
Argentina 2004
Por Francisco A. Mezzadri
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EL presidente que se elija en 1999 tendrá que programar su gobierno pensando rigurosamente en aquello que desee privilegiar como objetivo económico exitoso en el 2004. Ese año, habiendo sido reelegido en el 2003, como seguramente pretenderá, deberá estar en condiciones iniciales óptimas para su segundo período presidencial. Para lograrlo, entonces, no deberá equivocarse en 1999.
Hubo un tiempo en que esto no importaba en la Argentina: la reelección no existía y vivíamos en un país cerrado. El futuro será diferente. El período presidencial de cuatro años con reelección y la inserción creciente en el mundo (globalización) deberían actuar como nuevos estímulos poderosos para pensar cuidadosamente la factibilidad, eficacia y consistencia global de las políticas, tanto a corto como a mediano plazo.
Rigor económico...
Pensar ahora en el 2004 significa someter todo lo que se dice y promete a la prueba de su consistencia intertemporal. Esto no es exclusivamente teoría sino algo esencialmente práctico que harán, por ejemplo, todos aquellos que, al tomar decisiones de invertir en la Argentina, duden entre hacerlo en el próximo bienio o dejar indefinidos los tiempos de sus proyectos. Para el bienestar de los argentinos y para la continuidad del próximo presidente en el 2004, las señales deben ser tales que incentiven un fuerte flujo de inversión desde 1999. No siempre se entiende bien el potencial enorme que la permanencia del equilibrio fiscal tiene sobre el bienestar del pueblo, más allá de la desaparición de la tensión social propia de la inflación. Mirando al futuro, ese potencial esta asociado, en esencia, a que prevalezcan en la Argentina tasas de interés de largo plazo bajas, cercanas a los estándares internacionales, lo cual significa que el riesgo país será muy bajo y que la Argentina será elegible para el inversor internacional. Algunos rechazan esta vieja propuesta de la economía por su aparente falta de contenido social. Si bien la inquietud social privilegia generalmente la respuesta económica inmediata, el uso correcto de los tiempos económicos será una virtud del estadista. El esfuerzo sostenido por lograr bajas tasas de interés de largo plazo significará en un período presidencial fundamentalmente lo siguiente:
- Generar el estímulo más importante posible para la creación de empleo, ya que tasas bajas multiplican la cantidad de proyectos factibles de inversión.
- Lograr mayor acceso, por volumen y por costo, al crédito de la pequeña y mediana empresa, y el desarrollo de instrumentos de mayor agilidad financiera en apoyo del financiamiento de la inversión.
- Producir una menor dependencia de flujos golondrina de capitales externos y reducir la incertidumbre social sobre las expectativas económicas.
- Hacer posible un amplio acceso de la clase media a la propiedad de su vivienda, al financiamiento de la educación especial y al uso de bienes durables.
- Conquistar idénticas posibilidades de mejorar su bienestar para los grupos de menores ingresos, más los beneficios de un Estado eficiente en el gasto publico, particularmente en aquellos servicios básicos de salud, educación y seguridad que impactan de un modo mayor en estos grupos sociales y un sistema empresario mejor preparado para financiar el entrenamiento de su capital humano.
- Posicionar más competitivamente la producción nacional en los mercados del mundo tanto por menor costo de la inversión como por menor costo del financiamiento del comercio exterior.
- Abrir nuevas posibilidades de financiar. las economías regionales, particularmente aquellas que por el carácter estacional de su producción requieren modalidades de financiamiento de alta incidencia en el costo de producción y almacenamiento.
... y éxito político
Esta descripción resumida de los principales efectos sociales y económicos que el nivel bajo y estable de una variable clave de la economía como la tasa de interés de largo plazo podría producir no es la descripción de la Argentina imposible. Hoy es una posibilidad muy cierta cuya realización dependerá de la sola responsabilidad con que se encare la gestión política de los próximos años.
La tasa de interés de largo plazo es el mejor resultado de una situación fiscal bajo control, con suficiente y predecible nivel de ahorro corriente como para enfrentar las obligaciones financieras del Estado. De ahí que cuando se insiste en la disciplina fiscal, lejos de responder a una motivación políticamente aséptica, se corresponda a una vocación social muy profunda. Lo difícil suele ser apreciar las tremendas vinculaciones que existen entre el rigor económico y el éxito político.
Quien asuma la presidencia en 1999 o comprendió y asimiló en sus mensajes electorales la implicancia de estos temas para el futuro del país o ya en el 2000 se dará cuenta que el 2004 será inalcanzable.




