
Bienvenido,Dr. Cavallo
Por Germán Sopeña
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Es altamente probable que Cavallo sea recibido hoy en Washington con una sonrisa mucho más amistosa que la que habría obtenido hace apenas una semana.
En ese "welcome" (bienvenido) de rigor con que se abrirán las conversaciones con las máximas autoridades del FMI quedará simbolizado el final feliz de una semana que termina mucho mejor de lo que empezó. ¿Qué hay detrás de ese cambio de humor local e internacional, si se analizan los dichos y hechos del doctor Cavallo, figura casi excluyente de la actualidad económica?
Por empezar, una prueba evidente: si rinde beneficios, a veces, golpear una mesa, como Cavallo es el tipo de persona de la que se espera que siempre golpee la mesa, sorprendió positivamente al moderar su lenguaje ante interlocutores de todos los frentes con los que se cruzó duramente en las semanas previas. Como si se adaptara con una velocidad a tono con su ritmo de vértigo, Cavallo volvió esta semana a su papel de fondo, el del ministro que trabaja en los temas que conoce mejor que nadie y evita perder tiempo en debates estériles controlando su temperamento sanguíneo.
Así se conoció, en esta semana, que trabaja en una propuesta de canje de deuda; escribió de puño y letra en el Financial Times y en La Nación que la Argentina no dejará de honrar sus compromisos; y lanzó, por fin, varios anuncios que clarifican el horizonte de ingresos fiscales, el gran talón de Aquiles de la economía argentina.
Uno de los mejores analistas financieros del mercado local definió ayer ese giro con una frase sumamente gráfica: "Hasta la semana pasada, Cavallo había dicho síganme; ahora empezó a mostrar los caminos y los instrumentos".
Como podía preverse, ese rumbo y esos instrumentos no podían ser demasiado distintos de lo que aconseja la lógica económica fundamental: no se consigue confianza si no se despeja la incertidumbre; no se vuelve a crecer si no hay inversión; no habrá inversión si no se consigue restablecer la confianza.
Para cerrar ese círculo obligatorio, Cavallo debía transmitir a los mercados, al FMI y a los gobiernos lo que todos esperaban oír: apuntar a controlar el déficit fiscal y alejar el riesgo de un "default" (cesación de pagos), que es visto por el mundo entero como una bomba latente, capaz de producir una temible reacción en cadena.
En ese duro camino signado por las oscilaciones del riesgo país, Cavallo parece haber dejado para más adelante el proyecto del cambio de convertibilidad. Paradójicamente, aunque no se tratara de una devaluación, según sus propias palabras, la idea de incorporar el euro se transformó en un proyecto algo devaluado. Cavallo no lo perderá de vista. Pero advirtió, a tiempo, que su gran meta actual es bajar el riesgo país. "A 500 puntos", se propuso.
Ese es el mensaje que se espera en todos los mercados. Y hoy en el FMI.





