redistributivas de un volumen nunca visto.
En la semana de la entrega de los premios Oscar, los 40 años de vida de Vazhnov bien pueden rivalizar con el guión de cualquiera de las películas nominadas. Nació en Omsk, Siberia, una ciudad del tamaño de Córdoba, que fue la capital de Rusia entre 1918 y 1920. Vazhnov era un niño prodigio, muy inquieto, y el gobierno de la entonces Unión Soviética lo becó para ir a estudiar a Moscú. Al terminar su carrera de físico, se instaló en los Estados Unidos, donde trabajó en Wall Street: entre 1997 y 1999 (en plena crisis financiera de su país) fue en el banco de inversión Goldman Sachs un quant, como se denomina a los genios matemáticos que emplean las entidades financieras.
Terminó en Harvard un posgrado en políticas públicas y se fue a trabajar de programador a la costa oeste.
Vino a Buenos Aires porque está convencido de que "el clima es uno de los principales determinantes de la felicidad" (y le gusta la temperatura porteña), y además porque es un fanático de la música latina: subió a YouTube el tutorial más exitoso sobre "introducción al ritmo de salsa", con unas 100.000 visitas.
Habla con fluidez ruso, castellano e inglés, y está estudiando chino, francés y portugués. Su método de aprendizaje rápido: adquiere los idiomas a través de algoritmos de programación. Escribió un libro sobre impresión 3D, asesora a distintas empresas en temas de innovación, dio una charla TED y es director académico del Instituto Baikal, un centro en el cual se discuten temas de la agenda del futuro.
-¿Qué son las tecnologías exponenciales?
-"Exponencial" tiene un significado muy preciso en matemática: es una función que se duplica cada dos, cinco, cien años o una cantidad determinada de tiempo. Las funciones exponenciales tienen un crecimiento lento en sus primeras etapas de tiempo, por debajo de un crecimiento normal, y luego, en algún período, "explotan" y alcanzan valores altísimos. Este concepto se empezó a utilizar para describir tecnologías muy transformadoras. Está presente en muchas ciencias, pero su popularidad se dio a partir de la computación. La denominada "ley de Moore" predijo que la capacidad de la computación se iba a duplicar cada doce meses. Luego lo ajustó a 24 meses y, finalmente, a 18 meses. Éste es sólo uno de los paradigmas de exponencialidad.
-¿Qué otros hay?
-Montones. El crecimiento del conocimiento desde los inicios de la humanidad tiene una curva que es exponencial. Con la velocidad máxima de transmisión de datos sucede lo mismo. La biología sintética y la nanotecnología son otros ejemplos. Lo que hay que notar es que las curvas exponenciales antes del nacimiento de la computación eran bastante lentas, y por eso no nos dábamos cuenta, porque si algo se duplica cada 100 años, excede nuestra vida. Pero la ley de Moore marca por primera vez un período de duplicación que podemos ver, porque dura meses.
-¿La digitalización actúa como un acelerador de otras ciencias?
-Sin duda. A medida que se digitalizan otros campos, toman esta velocidad. Y esto es lo más disruptivo. Por ejemplo, mirá lo que está pasando con los drones. La verdad es que la posibilidad de poner cuatro motores para que algo vuele existía desde hace 80 años, pero la actual precisión, que está provocando una revolución, se disparó gracias a que recién ahora tenemos el poder computacional para lograrla. Lo mismo sucede con la biología: antes de la decodificación del ADN, era una disciplina de progreso lento, de descubrir taxonomías, etcétera. Pero desde el secuenciamiento del genoma se volvió una ciencia digital, que avanza a ritmo exponencial. La razón por la que tal vez no nos damos cuenta es que empezó hace muy poco, hace catorce años.
-¿La impresión 3D es otro "acelerador" para la innovación?
-Sí, es una tecnología transversal, como lo fue la electricidad o la computación, y que también se volvió exponencial con la digitalización. Es algo que en realidad se viene discutiendo en algunos círculos científicos desde la década del 50. Pero es con la era digital que esto adquiere posibilidades mucho más amplias, y hoy ya nadie se sorprende de que se imprima un pulmón o una casa. La impresión 3D es una tecnología de manufactura que explota con Internet, donde podemos transmitir los prototipos. Por caso, va a tener impacto a la longevidad, si podemos imprimir órganos.
-¿Y cuál va a ser el impacto de la impresión 3D en la economía global?
-El primero y más obvio es el de las modificaciones en la logística: ya no serán necesarios los viajes de grandes cargueros transatlánticos para trasladar productos desde China o el sudeste asiático hacia los centros de consumo, porque las mercancías se fabricarán -según un criterio de eficiencia económica y de menor contaminación ambiental- "en el barrio de al lado". Una segunda ola de cambios afectará nuestra cotidianeidad. Estamos acostumbrados a que nos rodee una geometría regular, de líneas rectas y círculos, y eso tiene que ver con una lógica de escalas de producción industrial. La impresión 3D va a tener como único costo la materia prima y, por lo tanto, cada uno va a poder elegir la forma que quiera para sus objetos cotidianos. Van a adquirir mucho protagonismo los diseñadores. Y el tercer frente de impactos económicos tiene que ver con "la muerte del inventario": ya no será necesario tener productos en stock.
