Borges y Cervantes inventaron al autor de Don Quijote

Silvia Hopenhayn
Silvia Hopenhayn PARA LA NACION
(0)
22 de abril de 2016  • 01:28

Este año se conmemora el IV Centenario de la muerte de Miguel de Cervantes, el creador de la novela más moderna, deliciosa, infinita y humana de la lengua castellana (considerada la primera novela moderna de la historia de la literatura). Es como si en ese momento, en los comienzos del siglo XVII, hubiera despuntado una forma de escribir las ganas de estar viviendo, y al mismo tiempo, de nombrar la existencia a través de lo más deseado y repudiado de la misma. ¿De qué manera? Haciéndose un nombre: Don Quijote; inventando una "señora de sus pensamientos", Dulcinea y "ensartando disparates", entre otras cosas, para deshacer la autoridad de los libros de caballerías.

Todo eso ocurrió en una celda. Supuestamente, Cervantes fue encarcelado tras la quiebra del banco donde depositaba la recaudación de impuestos de la que era responsable, y al hallar varias irregularidades en la cuenta, lo dejaron tres meses en la Cárcel Real de Sevilla (cualquier comparación con nuestra época no sólo es mera coincidencia, sino que presenta abismales diferencias de espíritu.). En la cárcel, Cervantes pudo haber "engendrado" a Don Quijote. Una pena mínima para un libro máximo. El cumplimiento de una condena puede llegar a ser la realización de la mejor obra… Al menos es lo que se deslinda del Prólogo, dirigido con increíble actualidad a un desocupado lector. Dice así: "Desocupado lector... quisiera que este libro como hijo del entendimiento, fuera el más hermoso, el más gallardo y más discreto que pudiera imaginarse. Pero no he podido yo contravenir a la orden de la naturaleza que en ella cada cosa engendra su semejante. Y así, ¿qué podía engendrar el estéril y mal cultivado ingenio mío, sino la historia de un hijo seco, avellanado, antojadizo y lleno de pensamientos varios, bien como quien se engendró en una cárcel, donde toda incomodidad tiene su asiento y donde todo triste ruido hace su habitación?".

2016: Trigésimo aniversario de la muerte de Borges/ IV Centenario de la de Cervantes

Este primer asomo del Quijote, no será su único nacimiento. ¿Cuántos autores o padres le siguieron? Al menos tres: Cide Hamete Benengeli, Avellaneda y... Pierre Menard.

La historia de estos tres autores es insólita. La del primero es un increíble ejemplo de libertad narrativa y eso que Cervantes lo ideó tras las rejas: al final del capítulo VIII, el narrador no sabe cómo continuar escribiendo las andanzas de Don Quijote y sin embargo "no desespera en hallar el fin de esta apacible historia, el cual, siéndole el cielo favorable, le halló del modo que se contará en la segunda parte." Y aquí llega el célebre capítulo IX (que retoma Borges en su cuento "Pierre Menard, el autor del Quijote"), cuando aparece un muchachito vendiendo unos papeles viejos, escritos en caracteres arábigos, que contienen nada menos que la historia de Don Quijote, de un tal Cide Hamete Benengeli, historiador arábigo. O sea que Cervantes inventa una historia donde llegado el capítulo VIII, el "autor" no sabe cómo continuarla y la encuentra completa y ya publicada en una mesa de saldos... ¡escrita en otro idioma! (Y eso que la novela recién empieza... ). Es tan moderna que parece de un siglo venidero.

El otro autor es Alonso Fernández de Avellaneda, apócrifo creador del Segundo Quijote publicado en 1614, un año antes de la "verdadera" segunda parte del mismísimo Miguel de Cervantes, quien podría haberlo demandado por plagio, al menos en nuestra legislación; en vez, con muchísima más gracia, delegó esa tarea a su propio personaje, Don Quijote, quien en varias oportunidades a lo largo de la novela, ¡desmentirá su parecido con el otro, el falso Quijote de Avellaneda!

Nos queda el autor argentino del Quijote, inventado nada menos que por Jorge Luis Borges, de quien también se conmemora este año el 30 aniversario de su muerte. Me refiero a su cuento "Pierre Menard, autor de El Quijote". En ese mismo capítulo IX, aparece la célebre frase que traslada Borges a su cuento: "La verdad, cuya madre es la historia, émula del tiempo, depósito de las acciones, testigo de lo pasado, ejemplo y aviso de lo presente, advertencia de lo por venir." Pierre Menard la escribe exactamente igual, pero en otro tiempo, por lo tanto, su lectura es distinta y eso cambia también El Quijote.

Los invito entonces a leerlo en estos tiempos, para seguir inventando la vida con palabras, y como sugiere el prólogo cervantino, para que "el melancólico se mueva a risa, el risueño la acreciente, el simple no se enfade, el discreto se admire de la invención, el grave no la desprecie, ni el prudente deje de alabarla."

ADEMÁS

MÁS leídas ahora

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.