
Carla del Ponte: "Los bancos suizos no quieren plata sucia"
A Carla del Ponte le ha tocado investigar algunos de los procesos más calientes de las últimas décadas, como los crímenes en la exYugoslavia, las cuentas bancarias ocultas de Astiz y Bussi, el lavado de dinero de la mafia italiana, los carteles de la droga mexicanos, entre otros. Hoy embajadora de Suiza en nuestro país, dice que está dispuesta a colaborar con la Argentina en las causas de derechos humanos y asegura que los tiempos han cambiado y que los bancos de su país ya notienen nada que ocultar
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"Soy positiva y fatalista a la vez", dice con una amplia sonrisa la embajadora de Suiza en la Argentina Carla del Ponte, desde su sobria oficina situada en la avenida Santa Fe. La frase parece una broma pero está lejos de serlo. Es que no se comprenderían esas palabras si no vinieran de esta mujer de 61 años nacida en Ticino, al sur de los Alpes, que dedicó buena parte de su vida a enjuiciar a dictadores de la ex Yugoslavia, a perseguir a jefes de carteles de la droga de México y a abrir las cuentas bancarias secretas de militares argentinos.
Del Ponte es fatalista y positiva por experiencia propia: varias veces se salvó de un atentado y no son pocas las amenazas que sufrió por su trabajo como fiscal. Por eso, cuando LA NACION le pregunta si alguna vez temió por su vida, responde sin titubear: "No, nunca tuve miedo porque un día u otro todos nos vamos a morir, si no es por una enfermedad será por otra cosa. Además, no se puede trabajar con miedo. Cuando me ocupé de la Justicia, tuve que dejar de lado esa emoción. Me convertí en positiva y fatalista", explica en francés la flamante embajadora, que también habla italiano, inglés y alemán.
Predispuesta a hablar del tema de los juicios a militares argentinos, Del Ponte dice que no sólo está dispuesta a hablar de ello sino también a ayudar a la justicia y al Gobierno. De hecho, esta ex fiscal se hizo conocida en nuestro país hace cincos años cuando permitió la apertura de las cuentas bancarias en Suiza de los militares Ricardo Bussi, Jorge Acosta y Alfredo Astiz. Ahora ocupa la embajada de Suiza en Buenos Aires. Llegó hace menos de un mes, no habla español y este es su primer destino diplomático. En rigor, Del Ponte es una rara avis en el mundo de la diplomacia: proviene de la Justicia. Realizó estudios de derecho en las Universidades de Berna y Ginebra; fue fiscal general del Tribunal Internacional para Crímenes de Guerra de la ex Yugoslavia, con sede en La Haya -donde conoció a su par argentino, Luis Moreno Ocampo, de quien se hizo muy amiga- y se desempeñó como Procuradora General de la Confederación Suiza, entre otras cosas.
Sin embargo, la flamante embajadora -que en los últimos días se entrevistó con el jefe de Gabinete Alberto Fernández y con el ministro de Justicia, Aníbal Fernández, y espera continuar la ronda de diálogos en la Justicia y en el Congreso- habla ciudadosamente de la política argentina, como lo haría cualquier diplomático, y lo enfatiza: "La justicia internacional aprendió mucho de la diplomacia".
A fines de los años 80, una investigación conjunta con el juez italiano Giovanni Falcone le permitió a Del Ponte descubrir importantes conexiones entre el tráfico de drogas en Italia y el lavado de dinero en Suiza. El caso derivó en un severo conflicto con la Cosa Nostra y allí recibió el peor de los sustos: la policía local encontró media tonelada de explosivos ocultos en los cimientos de su casa de Palermo. Del Ponte tuvo suerte. El juez Falcone, en cambio, fue asesinado cuando un artefacto hizo estallar su vehículo.
Del Ponte realizó más tarde una profunda investigación de los carteles de la droga mexicanos y ordenó la confiscación de más de 100 millones de dólares a Raúl Salinas, el hermano del ex presidente de México. También implicó al ex presidente de Rusia Boris Yelstin en un escándalo financiero. Pero estas no fueron las únicas personalidades que Del Ponte tuvo en la mira.
En los años 80, tuvo un fuerte enfrentamiento con los bancos suizos por la apertura de cuentas. Hoy, esta ex fiscal y embajadora cree que los tiempos cambiaron. Está convencida de que su país se modernizó en ese sentido y de que la banca ahora ya no tiene la mala fama de guardar dinero sucio. "Los bancos suizos no tienen ningún interés en manejar plata sucia, eso se lo puedo asegurar. Ya tienen demasiado trabajo con dinero limpio y hay una legislación muy estricta en este tema. Los bancos son los primeros interesados en que ingrese dinero limpio y en restituir el dinero mal habido", dice Del Ponte.
-Pero hubo fuertes peleas entre los bancos y la Justicia por este tema.
-Ese fue un tema de polémica en los años 80, cuando había una visión negativa contra los bancos y había mucha oposición por ello. Pero los tiempos cambiaron.