-La idea de la exponencialidad fue popularizada en los últimos años con Singularity University. ¿Quién fue el primero en hablar de estos temas?
-Yo tengo una creencia muy fuerte de que no hay ideas originales, o de que están sobrevaloradas las ocurrencias de una sola persona. Si vemos los descubrimientos más grandes de la Edad Moderna -relatividad, teoría de la evolución, cálculo matemático-, siempre vamos a encontrar que dos, tres o más personas al mismo tiempo hicieron el mismo hallazgo, por más que una se lleve los laureles luego. Y esto no es coincidencia, es que las ideas dan vueltas, se acercan a una masa crítica y alguien suma todo y hace una síntesis.
-El "próximo adyacente", del que habla el historiador de la ideas Steven Johnson.
-Que en realidad había sido postulado en un libro de los 90 por un científico del Santa Fe Institute, Stuart Kauffman.
-Nadie inventó nada. ¿Leés el sitio humorístico The Onion? La semana pasada sacaron una nota (sarcástica) con un grupo de semiólogos que decían que todos los argumentos de películas de Hollywood se derivaban de Alien v. depredador. Por eso de que todo desciende de los siete mitos griegos, y que no hay argumentos nuevos.
-¡Es que es así! Soy fanático de The Onion. Uno de los primeros que habló de singularidad fue John Von Neumann, el matemático, en la década del 50. Él le escribió una carta a un amigo, también académico, en la que le decía: "Parece que cada década trae muchos más cambios que la anterior", con lo cual matemáticamente parece que nos acercamos a una especie de singularidad en la historia humana. Singularidad es cuando el paradigma anterior se rompe. Y aquí las predicciones tienen poco sentido, porque los cambios son tan rápidos que no se puede ver más allá de un horizonte muy corto.
-Hay otros autores que dicen que se exagera con esto del "shock del futuro", que nuestros departamentos no son muy distintos a hace 50 años, lo mismo que nuestra ropa, cómo comemos o salimos a tomar algo. ¿Hay exageración?
-Hay muchos autores que van por esta línea. Nassim Taleb, el autor de El cisne negro, lo remarca en Antifrágil: hablamos mucho de singularidad pero nuestros calzados, tenedores, cucharas y vasos no son tan distintos a los de los romanos antiguos. Pero creo que hay un campo de normalidad manufacturada, y que nos cuesta darnos cuenta de qué tan diferente es nuestra vida porque todo lo tomamos con naturalidad. Hace unos minutos te decía que nadie se sorprende de una noticia que dice que se imprimió un órgano humano. ¿Eso no es singularidad? Si viniera hoy Aristóteles, o una persona de principios del siglo XX, no entendería cómo la mayoría de los humanos pasan el día en una especie de trance frente a una pantalla, se van del trabajo y siguen en ese trance, frente a la PC o a la tele o al celular. Esto es algo que ya sucedió: el 90% de nuestras vidas pasa hoy por puntos digitales y simbólicos, la gran mayoría de nuestro tiempo nuestra conciencia está navegando por el mundo digital. Ésta es una modificación enorme.
-¿Y vos tendés a ser optimista o pesimista con este panorama?
-Alvin Toffler hablaba en los 70 del "shock del futuro", que son tan rápidos los cambios que nos vamos a alienar y a volver locos? y eso no pasó. Hay muchas buenas noticias por venir, de curas de enfermedades, de solución a problemas de producción de alimentos o de extensión de vida, algo que hoy ni vislumbramos porque el ADN fue secuenciado hace solamente 14 años. Es un evento monumental: si alguna inteligencia superavanzada en alguna galaxia escribiera la historia de nuestro planeta, habría una bisagra en el año 2000: fue cuando la materia entendió su propia estructura. En cuanto a extensión de vida, hay pensadores postulando que la persona que no va a morir nunca ya nació; o Aubrey de Grey, que es un poco más conservador, dice que la persona que va a vivir mil años ya está viva.
-¿Te parecen atendibles estas hipótesis?
-No suenan descabelladas. El dilema no es "si" son ciertas, sino "cuándo" se concretarán. Por el hecho de que estos pensadores están tratando de posicionarse, suelen ser un poco más optimistas. Van a los extremos.
-Como los economistas.
-Seguro. Cuando trabajaba en Wall Street, en Goldman Sachs, se repetía esa famosa frase: "Nunca digas (en una proyección) al mismo tiempo el momento y el número". Decí que el Dow Jones se va a duplicar, pero no especifiques cuándo (risas).
-¿Trabajar va a ser optativo alguna vez, en un mundo de abundancia y con inteligencia artificial?
