
Brevísimos cuentos fantásticos
Por Orlando Barone
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Según Gabriel García Márquez, el cuento más corto que leyó es el del guatemalteco Augusto Monterroso y es éste: "Cuando desperté, el dinosaurio todavía estaba allí".
Actualmente hay muchos cuentos cortos argentinos, aunque de mayor valor literario. Este es uno de ellos: "Cuando desperté, todavía la Argentina estaba allí". Hay uno muy cruel que dice: "Cuando desperté, todavía Cavallo estaba allí". En este caso, el despertar de la primera persona corresponde a Machinea. Decir: "...los senadores todavía estaban allí" remite a cuento del café Varela-Varelita. Otros sonarían así: "Cuando desperté, Maradona todavía estaba en Almagro", situación únicamente posible si el durmiente se despertara enseguida.
Ese "todavía estaba" que escribe Monterroso señala el paso del tiempo y el congelamiento de la escena anterior al sueño. El de alguien que se duerme por siglos o milenios y al despertar se encuentra con que el monstruo amenazante todavía está allí al acecho. Como antes de haberse dormido. En los Estados Unidos, los Bush pasarían a ser ese dinosaurio eterno: la democracia "más democrática" tiene familias especializadas en fabricar presidentes. Así como hay otras especializadas en fabricar hispanos pobres. "Cuando desperté, los Bush todavía estaban allí".
A diferencia del dinosaurio, animal presuntamente carnívoro y a veces hervíboro, el bestiario económico contiene ejemplares brutalmente omnívoros y capaces de comerse todo; hasta a ellos mismos con traje de negocios y reloj caro incluido. Para este menester y para retardar la propia antropofagia lanzan promesas de prosperidad general que se comen enseguida y vuelven a inventar otra que tiene igual destino. Las promesas son cada día más cortas y los que presuntamente deberían creérselas, son cada vez más pobres.
Pero también se podrían escribir cuentos cortos con animales bellos, como aquél de la Antología de la literatura fantástica compilada por Borges, Bioy Casares y Silvina Ocampo. El cuento dice: "Chuang Tzu soñó que era una mariposa. Al despertar ignoraba si era Tzu que era una mariposa o si era una mariposa y estaba soñando que era Tzu". Si fuéramos vulgares cambiaríamos el nombre del soñador y el objeto del sueño, y diríamos: "Un excluido pobre soñó que era un incluido rico. Al despertar ignoraba si era un excluido pobre que era un incluido rico, o si era un incluido rico que soñaba que era un excluido pobre". Es obvia la moraleja de este cuento: si se obligara a soñar este sueño a los incluidos ricos, se darían cuenta realmente del inconveniente de ser excluidos pobres. Aunque con tal de no arriesgar su status un incluido rico sería capaz de despertarse en la mitad del sueño y darle una limosna al excluido pobre para que se vaya de vuelta a la calle y él poder seguir durmiendo sin soñar nada.
Hay muchos cuentos cortos inolvidables que sucedieron realmente y, sin embargo, se consideran irreales: el del traslado de la capital a Viedma y el de investigar hasta las últimas consecuencias; el de la valija vacía de Amira, el de la valija llena de la SIDE, y el de la valija sin fondo; el de dejar de robar dos años, el de Duhalde presidente, el del aeropuerto de Anillaco, el del adiosito a Santibañes, etcétera.
Y está ese cuento recurrente en boca de mitómanos imberbes criados a chateo , a celular, a Prosac y a comida diet . Mirando el globo terráqueo de acrílico, donde se lee que la mitad de la población sufre de hambre y la otra de colesterol, dicen: "Habrá reactivación en el segundo semestre. Si es que no hay factores internacionales negativos". Lo del segundo semestre es un comodín que sirve para todos los años, ya que en todos hay segundos semestres.
Además siempre, en cualquier parte del mundo, habrá algún factor negativo que justifique el colapso nativo.
Antes, el índice de bienestar de la sociedad surgía de la alimentación, de la salud y de la educación; ahora surge del crecimiento de las llamadas desde teléfonos celulares. Aunque se omite, por pudor patriótico y humano, calificar el contenido de las conversaciones. Hay un cuento para eso: "Cuando me desperté, todavía el teléfono era de Entel". El efecto en este caso es tan desagradable como el de volver a ver el dinosaurio.
Pero hay cuentos económicos tan increíbles que ni siquiera encajan en el género fantástico. La literatura provee fuentes apropiadas: "¿Qué es un fantasma?", preguntó Stephen. Un hombre que se ha desvanecido hasta ser impalpable, por muerte, por ausencia, por cambio de costumbres", escribía James Joyce en Ulises . La definición podría referirse a un desempleado afantasmado que, como tantos, es declarado objetiva y técnicamente inviable. Un piquetero incorporado al plan Trabajar, de cuatro dólares por día, deja de ser un fantasma inmóvil para seguir siéndolo moviéndose. Un técnico no consideraría a ese hombre en la estadística del desempleo.
Tampoco consideraría desempleado al tipo que un solo día al mes nos cortó el ligustro de la quinta por cinco pesos.
En el libro Botánica del caos , Ana María Shua relata este breve cuento: "Ingenioso instrumento mide la intensidad de las emociones. La alegría es porosa, la pena tiene alto peso específico, la ira arranca el instrumento de las manos del técnico y se lo rompe en la cabeza, con justa razón".
Acaba de ocurrírseme éste, aunque todavía no lo he registrado: "Cuando me desperté, la vida todavía estaba allí".
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