Peter C. Doherty. "Este virus muestra cuán vulnerables somos también en lo económico y social"

Peter C. Roherty nació en Australia en 1940. Se doctoró en Edimburgo y fue profesor de la Universidad de Tennessee, Estados Unidos.
Peter C. Roherty nació en Australia en 1940. Se doctoró en Edimburgo y fue profesor de la Universidad de Tennessee, Estados Unidos.
El médico australiano, Premio Nobel de Medicina de 1996, dice que el Covid-19 es peor de lo que se suponía y que, más allá de la vacuna, obliga a repensar un sistema global escandalosamente desigual y hostil con el medio ambiente
Martín De Ambrosio
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11 de julio de 2020  • 00:00

"Esta no será la última, veremos más pandemias este siglo. Por eso tenemos que repensar muchos aspectos de la civilización. El Covid-19 nos dice que cualquier país debe cerrar sus fronteras inmediatamente si advierte un virus así. Debemos generar un compromiso global para hacerlo y salvar dinero y vidas." Esas son las palabras que para finalizar la entrevista elige el investigador australiano Peter C. Doherty, Premio Nobel de Medicina 1996 por sus trabajos respecto de cómo actúa el sistema inmunológico cuando las células son atacadas por un virus.

Doherty, que en octubre cumplirá 80 años, atendió a La Nación por Zoom una mañana en Melbourne y lo primero que hizo fue preguntar cómo está la situación en la Argentina: el número de casos diarios y el porcentaje de positividad de los testeos. Meneó la cabeza cuando oyó el segundo dato, cercano al 40% (la indicación es que debería ser de alrededor del 10%). Doherty es el autor de Pandemias. Todo lo que necesitás saber (Autoría Editorial), donde ya alertaba sobre la necesidad de cuarentenas estrictas en el caso de que un virus se desparramara por el mundo globalizado. En la agenda de Doherty figuraba este año un viaje a Lindau (en el sur de Alemania) donde cada año desde 1951 se realizan los Lindau Nobel Laureate Meetings con decenas de premiados y cientos de investigadores jóvenes. Como todo en este 2020, el encuentro pasó a modo virtual entre el 28 de junio y el 1° de julio, bajo el título de Online Science Days 2020.

¿Cómo ve la situación actual?

El proceso continúa, la gente se sigue infectando, en algunos países es peor que en otros. Estados Unidos, por ejemplo, está muy mal. Desde luego, también países con menor capacidad de testeo están en desventaja. En Australia casi lo hemos eliminado con una cuarentena (lockdown) temprana y casi no tuvimos transmisión comunitaria, aunque sí un brote en la zona de Melbourne, donde vivo, y tenemos 70 u 80 casos diarios con testeos masivos, del orden de los setenta mil diarios. Algunos de los suburbios de Melbourne siguen en lockdown parcial. Si miramos los números globales, hay un altísimo porcentaje de la población mundial que todavía no se ha infectado. Falta recorrer un largo camino.

¿Todo esto lo sorprendió o de alguna manera era previsible?

No me sorprendió que apareciera, pero sí lo que hicieron con esta crisis algunos países ricos. Es interesante observar la situación en Italia, por ejemplo, donde la pasaron realmente muy mal y aun así no se infectó ni cerca del 60%, que es el número para la inmunidad de rebaño. Pero los números están bajando ahí y me dicen, y esto es solo anecdótico, que los italianos ahora son más cuidadosos, usan barbijos y ese tipo de precauciones. Habrá que ver si hay una segunda ola de invierno en ese país y en España. Hay mucho por comprender todavía acerca de este virus. Lo que aprendemos de lo que el virus nos hace es cada vez más y nos damos cuenta de que es un virus mucho peor de lo que pensábamos.

¿Qué lo sorprendió más? ¿Quizá el hecho de que provoca anosmia (pérdida del olfato)?

La anosmia es interesante, pero no resulta tan sorprendente. Es un fenómeno de la nariz, por supuesto. Y se debe probablemente a la infección de unas células llamadas sustentaculares que ayudan a las células de la nariz que perciben el olor. Creemos que las mismas células del nervio olfatorio no se infectan; sería más peligroso si el virus infectara las células del sistema olfativo y pudiera ir al cerebro. Es interesante que sea la falta de olfato la primera señal de la infección, ya que en influenza u otras infecciones similares la pérdida de olfato se da por la cantidad de mocos. Ahora se da una pérdida del olfato sin mocos. Esto es inusual, es algo nuevo, pero no lo más sorprendente.

