
Bob Marley, el último faraón
¡Ahhh, las falucas! Mientras las velas de los barcos de todo el mundo han sucumbido a la modernidad incorporando materiales sintéticos multicolores, en los maravillosos veleritos populares en el sur de Egipto siguen siendo de algodón blanco inmaculado. O al menos lo eran hasta hace dos semanas cuando, de pronto, varias embarcaciones empezaron a circular con una cara gigante estampada en sus velas. La de Bob Marley.
En Etiopía se realizaba el concierto en honor del músico reggae y figura clave del movimiento rastafari, y los habitantes de esta ciudad en el límite con Sudán se sentían parte de la celebración. Después de todo, el culto rastafari tiene sus orígenes en el valle del Nilo y deriva su nombre del dios egipcio del sol y la vida, Ra.
Marley, como los antiguos egipcios, creía en la vida después de la muerte. Entonces, aseguran los "faluqueros" fanáticos del cantante caribeño, toda la disputa que está armando su viuda, Rita, al sugerir que sus restos sean trasladados a Africa, no tiene demasiado sentido. "Aunque Bob le haya dicho que es en este continente donde quería pasar el resto de su vida, esto no se limita a la vida que tuvo entre 1945 a 1981. Marley sigue existiendo a través de su alma -o Ka para los antiguos egipcios- que está en Africa y en todas partes a través de su música. Dónde esté el cuerpo no importa nada", explicó el guía del barquito que llevaba a esta periodista.
El muchacho (que, si bien entretenía a los extranjeros con música local, aseguró que su pasión era obviamente el reggae), asimiló el caso de Marley nada menos que al de Tutankamón. "Murió más o menos a su misma edad y también sigue viviendo. Al menos, lo suficiente como para traernos turistas", concluyó.





