
Arenas de la ridiculez
Del ridículo no se vuelve. Se vuelve, sí, de la ignorancia, de la temeridad, de la cobardía, de la soberbia, del síndrome de la estupidez adquirida? Incluso se puede volver (con un poco de suerte y pegando un rodeo) de la paranoia, del luto, del tabaquismo, del complejo de inferioridad, del barrabravismo voraz y vandálico, de tal o cual disfunción fisiológica? Pero del ridículo no se vuelve. Encallar en las arenas de la ridiculez obliga a uno a abandonar el bote, con total premura, para reconocerse un náufrago social, un nómada de todas partes, con escasas posibilidades de redención.
De hecho, es impensable que recupere su estatura moral quien haya incurrido en ridiculez premeditada y alevosa, cometida con ánimo engañoso, el de encajar gato por liebre.
Un razonamiento de este porte desovillaba días atrás Peristilo Peribáñez, licenciado en esoterismo político, ante algunas autoridades gubernamentales. Con tono de quien apostrofa, les dijo que en la Casa Rosada y en zona aledaña florecían -cual glicinas- procederes un tanto exóticos, ya que connotaban la suposición de que la ciudadanía estaba constituida por un hato de gilastrunes. "¡A ver si se dejan de macanear! Si un gobierno recurre a las cabriolas del engaño y no llama a las cosas por su crudo nombre, lo que consigue, entonces, es que cundan la desconfianza y la incredulidad. Muchachos -aconsejó, enfático-, no insistan en ese asunto de que las elecciones del mes que viene ponen en riesgo la gobernabilidad. Por paradójico, es ridículo pretender que un instrumento de la democracia, como lo es toda convocatoria a comicios, vaya a poner en peligro el sistema democrático, o que plebiscite su vigencia? De paso, por favor, sepan que la oposición no es destituyente, o sea que no propicia crisis institucionales ni la destitución de nadie, sino que presta cuerpo y esencia cívica a esa pluralidad de ideas que la democracia exige y merece."
Como se sabe, zafadurías conceptuales de variada prosapia han jalonado la trayectoria del kirchnerismo en la alta esfera gubernamental: a contar desde la consumación de un exacerbado predominio del Poder Ejecutivo sobre los otros poderes; desde la atrabiliaria indisposición a toda forma de diálogo interpartidario, y tras perpetrar el invento de las candidaturas testimoniales, una tropelía retórica, parece inacabable la ristra de sucesos que prestan rara identidad al Gobierno y, por añadidura, al ocasional oficialismo.
Cuando ya sólo era escuchado por dos granaderos, Peribáñez concluyó así su perorata: "Como decía al principio, es ley política que no se vuelve de los cimbronazos de la ridiculez. La pérdida de estatura ética es siempre definitiva".






