
Autobiografía de un país egocéntrico
Por Orlando Barone
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No hay nada más egocéntrico que un dolor de muela. La vida no importa alrededor. Sólo queda ese dolor punzante y recurrente atándonos a un diente. También un país dramático nos ata. Nuestro egocentrismo nacional tiene la lógica del dolor de muela, aunque es más grave y parece no haber forma de que pare.A principios del siglo pasado, el alemán Max Scheler explicó el fenómeno del egocentrismo. Decía que era "la actitud de sustituir el mundo que nos circunda inmediatamente por el mundo en el sentido propio del término. O sea, la tergiversación de una función universal por el propio ambiente inmediato". Creer que la Argentina es el mundo. Aunque la paradoja estriba en que se siente que estamos por perderlo.
Hay una más concentrada forma de narcisismo: el egotismo . Fue Stendhal el que inaguró la palabra en su libro de recuerdos autobiográficos, Souvenirs d´egotisme . Su significado es bien argentino: "culto del yo", según interpreta Santagada. Es la excesiva importancia concedida a uno mismo. Los argentinos, atacados antes por su egotismo presuntuoso, ahora se van al otro extremo: el egotismo destructivo. Saltaron de ser los mejores a ser los peores: normales, nunca. El "yo" común no nos concierne. Tampoco ninguna economía estándar, no somos tan modestos. O una economía que empalaga, o una revulsiva. Con preeminencia de esta última ingesta porque es la moraleja definitiva. La Argentina se fue haciendo un país de vómitos. Lo que más vomita es la confianza.
Estamos atareados en este egocentrismo argentino. En este egotismo de cada uno actuando su propio default económico, su propio padecimiento. Somos una conjunción de egoísmos.Ya nadie habla del diálogo auspiciado por la Iglesia. Ma qué diálogo: monólogo, soliloquio, monodia, monomanía.
Y no hay forma de salirse: la muela duele todo el día. Los gastados artilugios para mantenerla anestesiada, mientras la infección se agravaba, ya no surten efecto. No valen las nostalgias de algunos, por esos tiempos: el frasco de cloroformo está vacío. Sólo le queda la etiqueta con la fórmula "uno por uno". Siendo tan original y tan buena no se explica por qué nadie viene a buscar la receta. Porque nadie quiere cloroformo sabiendo las condiciones en que después se despierta.
La muela sigue allí y hay que extraerla. El gran dilema, como aquel interrogante de la fábula, es "quién le pone el cascabel al gato". Es que nadie quiere ser la muela. Nadie quiere que lo extraigan: quiere seguir aunque sea colgando de una raíz mínima. Ni los provincianos ni los centrales, ni los privados ni los públicos, ni los ahorristas ni los acreedores, ni los importadores ni los exportadores, ni los sanos ni los enfermos, quieren ser extraídos y echados al tacho de desechos.
Y hasta los que ya han sido sacados de cuajo quieren volver a reimplantarse. Estos todavía están vivos y ni siquiera se alimentan. Hasta antes del subsidio vivían con nada y ahora van a vivir con 150 pesos mensuales. No es que no les crea, pero es imposible. No se puede vivir sin pasta dental, sin sales de baño y sin Prozac para darse aliento.
Pero la disyuntiva es crucial: ¿quién nos debe extraer la muela? Cada bando -y hay más de los que se cree, no son sólo los primitivos de derecha o izquierda- tiene su propio cirujano, y su propio umbral de dolor y de aguante. La cirugía del rubro ablación y amputaciones tiene más ofrecimientos que la del rubro restitución y prótesis. Y es extraño, porque el país ha quedado sólo con el tronco.
La sociedad no quiere que los que la operen sean los políticos. Viene curtida de mala praxis. Pero en la democracia no hay forma de sustituirlos por seres no políticos. Porque aun en el supuesto de que desde alguna galaxia llegaran seres ajenos al sistema, desde el momento en que se incorporen a las instituciones pasan a ser políticos.Ya hay vecinas todavía con el delantal de cocina puesto que al cabo de cuatro asambleas quieren cambiar el mundo.
Todo es político: el cacerolazo o la abstención del voto, ser activista de un partido o ser miembro de la junta de un country . Hacer huelga o no hacerla. Ser idiota, no serlo. Es político el pensamiento más doméstico:hacer el amor con la lámpara prendida o apagada. O abstenerse; opción esta que suele prevalecer en estas circunstancias. Lo más político que hay es el afán antipolítico.
Los más fanáticos de esta idea son peligrosos.
El pensador de origen búlgaro y premio Nobel Elías Canetti se hace esta pregunta: "¿Habrá alguna idea que no merezca ser pensada de nuevo?" Como está el mundo, convendría hacerlo. Como está la Argentina, es lo más urgente.
Por ejemplo, habría que pensar de nuevo la idea de que el país está en crisis. No: está normal.
A partir de esto podemos empezar a entendernos.
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