Brasil se desprende de los médicos cubanos y México ahora coquetea con ellos
Hasta no hace mucho, unos 8300 médicos cubanos trabajaban en Brasil prestando allí sus servicios. Habían sido convocados para ello, en su momento, por los gobiernos de Lula da Silva y Dilma Rousseff. El programa se denominaba, muy gráficamente, "Mais Médicos".
No obstante, el presidente electo, Jair Bolsonaro, en uno de sus primeros anuncios de política exterior, dijo, sin rodeos, que discontinuaría el referido programa. Salvo que los profesionales cubanos: (i) recibieran íntegramente sus sueldos; (ii) aceptaran permanecer sólo tres años en Brasil; y (iii) revalidaran allí, como cualquiera, sus respectivos títulos universitarios.
Ni lerda ni perezosa, ante ese claro anuncio y seguramente con el propósito de evitar problemas, Cuba declaró que esos requerimientos eran inaceptables y comenzó a retirar, rápidamente, sus médicos del territorio del Brasil. Unos 3000 de ellos ya han regresado efectivamente a Cuba.
La contratación de los médicos cubanos era absolutamente indigna. En un principio, Cuba pidió a Brasil que le pagara 8000 dólares mensuales por cada médico que enviaba y, pese a ello, terminó cerrando en la mitad. Esto es, en unos 4000 dólares por mes por cada médico expatriado.
Pero lo absolutamente indigno era que, de ese importe, cada médico cubano recibía apenas unos 1000 dólares, parte de los cuales, eran además depositados en una cuenta bancaria en Cuba, de modo de cubrir la eventualidad de que, de pronto, alguno de los galenos decidiera no regresar a Cuba y, eligiendo la libertad, prefiriera quedarse a vivir en el Brasil o en otra parte, exponiéndose así a que los importes que ya habían sido depositados en su cuenta en Cuba fueran entonces confiscados por el gobierno cubano.
Brutal e inhumano, como mecanismo, pero seguramente efectivo. Indigno, por demás, recordando que la dignidad de la persona humana es sumamente trascendental desde que conforma nada menos que los cimientos sobre los que se asientan los derechos humanos.
Por esto, Jair Bolsonaro -privilegiando correctamente la dignidad misma del ser humano y sosteniendo, de paso, que hay médicos brasileños que pueden rápidamente cubrir el bache y reemplazar a sus colegas cubanos- anunció sin rodeos de ningún tipo que discontinuaría velozmente el mencionado programa cubano de "asistencia médica" a Brasil, generando la inmediata huida de muchos de los médicos cubanos, la que comenzó a concretarse el 14 de noviembre pasado.
Hasta allí lo recientemente sucedido en el capítulo brasileño de esta insólita historia. Pero acaba de abrirse un nuevo y sorpresivo capítulo: el mexicano.
Andrés Manuel López Obrador, el nuevo presidente de México, estaría reservadamente negociando su pronto "reenvío" a México. En condiciones similares a las que tenían cuando se desempeñaron en Brasil. El gestor sería nada menos que Lázaro Cárdenas Batel, el exgobernador de Michoacán y hoy coordinador de asesores de López Obrador. Cárdenas Batel –cabe señalar- estudió en Cuba y está casado con una cubana. En la intermediación de este algo ríspido tema se menciona también al excanciller de Brasil Celso Amorín, un hombre experimentado que goza ciertamente de la confianza de Cuba.
En el avance burocrático del tema se menciona que, por razones de austeridad, la contratación de los cubanos podría permitir prescindir completamente de los médicos locales, que son bastante más caros que los que podrían en cambio importarse desde Cuba. Una vergüenza, entonces, como tantas.









