Ante un planeta enfermo, diálogo

Francisco Ingouville
Francisco Ingouville PARA LA NACION
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29 de enero de 2019  

Si a mi hijo le diagnosticaran calentamiento global y los médicos aconsejasen la reducción de gases de efecto invernadero, su madre y yo haríamos caso sin dudarlo. Con el planeta Tierra el asunto es más complejo. La decisión no reside en una pareja de padres responsables. Se requiere de un acuerdo global para el que no estamos preparados. Genética y cultura nos preparan para la pelear entre pares: instintivamente los niños juegan a luchar, y desde los antiguos libros sagrados hasta la televisión, el tema es la violencia. No estamos predispuestos para un enemigo que no sea humano. Luchando cada uno por lo suyo nos resulta difícil encarar este problema nuevo que nos amenaza a todos y requiere de acuerdos más que guerras.

Hoy, tecnología y dinero alcanzan para solucionar el cambio climático . Sin embargo, sigue empeorando. ¿Por qué no aplicamos las soluciones disponibles con la urgencia que se requiere? Quizá porque el eslabón débil de la cadena está en las disciplinas blandas más que en la "ciencia". Las tecnologías que hace falta jerarquizar son la mediación, la resolución alternativa de conflictos, la negociación creativa, las dinámicas de construcción de consenso y procesos de decisión participativos.

Aplicar estas herramientas no es una cuestión de voluntad o actitud. Requiere un abordaje profesional. Deben institucionalizarse los métodos. Hay mucho escrito: marcos teóricos, metodologías aplicables y experiencias exitosas. Deben difundirse y aplicarse a través de universidades, escuelas, empresas, sindicatos, iglesias, clubes, ONG y gobiernos. Porque está demostrado que un debate ordenado entre un grupo grande de personas llega a conclusiones más acertadas que cualquier individuo por sí solo. Para ello es necesario que los participantes actúen de buena fe y con respeto por el prójimo. Eso solo se da cuando la circunstancia es la adecuada. No ocurre espontáneamente, pero puede gestionarse con el abordaje profesional indicado.

Si los participantes creen que su seguridad, fuente de trabajo o modo de vida están en peligro, actuarán con adrenalina en sangre. Demonizarán a supuestos enemigos y se cerrarán al diálogo constructivo. Ahí entra en funcionamiento su cerebro reptiliano y no ocurre el debate ordenado. Lo vimos en el caso de las pasteras del río Uruguay, en que algunos sectores se negaron a hablar y cerraron un puente durante años, con alto costo para el bien común; en los "negadores del cambio climático" que defienden las minas de carbón; en la demonización mutua entre etnias, o en nuestra famosa grieta política. Asuntos como el transporte público o Vaca Muerta podrían tener un debate más participativo, pero no está institucionalizado ese foro ni hemos desarrollado aún la cultura social para hacerlo.

Los procesos de negociación y construcción de consenso deben garantizar a todos los participantes que la mejor decisión para cada uno será tomada sin amenazar los intereses de ninguno de ellos. Que nadie será culpado de la situación a modificar. Si el cambio conlleva un costo, será asumido entre todos.

Con un planeta enfermo que nos va quedando chico, las habilidades de construcción de consenso son cada vez más necesarias para que la civilización actual actúe como lo harían padres responsables. Poner la energía en estos métodos es el camino más corto. La experiencia indica que estas habilidades de construcción de consenso y negociación creativa resultan en mejores relaciones y mayores resultados en todos los asuntos humanos.

Construcción de Consenso y Negociación, Universidad de Harvard

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