
Calvino y el origen del capitalismo
Por Indro Montanelli
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Milan.- HACE unos meses atribuí en un artículo la fundación del capitalismo a la reforma protestante de Calvino. Lo publiqué a raíz del ensayo de Luciano Pellicani "Sobre la génesis del capitalismo". Prometí leerlo con atención y exponer mis conclusiones. Ahora, un lector, miembro de la Iglesia valdense, me recuerda mi compromiso.
Cuando tuve en mis manos el ensayo, me di cuenta en seguida de que no era un libro para leer en un fin de semana. Por eso retrasé la lectura hasta las vacaciones estivales, en las que todavía estoy inmerso. El capítulo que más me interesaba, sobre "el mito weberiano del calvinismo", no sólo lo he leído, sino también meditado en mis solitarios y largos paseos por la montaña y he de confesar que me ha convencido.
Weber, o mejor, el primer Weber, realmente forzó la interpretación del calvinismo como padre e inspirador del capitalismo, que yo acepté de una forma acrítica, aunque conocía también el pensamiento de Sombart y de Ranke sobre este punto. No insisto en esto y no entro en detalles para no darme un aire de experto, que, desde luego, no soy. Y vengo a las conclusiones.
Modelo severo y austero
Pellicani tiene razón cuando dice que en toda la predicación de Calvino no se encuentra un solo pasaje que confirme las afirmaciones del primer Weber (que después las reformó), según las cuales fue Calvino quien dio un fundamento ético y religioso a la revolución capitalista. Pero yo sigo convencido de que fue él, incluso sin quererlo, quien la provocó, proponiendo y también ordenando a sus seguidores un modelo de vida severo y austero, que fatalmente conducía a la acumulación del ahorro, y de este punto al capitalismo, aunque estuviera todavía muy lejos de convertirse en categoría económica y social.
El católico que se hacía rico con la banca y el comercio (los Médicis, por ejemplo), ¿cómo invertía su dinero? En su palacio, en el mecenazgo, en los títulos nobiliarios y en la conquista de los más altos cargos, sobre todo los eclesiásticos, incluido el mismo papado. El calvinista que se hacía rico, en cambio, seguía viviendo en una casa segura y cómoda, pero carente de adornos suntuosos, sin pinturas de Rafael o de Tiziano en las paredes. Este calvinista, además, frecuentaba unas capillas igualmente austeras, en las que oficiaban unos "pastores" sin jerarquías que escalar a base de pompas y de ritos fastuosos. ¿No es éste el clima en que nace y en que se desarrolla la nueva clase social de la burguesía capitalista, la de los Fugger y de los Buddenbrok, por ejemplo?
Bajo su signo
Creo que Pellicani tiene razón cuando dice en su obra que Calvino no había previsto ni deseado este desarrollo. Pero que este desarrollo se produce bajo el signo de Calvino y como consecuencia, aunque sea involuntaria, de su ética, me parece una afirmación indudable. No lo digo por defender una tesis mía, que además no es mía, sino que, como es sabido, pertenece a Max Weber.
Yo procuro estar siempre dispuesto a reconocer mis errores. Y también esta vez admito haber cometido uno haciendo descender el capitalismo directamente de Calvino. Pero me parece que una relación de causa y efecto, aunque sea indirecta, sí que la hubo. Y todavía querría añadir, para ser totalmente sincero, una cosa que al lector que me ha escrito sobre este punto, como miembro de la comunidad reformada valdense, quizá no le gustará. Yo, que me considero un católico rebelde, digo todo esto sin nutrir ninguna simpatía, en el plano humano, hacia la figura de Calvino (siento mucha más simpatía por la de Lutero).
Lamento que Italia no haya tenido en su historia un Calvino. Habría acabado, con toda seguridad, en la hoguera. Pero si hubiera podido escapar de ella, estoy seguro de que mi país habría sido diferente.




