
Atención… ¡palabras frescas!
La lengua es como los campos, tiene temporadas de cosechas de palabras nuevas. Algunas, las más maduras o imperecederas, van a parar a los diccionarios. Es la fiesta de los nuevos términos. Una bienvenida al léxico instituido y al devenir de las frases. En otras palabras (porque de eso se trata) cuando el hambre de saber se sacia con las ganas de decir.
Ayer se distribuyó en librerías la vigesimotercera edición del Diccionario de la lengua española -de la Real Academia-, con significativos cambios y nuevos horizontes semánticos. Es un doble acontecimiento. Primero por su contenido, ampliado, revisado, con muchas acepciones nuevas y enmiendas necesarias. Y en segundo lugar, por su presencia física, dos tomos tangibles, contundentes, con 2312 páginas y de peligroso peso (en caso de caída).
Se distribuyó en librerías la vigesimotercera edición del Diccionario de la lengua española -de la Real Academia-, con significativos cambios y nuevos horizontes semánticos
Es raro tenerlos en las manos y hallar palabras que creíamos marginales -extranjerismos o injurias. A diferencia de la búsqueda en Internet, el diccionario impreso es un abanico de significados, ¡también en su doble acepción: la diversidad y la ventilación! Lo agitamos y el azar nos dispone palabras nuevas. Llegan como del aire. Así fue la fundación de uno de los movimientos más creativos del arte en el siglo XX: el dadaísmo. El término dadá fue elegido por un dedo (nada menos que el de Tristan Tzara) puesto de manera arbitraria en una hoja cualquiera de un diccionario. Lo llamativo es que los mentores de este movimiento, a la hora de explicar su nombre, desdeñaron por completo el significado de la palabra, otorgándole mayor importancia al encuentro azaroso con su sonoridad. Lo palpable es atributo de la pronunciación. No hubiera sido tan fácil aliarse con el azar por Internet…
Lo veloz no implica novedad… No figuran por ejemplo los extranjerismos recogidos por este nuevo diccionario como
Por otra parte, más allá de los diccionarios digitales, la búsqueda del significado de una palabra en wordreference, freedictionary, por nombrar algunos, es inmediata pero no garantiza actualidad. Puede ser una vieja cosecha lexical. Lo veloz no implica novedad… No figuran por ejemplo los extranjerismos recogidos por este nuevo diccionario como blues, boutade, o eslogan (con la deferencia de la cursiva…). Y el propio Word de Microsoft es conservador y proclive al subrayado en rojo. Prueben con un atributo muy literario: flaubertiano, recién incorporado en esta edición de la Real Academia. Al escribirlo aparece subrayado en rojo. O buñueliano, relativo a la obra del cineasta Luis Buñuel (es gracioso que figure como adjetivo, con sus dos géneros correspondientes: buñueliano o buñueliana, ¿qué hubiera pensado el director de sus nuevas terminaciones?). Vayamos a algo más chabacano (este término no lo subraya) como amigovio (este sí), que en el nuevo diccionario aparece definido como: "coloq. Arg., Méx., Par. Y Ur. Fusión de amigo y novio…."
Veamos la definición de "boludo" (que hasta Word se cansó de subrayar): "Coloq. Arg. y R. Dom.: necio, estúpido; Cuba: dicho del calzado, puntera redonda; El Salvador: adinerado; México: que tiene protuberancias."
La contemplación de usanzas en los distintos países de nuestro continente puede prestarse a equívocos, como si un mismo idioma tuviera atributos paralelos dedicados a distintos fines. Es el caso de "chupi". Según la Real Academia Española, significa: "interjección para expresar júbilo. Muy bueno o estupendo, una película chupi, pasarlo chupi". Un júbilo bastante sobrio, para nosotros chupi es otra cosa, y seguramente llegaran novelas traducidas desde España donde la pasan "chupi" y "se va de copas". Para incluir un coloquialismo local, veamos la definición de "boludo" (que hasta Word se cansó de subrayar): "Coloq. Arg. y R. Dom.: necio, estúpido; Cuba: dicho del calzado, puntera redonda; El Salvador: adinerado; México: que tiene protuberancias."
¡Rica y diversa cosecha!





