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Artistas chamanes para seguir con atención

Obra de Bárbara De Lellis
Obra de Bárbara De Lellis Crédito: Gentileza Quadro
Daniel Gigena
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18 de agosto de 2016  • 15:06

Curada por Andrés Waissman, artista de la generación de 1980 y maestro en talleres, clínicas y residencias, la muestra Chamanes reúne un conjunto de trabajos de un seleccionado sub-40 de veintiún jóvenes creadores argentinos. Pinturas, esculturas, videos, cerámicas y objetos intervenidos con audacia y humor transforman hasta el 8 de septiembre el espacio de Quadro Arte Contemporáneo (Avenida del Libertador 14.354), galería de Federico Gontz situada en el barrio de Martínez.

Los chamanes elegidos por Waissman son Francisco Amatriain, Julieta Barderi, Valeria Calvo, Leonardo Cavalcante, Andrés De Rose, Bárbara De Lellis, Martín del Pozo Ballesteros, Jimena Fuertes, Lihuel González, Lucía Harari, Juan Hoff, Dante Litvak, María Elisa Luna, Lorena Marchetti, Sabrina Merayo Núñez, Tadeo Muleiro, Diego Mur, San Poggio, Pablo Sinaí, Fabro Tranchida y Martín Volman.

“Podríamos decir que dentro del panorama del arte contemporáneo hay acciones que se convierten en obra. Una forma singular es experimentar sobre los controvertidos cambios que este tiempo propone: la diversidad es una constante de múltiples facetas”, señala Waissman. ¿Por qué chamanes, que alude a la magia, a lo irracional, a la mediación entre los asuntos terrenales y los divinos, e incluso al exorcismo? “Porque creo que finalmente lo único permanente, lo que queda en la historia son las huellas a través del arte en todas sus expresiones”, dice el artista curador.

Un fantasma sobrevuela el arte joven

El lugar de la imagen en la contemporaneidad sobrevuela como cuestión (y cuestionamiento) la muestra de Quadro. Desde las derivaciones fotográficas de Martín del Pozo Ballesteros (donde el artista posa como novia alcoholizada en una cocina iluminada a la manera barroca, o como una Amy Winehouse resucitada) hasta los dibujos “infernales” de San Poggio, con aves atravesadas por ramas y cabezas decapitadas (pero aún así lectoras); de la suite octogonal de Leonardo Cavalcante, similar a un mandala escultórico, a las delicadas e inquietantes cerámicas de Bárbara De Lellis, los trabajos elegidos ciertamente dejan huella en los espectadores.

“Fetiches insertos estratégicamente en la escena permiten que las voces de cada género establezcan conexiones, tensiones y eventuales –y breves como la vida– acuerdos. Existe una estructura de conjunto y un contexto cultural, se perciben opacidades y brillos jóvenes que se anuncian como una fuerza en la antesala del secreto y del color: su transición sucede en segundos irreversibles de espiritualidad”, indica Waissman. El recorrido por Chamanes confirma la singularidad de cada artista y su acople a una estructura común de sentimientos, percepciones y formas.

Cinco artistas para seguir con atención

Se destacan algunos casos de artistas que, con inspiración chamánica y dominio técnico, exploran algunas tensiones entre materia y espíritu. Primero las damas.

Obra de Julieta Barderi
Obra de Julieta Barderi Crédito: Gentileza Quadro

Julieta Barderi (Buenos Aires, 1982), la única artista que representa la galería, expone una pintura que en parte explica por qué es una de las pintoras jóvenes que más premios ha cosechado en años recientes. Como una discípula extemporánea del Guillermo Kuitca de los años 80, Barderi crea en su obra una suerte de fantasmagoría histórica con siluetas de Madres de Plaza de Mayo, instrumentos de tortura y una desfiguración en escena (efecto del del acrílico utilizado como óleo aguado). De colección.

Obra de Lucía Harari
Obra de Lucía Harari Crédito: Gentileza Quadro

Lucía Harari (Buenos Aires, 1982) trabaja con una serie de imágenes de diapositivas de los años setenta deterioradas por el paso del tiempo, proceso que ella ya había indagado en sus pinturas y retratos. Una vez ampliadas, escaneadas e impresas por Harari, las imágenes adquirieron un tinte espectral que, pese a eso, todavía deja entrever siluetas masculinas, algunas mate en mano; fragmentos de un parque, árboles. Se construye así un relato protagonizado por el tiempo y el cambio que los medios técnicos imponen a la mirada.

Obra de Sabrina Merayo Núñez
Obra de Sabrina Merayo Núñez Crédito: Gentileza Quadro

Como se señaló, también hay humor en la tribu convocada por Waissman: Sabrina Merayo Núnez (Tierra del Fuego, 1980) reconstruye un viejo piano del siglo XIX y lo convierte en un mobiliario de tocador. Con las teclas del piano creó falsos timbres, agregó cajones forrados con terciopelo y billetes antiguos, añadió un pequeño espejo oval decorado con elementos dorados: trastocó así un instrumento musical en improbable gabinete de belleza.

Obra de Andrés De Rose
Obra de Andrés De Rose Crédito: Gentileza Quadro

En las pinturas de Andrés De Rose (Buenos Aires, 1986) las figuras de ¿vegetales monstruosos?, ¿frutos marinos?, ¿medusas tornasoladas? se impregnan del fondo oscuro de la tela. De Rose agrega a sus acrílicos una rayas, o renglones o un sistema de notación dibujado con lápiz, que suman encanto y misterio a sus figuras. Artista representado por la galería Gachi Prieto, De Rose es un pintor original cuya obra parece mixturar tradiciones del arte occidental y oriental.

Obra de Pablo Sinaí
Obra de Pablo Sinaí Crédito: Gentileza Quadro

Otro pintor, Pablo Sinaí (Buenos Aires, 1980), sorprende con una única obra de ánimo geométrico que, sin embargo, no abandona la figuración. En Chamanes varios artistas trabajan la abstracción geométrica (Jimena Fuertes y Valeria Calvo, entre otros). Sinaí condensa con elegancia ese vector con las postales arquitectónicas, que recuerdan los trabajos de Luciana Levinton y de Marcolina Dipierro. Sinaí viajará en septiembre para participar como artista invitado de la XX Bienal Internacional de Artes Visuales de Santa Cruz de la Sierra, en Bolivia.

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