Cambios en la lengua, un tema "delicado"

Graciela Melgarejo
Graciela Melgarejo LA NACION
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20 de junio de 2011  

Idealmente, el lenguaje puede ser "asaz misterioso", como escribió Borges en el prólogo de su libro Los conjurados (Alianza Editorial, 1985): "Escribir un poema es ensayar una magia menor. El instrumento de esa magia, el lenguaje, es asaz misterioso". En la práctica, y con los inevitables cambios que ha de sufrir cada lengua a lo largo de su historia, se transforma muchas veces en un frustrante rompecabezas.

Hace unas semanas, en un programa de radio de la tarde, su conductor se preguntaba por qué en un aviso habían usado la palabra "desapercibido" cuando él sabía muy bien que lo correcto en español era usar "inadvertido". Treinta años atrás, el locutor hubiera tenido razón. Hoy, puede usarse "desapercibido" en "pasar desapercibido" sin experimentar ningún sentimiento de culpa. El Diccionario Panhispánico de D udas le da el espaldarazo de bienvenida en la entrada correspondiente: "desapercibido, da . 'Inadvertido o no percibido'. Hoy se emplea casi exclusivamente en la expresión pasar desapercibido ('no ser notado o percibido'), tomada del francés en el siglo XIX: «La ley pasó desapercibida en aquel momento» ( Abc [Par.] 6.10.00)". Hacia el final del artículo, se destaca este concepto: "Aunque tradicionalmente censurado por galicista, se ha asentado durante los dos últimos siglos y forma parte hoy de la norma culta. Esta moderna acepción también está legitimada por el uso de apercibir como 'percibir' o de apercibirse como 'darse cuenta'".

Es decir, entonces, que estamos ante otro galicismo ganado para la causa del español. Probablemente, muchos recordarán que hace ya también bastantes años ocurría lo mismo con "banal". Banal era, se suponía, un galicismo fácilmente reemplazable por "trivial, común, insustancial" (la definición, sinonímica, es del Diccionario de la RAE). Los que venían recitando con deleite y empeño esos versos de "Sonatina" (1893), de Rubén Darío, "Parlanchina la dueña/ dice cosas banales", estaban dentro de la más flagrante incorrección lingüística. Nada importaba que sonaran tan bellos.

Hace días apenas, Fundéu transmitía a través de la red social Twitter que "lo apropiado en español es hablar de temas delicados y no de temas s ensibles.

"Es común -continuaba Fundéu- que los medios de comunicación, cuando abordan determinados asuntos relacionados con el ámbito social, político o económico, se refieran a ellos como temas sensibles : «Probablemente, pese a ser un tema sensible, la masa social lo entenderá»; «La coreografía plantea un tema sensible: la migración ilegal»; «Es un tema sensible, no solo para la salud laboral. También afecta a la productividad». El Diccionario P anhispánico de Dudas señala que es incorrecto el uso de sensible o de sensitivo como equivalente de delicado , al referirse a un asunto o una situación."

Y agrega el DPD , tanto para sensitivo como para sensible, que esos son "sentidos calcados del inglés sensitive " y, por lo tanto, "rechazables".

No lo trae el DPD , pero no estaría mal que incluyera, si hay una nueva versión, este ejemplo perfecto de uso de sensitivo ('dotado de sensibilidad o capacidad de sentir') en nuestra lengua: "Dichoso el árbol, que es apenas sensitivo,/ y más la piedra dura porque esa ya no siente, pues no hay dolor más grande que el dolor de ser vivo,/ ni mayor pesadumbre que la vida consciente". Estos versos también pertenecen a Darío; son del poema "Lo fatal" (1901).

En su discurso de recepción del Premio Cervantes, en 1979, Borges dijo: "El lenguaje es nuestra tradición. El escritor tiene una desventaja: el hecho de tener que operar con palabras, y las palabras, según se sabe, son una materia deleznable. Las palabras, como Horacio no ignoraba, cambian de connotación emocional, de sentido". Quizá sensible en el sentido de delicado no tenga que aguardar dos siglos, como banal, para que su uso sea considerado "apropiado".

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