¿Y qué es lo más sorprendente?

Lo más pavoroso de este virus es que provoca coágulos y eso genera bajos niveles de oxígeno en la versión letal de la enfermedad. En la gripe lo que mata es la acumulación de líquido en los pulmones, pero acá aparecen pequeños coágulos en el lecho vascular (vascular supply) de los bronquios, que afectan el intercambio de gases. Y tenemos accidentes cerebrovasculares y ataques cardíacos debido a los coágulos. Esto es lo más desagradable, que además puede tener consecuencias de largo plazo. Está claro que el virus queda dando vueltas en la sangre y puede atacar a los riñones, corazón y otros tejidos. Es mucho peor que la gripe en ese sentido.

Todavía hay que conocer el mecanismo por el que produce todo eso, ¿verdad?

En eso están. Hay ciertos aspectos moleculares involucrados. Se están haciendo experimentos en ratones, así que empezaremos a comprender cómo crecen estos coágulos. Probablemente en los próximos seis meses tendremos una razonable comprensión de cómo funcionan.

Se ha hablado mucho de las mutaciones del virus. ¿Cómo está viendo esta situación?

No hay por ahora signos particulares... Es decir, el virus contiene mutaciones como muchos de los virus de ARN y genera una especie de ruta de seguimiento. Son pequeñas mutaciones usadas por investigadores en genómica, que desarrollan un nuevo tipo de epidemiología que permite decir de dónde viene cada virus. Tenemos, por ejemplo, un crucero con un número de infectados que llegó a Australia y podemos seguir ese virus en particular con sus pequeñas mutaciones. Hasta ahora no se ven mutaciones que cambien las propiedades del virus y que haya una cepa que se haga más infecciosa.

¿Cómo ve la posibilidad de conseguir una vacuna pronto?

Creo que hay una buena chance de conseguir una buena vacuna hacia el final de este año o principios de 2021. Muchas están en una u otra fase de ensayos en humanos. Tenemos que darle una vacuna nueva a una enorme cantidad de gente joven que apenas tendrá síntomas o será asintomática, por lo que tenemos que ser muy cuidadosos, garantizar que no produzca ningún daño. Creo que las pruebas están bien encaminadas. Hay que probarlas en zonas de alta incidencia. Esa es la única manera de probarlas, en zonas con mucho virus circulando. A menos que veamos algún problema, se puede ir rápido. Todo en medicina es cuestión de una ecuación entre riesgo relativo y riesgo probable, y el análisis de eso.

¿Rápido significa el año que viene?

Diría que a fines de este año o comienzos del próximo. Depende mucho de cómo se produzcan las vacunas. De algunas de ellas se puede hacer mucha cantidad de manera muy rápida, pero otras son más difíciles de producir y llevan más tiempo. Las mejores posibilidades son usar una estrategia de vacuna con una plataforma ya desarrollada. Si hay un sistema de producción así, se pueden conseguir miles de millones relativamente rápido; si no, llevará más tiempo. Mi suposición es que vamos a tener un conjunto de vacunas a principio del año próximo.

¿La letalidad tan baja del Covid-19 es un problema para el impulso de la vacuna?

Bueno, se sabe que la mortalidad es alta en personas mayores y baja en jóvenes, aunque estos pueden quedar gravemente afectados con secuelas a largo plazo, síntomas y problemas después de la infección. Incluso en los asintomáticos se ha encontrado daño pulmonar. Y quizás haya problemas que aún no hemos advertido. Con la vacuna muchos no tendrán la versión grave de la enfermedad.

Respecto de las reinfecciones, ¿puede ser que no haya inmunidad y que la gente se vuelva a enfermar pero no morir por el coronavirus?

No estoy seguro siquiera de que exista reinfección. Hubo mucha confusión al principio. Creo que lo más posible es que se trate de una infección persistente. Como sea, si hubiera reinfección esperaría que fuera muy suave.

¿Qué opina del uso de plasma de recuperados? En la Argentina hay varios ensayos clínicos en curso.