-Tampoco aquí hay muchas ideas nuevas. Keynes decía que íbamos a trabajar mucho menos. En un ensayo, Aristóteles especulaba con que cuando se inventaran la cosechadora mecánica y los instrumentos que tocaran música por sí solos, los señores no iban a necesitar más esclavos y los empresarios no necesitarían operarios. Lo escribió en Política. A partir de los avances en la robótica y la inteligencia artificial, el tema en los últimos dos años se puso de nuevo muy de moda. Y ahí hay divisiones entre los pesimistas, que dicen que los robots van a reemplazar los empleos y va a quedar mucha gente en la calle, y los optimistas, que aseguran que esto será para bien. Ahí yo diría que la historia está totalmente de un lado de esta disputa. La historia dice que vivimos muchas revoluciones tecnológicas que reemplazaron empleos que hoy no extrañamos, y las sociedades se adaptaron. Y habrá lugar para un Estado de bienestar mucho más fuerte. Ya hoy se discute sobre el "ingreso básico universal", que existe en sociedades avanzadas, pero en un marco de exponencialidad no sería una locura pensarlo a nivel global. Aseguramos un estándar de vida mínimo para todos, y luego si alguien quiere tener una pileta más grande, que elija trabajar más.
-¿Y qué va a pasar con los gobiernos? Estamos viendo que algunas de sus funciones básicas (como la de emitir dinero, con bitcoin) empiezan a ser puestas en duda?
-Mi intuición es que las buenas políticas públicas van a ser más importantes y necesarias. Porque el escenario es tan complejo que van a hacer falta muy buenos instrumentos de coordinación, y de distribución del ingreso, que pueden administrar gobiernos fuertes y eficientes. Los cambios son tan rápidos que la respuesta coordinada es muy necesaria. Uno de los emergentes que estamos viendo con el tema de los mercados de trabajo es que la educación universal y de calidad va a ser más indispensable que nunca, y esto lo puede proveer el sector público.
-Dicen que predecir es un negocio riesgoso, especialmente cuando se trata del futuro. ¿Cuánto se puede confiar en las especulaciones sobre las cuales conversamos?
-No podemos predecir el camino del futuro, pero sí podemos ver sus fronteras, que son visibles; sus contornos, porque están determinados por las leyes de la naturaleza. Por ejemplo, si me asegurás que en 50 años vamos a viajar en el tiempo, diría que es muy difícil. Pero es mucho más probable que llenemos con nuestra inventiva todos los nichos de lo que es posible bajo las leyes de la naturaleza. El economista Rudiger Dornbusch decía: "Las cosas tardan más en llegar de lo que pensamos, y luego van más rápido de lo que esperábamos". Es una manera poética de expresar la curva exponencial.
Mano a mano
Un cerebro creativo y "extraterrestre"
"Te voy a pedir un favor", dice Andrei Vazhnov. "Frename todo lo que haga falta, porque voy muy rápido y tiendo a volar por las ramas." Recién van diez minutos de entrevista y el físico ruso dio material para tres artículos. Es de esas personas que hablan rapidísimo, con un cerebro que agarra velocidad y deja atrás enseguida a la capacidad de contar lo que está pensando. Sus compañeros del Instituto Baikal lo adoran y lo definen como "un extraterrestre". "No hay tema del cual Andrei no sepa", se ríe Alexis Caporale, un emprendedor y experto en energías alternativas del Baikal. Vazhnov convenció a sus padres, una doctora y un ingeniero electrónico, para que dejen el frío de Siberia y se radiquen en Montevideo. Por estos días, va y viene desde Uruguay por los trámites de migración para su familia. Espera con ansias el Mundial de fútbol de Rusia 2018 y prepara un viaje para el cual ya se apuntaron decenas de amigos: recorrer su país de origen en el tren transiberiano y terminar en Moscú para ver el partido inaugural.
Un futuro posible, según Vazhnov
¿Qué le recomendarías a alguien de 18 años que está eligiendo su carrera?
Le diría que la gran mayoría de los trabajos que la gente de su generación va a estar haciendo en diez años hoy no existen. Dada esta incertidumbre, debería poner énfasis en cosas básicas, matemáticas, etcétera. Saberes más abstractos: es lo que más probablemente pueda aplicar. Mucha gente dice: "No me gusta la matemática porque no me gustan los números", y en realidad es una ciencia de modelos y relaciones. Computación va a ser una profesión muy fuerte y dominante, indudablemente. Cada uno obviamente tiene sus preferencias. El modelo industrial, que se está agotando, promovía una hiperespecialización, y eso va mutando; hoy parecen mejor preparados quienes combinan distintos campos y pueden relacionar. Importará dar herramientas para "aprender a aprender", y también habilidades para el freelancing, porque la estructura de grandes empresas tenderá a desaparecer; veremos afiliaciones elásticas de gente que se encolumna detrás de un proyecto y luego, cuando termina, pasa a otro.





