
Avioncitos
Los avioncitos que sobrevuelan las playas de la costa atlántica portando publicidades de distintas marcas, propaganda política y hasta mensajes de índole personal son una postal inseparable de cada verano. El impacto sobre miles de turistas, mientras se refrescan entre las olas o toman sol sobre la arena, es inmediato.
Hay de distinto tipo: los más tradicionales son los que arrastran como barriletes enormes géneros estampados con el mensaje a promocionar. Pero también hay otros en versiones más molestas que en vez de ir sobre el agua, sobrevuelan directamente la arena provistos de potentes parlantes que publicitan a viva voz tal o cual espectáculo. Las madres que acaban de hacer dormir la siesta a sus niñitos odian ese vozarrón que viene desde arriba y que los despierta sobresaltados automáticamente. Suman un agravante: al sobrevolar balnearios repletos de gente existe el riesgo remoto de que, en caso de una emergencia, puedan ocasionar un desastre.
Finalmente está el avioncito acróbata, muy vistoso y que llena de asombro por sus movimientos bruscos, subiendo verticalmente como un cohete y, cortando la respiración, cuando baja en caída libre. De la huella de carbono mejor no hablar.