Sí, aquí también. Diría que en todos lados se está explorando. Es una buena promesa, pero hasta donde conozco, no hay un buen estudio clínico con resultados. Es una opción que vale la pena explorar. La otra son los anticuerpos monoclonales, donde fabricamos un anticuerpo muy preciso que se cultiva en laboratorio y se puede hacer en enormes cantidades. Es muy específico y se le puede dar a gente como profilaxis porque permanece en la sangre mucho tiempo. Pero, como con las vacunas, hay que ser muy precisos en cuanto a seguridad.

¿Cómo ve la situación en América del Sur?

Claramente, no es un buen momento para la región. Brasil la está pasando mal. No sabemos si habrá una baja en verano, que esperemos que sea lo que pase también en el sur de Estados Unidos y la India.

¿Qué opina sobre la performance del sistema científico desde que apareció el nuevo virus?

La ciencia estuvo fantástica. El problema no es la ciencia, que se puso a trabajar en proyectos de vacunas apenas unas pocas semanas después de que investigadores chinos secuenciaran el genoma del virus. Fue en enero y con eso alcanzó como guía para avanzar. El tema son las consecuencias económicas que tenemos en este mundo globalizado. Esta es la primera pandemia real en mucho tiempo. Si bien la gripe de 2009 fue pandémica, una gripe nunca es totalmente nueva, siempre hay algo de inmunidad de otras gripes. La epidemia anterior fue la del VIH-Sida, pero se pudo limitar la diseminación con un cambio de conducta; en este caso no se puede dejar de respirar? Por eso diría que esta es la primera pandemia totalmente nueva desde el siglo XVII. Es toda una experiencia de aprendizaje sobre qué tan vulnerables somos también en lo económico y lo social.

Le planteo un ejercicio más o menos imaginario: ¿cómo cree que será el mundo dentro de un año, en julio de 2021?

Espero que tengamos vacunas ampliamente distribuidas, que se cumpla el compromiso de las Naciones Unidas, que sean a bajo costo y que los países que no puedan pagarlas igual las consigan. En particular la Fundación de Bill y Melinda Gates está haciendo un buen trabajo al respecto. En países como Australia, donde mantuvimos todo bajo control con el cierre de la llegada de aviones y una cuarentena estricta, estaremos quizá en posición de volver a la normalidad antes de que todos estén vacunados, ojalá durante la primera parte del año próximo.

Habrá mucho que reconstruir.

Espero que todos los países reflexionen. Uno de los aspectos a cambiar es que vivimos en un mundo muy injusto. Necesitamos pensar en cómo cambiar eso y reconstruir y mejorar las agencias internacionales. Claramente, tenemos que sacarnos de encima el liderazgo actual de Estados Unidos, que no quiere ser parte de este esfuerzo. Y si no, tendremos que seguir adelante sin ellos, habrá que ignorarlos.

¿Es optimista?

Creo que hay intentar hacer lo mejor posible. En el largo plazo, encaramos una serie de desafíos más peligrosos que el virus, como el cambio climático y la pérdida de biodiversidad. Mi país ha hecho mucho dinero con los combustibles fósiles y sería un terrible error si seguimos haciéndolo. Hay que parar. Hay que pensar en el largo plazo. Pero dudo que los sistemas políticos estén en condiciones de hacerlo. La única manera es que los jóvenes tomen el control, porque ellos entienden lo que pasa y sienten que su futuro está siendo amenazado. Y que hay que sacar al mundo de la codicia y la criminalidad de los que lo llevaron hasta acá.

¿Cree, como otros, que en el fondo esta es una crisis ambiental?

Parcialmente lo es, debido al enorme tamaño de la población, al hambre y a la cada vez más grande explotación de áreas remotas, como selvas y junglas. Por ahora los virus peligrosos vienen de China, pero podrían venir de América del Sur si se destruyen las selvas. La ciencia y las alarmas están ahí. Desde 2000 este es el tercer coronavirus infeccioso después del SARS y el MERS, que eran mucho más mortales. El Covid-19 es mortal en quizás 1% o menos, contra el 10% (SARS) y el 30% (MERS). Es el tercer virus de murciélagos que pasa a humanos en veinte años y tuvimos además la gripe A de un cerdo. Con los viajes internacionales masivos y cruceros, que básicamente son incubadoras de enfermedades infecciosas, estamos generando las condiciones para estas pandemias.

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