Autorretrato sin modelo
Una de las primeras cosas que hacen la mayoría de los seres humanos cuando se levantan por la mañana es mirarse en el espejo. Hay excepciones notables, como la artista alemana Carlotta (así, sin apellido).
El excelente documental Lost in Face (Perdida en su cara) se estrenó en el Festival de Cine Alemán que terminó hace una semana en Buenos Aires. El director, Valentín Riedl, es un neurocientífico, tan interesado en el cine que terminó por hacer una película documental, casi una biopic, sobre un tema relacionado con su profesión: la prosopagnosia o ceguera facial.
La protagonista de esa película es precisamente Carlotta. Reidl sigue en Lost in Face las actividades y los relatos de esa mujer de unos 50 años, además de mostrar los numerosos autorretratos que ella realizó para conquistar su identidad. Más del 1 % de la población mundial tiene distintos grados de prosopagnosia. Una buena parte de las personas afectadas por esa enfermedad no puede reconocer rostros, aunque se trate de su familia, de sus amigos y, en casos agudos, ni siquiera reconocen su propia cara en un espejo. La prosopagnosia de Charlotte es congénita y de grado extremo. Su cerebro no estaba en condiciones de procesar la información visual de una cara, pero su inteligencia estaba intacta. Era como un hechizo porque identificaba el olor de la piel, la manera de andar, la voz y hasta el pelo de su círculo de íntimos, pero no podía componer una cara con la imagen de los ojos, la nariz y la boca. Reconocía a su padre por el modo de sentarse.
Si Charlotte estaba frente al espejo en un baño público junto a otra mujer, se identificaba por la ropa, las manos, el tipo de movimientos. Si estaba sola en su casa, veía una mujer extraña reflejada en la superficie de una bandeja de desayuno y se daba cuenta de que era ella porque tenía puesto su camisón.
Se le ocurrió dibujarse para saber cómo era su cara (las fotografías no le servían de nada). Colocaba frente a ella un espejo, se observaba y de inmediato se ponía a dibujar, pero apenas apartaba los ojos de ese enigma que era su rostro espejado, no recordaba nada.
Empezó a posar y a actuar de otro modo: sostenía un cuaderno en su mano izquierda y en la derecha un lápiz, mientras escudriñaba su reflejo, sin apartar los ojos de él; la mano derecha iba trazando el itinerario de sus rasgos. Los resultados fueron cada vez mejores. Intentó otro camino: el tacto. Con el cuaderno apoyado en un escritorio, se miraba en el espejo, mientras su mano izquierda exploraba el mentón, las mejillas… El dibujo le abrió una puerta: el arte, es decir, un futuro y una identidad. Los autorretratos, convertidos en obras artísticas, se expusieron con éxito.
Hay aspectos que ayudan a Charlotte: "Cada persona tiene su propio paisaje sonoro, que es una mezcla de su manera de respirar y del modo en que esa respiración mueve su ropa. Y el modo de andar"
Charlotte, en lo posible, evita las reuniones como lo hace Brad Pitt, que padece una forma leve de prosopagnosia. A ambos les resulta incómodo explicar su desorientación a quienes encuentran por segunda o tercera vez. Charlotte confiesa: "No puedo conectarme con los otros a un nivel profundo". Quizá el lazo más importante de su vida lo haya tenido con un caballo, Mario. Cuando Mario murió, Charlotte le organizó una conmovedora ceremonia fúnebre nocturna.
Hacia el final de la grabación, Charlote hizo por primera vez el retrato de otra persona: Valentín Reidl. La imagen, bastante parecida a Reidl, está animada por una intensidad que trasciende el tema de la semejanza.
También la vejez y las arrugas nos vuelven irreconocibles. Sin embargo, las arrugas nos defienden de la prosopagnosia: son heridas de guerra a las que podríamos ponerles nombres como a las batallas.










