¡Bienvenidos, fenomenautas!
A esta altura de la película humana, a casi nadie se le ocurriría discutir la utilidad de la ciencia, un modo de explorar la realidad, de plantearnos preguntas y resolver problemas. A veces, solo en los discursos, otras, en los hechos, todos los gobiernos prestan atención a este conocimiento cuyas aplicaciones hacen la riqueza y la calidad de vida de las comunidades. Sin embargo, con frecuencia se pasa por alto que tan o más importante que sus productos es su fabulosa maquinaria de pensamiento crítico, crucial para la toma de decisiones, tanto en lo individual como en lo colectivo.
Con contadas excepciones, este malentendido se reproduce diariamente en las escuelas, donde las clases de ciencia son una colección de spoilers: se cuenta solo el final de la historia, las respuestas a preguntas que los chicos no se hicieron, pero no la trama de fascinación y misterio que llevó a otros a dejar de lado casi todo para responderlas. Y después se los califica por la fidelidad con que son capaces de repetirlas.
Desde hace rato se sabe que hay formas mucho más atractivas y efectivas de enseñar ciencia y desarrollar el pensamiento crítico. Una de ellas es proponer experimentos, guiando a cada alumno para que por unos minutos se convierta en un investigador capaz de observar fenómenos, como la germinación de una planta, la sombra proyectada por una varilla bajo el Sol del mediodía, o los cambios de estado del agua cuando aumenta o desciende la temperatura, y sacar conclusiones.
Pero enseñar a pensar científicamente no es fácil. Esa interacción entre fenómeno e ideas abstractas exige tiempo, instrumentos, espacio, entrenamiento y un andamiaje teórico e intelectual del que no todos estamos equipados… A veces, reproducir un fenómeno en clase para estudiarlo es directamente imposible. ¿Cómo capturar en la escuela una ballena azul o un tornado?
Pero una maravillosa iniciativa que acaban de lanzar las fundaciones Expedición Ciencia, y Bunge y Born después de un año de trabajo seguramente ayudará a resolver estos obstáculos. Se trata de "Fenomenautas" una plataforma de recursos educativos y científicos, totalmente libre y gratuita, para docentes de todos los niveles y diferentes materias que contiene secuencias didácticas completas, clases individuales y propuestas cortas para una enseñanza "basada en el fenómeno" (con experimentos y experiencias que el docente puede guiar o mostrar en el aula). Y cuando esto no sea posible, ofreciendo "proxis", sucedáneos (como fotos de alta calidad, videos, relatos, narraciones de experimentos cruciales de la historia, tablas de datos y más).
Tal como hacen los médicos cuando leen una historia clínica, los paleontólogos cuando estudian calcos o dibujos de fósiles, los físicos y estudiosos del comportamiento animal cuando estudian grabaciones del canto de ciertos pájaros, o los investigadores en general cuando utilizan resultados de sus colegas.
"El corazón de la ciencia yace en la conexión entre los fenómenos y la batería de ideas que formulamos para explicarlos y predecirlos –dice Gabriel Gellon, cofundador de la plataforma y de Expedición Ciencia–. Es importante volver a los fenómenos e instalarlos como piezas clave en la educación".
Un dato relevante es que todo el material disponible estará "curado" por especialistas en los distintos temas. Y otro no menor, que a través de esta plataforma las maestras y maestros también podrán compartir, con crédito de auotr, las valiosas ideas que ya estén implementando con éxito en sus clases.
Ojalá que todos los docentes ingresen al sitio de "Fenomenautas", puedan aprovechar estas herramientas y enriquecerlas con su propia experiencia. Si lo hacen, casi sin darse cuenta, estarán encendiendo la chispa de una revolución silenciosa que podría cambiar la vida de sus alumnos y cuyos alcances son insospechados…