Crimen y castigo
Hacia 1999, Del Ponte acusó desde el Tribunal Internacional al ex presidente de Yugoslavia Slobodan Milosevic (que moriría en su celda unos años después), acusado de un amplio listado de asesinatos y violaciones a los derechos humanos. Pero, para Del Ponte, Milosevic no fue el único ni el más importante de los jerarcas yugoslavos enjuiciados. "Todos los investigados fueron muy importantes. Tenían la responsabilidad política y militar de esos crímenes. Milosevic era muy importante porque era la primera vez que se llevaba a un ex presidente a una Corte internacional", asegura la embajadora de Suiza.
-¿Cree que la independencia de Kosovo ayudará a avanzar en los juicios internacionales por violación a los derechos humanos en esa región?
-La independencia de Kosovo es un momento delicado para Belgrado y la cooperación con el Tribunal, en particular, en lo referido al arresto de los fugitivos. Ya en otoño de 2007, las autoridades en Serbia nos habían informado que, con la declaración de independencia, dar con Mladic (otro de los jerarcas de aquella época acusado de violación a los derechos humanos) resultaría más difícil. Así, habrá que esperar que Belgrado siga cooperando con el Tribunal y que la comunidad internacional siga presionando a Serbia para que brinde información sobre los acusados aún escondidos al Tribunal de la Haya.
-Usted dijo hace un tiempo que su mayor recelo es que la política se imponga a las decisiones de la justicia. ¿Esto lo dijo por algún caso en especial que investigó?
-Sí, yo dije esa frase. En el plano internacional, el fiscal de un tribunal penal internacional no tiene policía judicial para llevar a cabo las investigaciones y depende de las autoridades de cada lugar; esas investigaciones dependen del interés político. En Belgrado, por ejemplo, no tienen interés, y por eso hoy siguen evadiendo estas investigaciones.
-¿Es decir que la investigación depende de la intención política que tenga un gobierno?
-A nivel internacional, es el fiscal el que abre la investigación, pero quien tiene que hacer la investigación es la policía local. En Belgrado, cuando necesitábamos información del Consejo de Seguridad y Defensa, nos la negaron; nunca nos la quisieron dar.
Militares argentinos en la mira
Más de un militar argentino enjuiciado por delitos a los derechos humanos en la dictadura recuerda muy bien a Del Ponte. Hacia 1998, era fiscal en Suiza y, por pedido de la justicia argentina y la española, abrió las cuentas de Bussi y más tarde las de Astiz y Acosta. Los trámites para llegar a ese proceso fueron extensos y engorrosos. Pero Del Ponte se ajustó a la ley de su país y hoy cree que "la legislacion en Suiza es muy precisa: autorizan el acceso a la información siempre que haya un procedimiento penal en curso, en materia de cooperación internacional. Suiza es abierta siempre que se aplique la ley, no es una cuestión de flexibilidad", dice.
-Pero hubo casos en los que Suiza se negó a dar información de cuentas bancarias secretas de gente enjuiciada en el país ¿No cree que siempre hubo cierta resistencia de Suiza a dar esa información?
-Cuando hay un procedimiento penal, Suiza siempre está dispuesta a dar información.
-Parece que los jueces asumieran posturas encontradas. Por ejemplo, Baltazar Garzón, en España, está enjuiciando a los militares argentinos y los jueces argentinos reclaman a esos mismos militares para que sean enjuiciados aquí. ¿Qué cree que se debería hacer al respecto?
-Yo conozco desde hace mucho tiempo a Garzón, que es amigo mío. El abrió investigaciones porque las víctimas eran ciudadanos españoles, por lo tanto, creo que España tiene jurisdicción para investigar esto. Es verdad que el principio es que la nación involucrada debe ser la responsable de llevar adelante los juicios en su territorio. Si un magistrado abrió una investigación en su país por ciudadanos de su país no tiene sentido que esa misma causa sea abierta en la Argentina. Pero más allá de todo eso, lo importante, en definitiva, es que alguien se ocupe del tema.
-Como especialista en criminalidad financiera, ¿en qué medida cree que la apertura de cuentas de Bussi o de Astiz puede ayudar a incriminar a este tipo de gente en otros delitos?
-Le puedo decir que los datos financieros son muy importantes para determinar el marco de responsabilidad criminal de las personas investigadas. También es importante para poder devolverles ese dinero a los países.
- ¿Cómo podría colaborar usted en los procesos que se realizan hoy en Argentina?
-Pienso que podría aportar mi experiencia como fiscal, sobre todo en materia de derechos humanos, y por eso me pongo a disposición del gobierno argentino, si es que quieren aprovechar mi experiencia. En cuanto al tema de los derechos humanos, por ejemplo, puedo asesorar sobre cuáles son las vías legales para atender este tema y cómo trató la comunidad internacional los crímenes de la ex Yugoslavia.
-¿Cree que la Argentina quiere ir a fondo en este tema?
-Pienso que sí. Por las declaraciones de la Presidenta y funcionarios del gobierno, así como de los jueces, se ve que tienen un fuerte deseo de investigar a fondo este tema que es muy sensible en la Argentina.
Pero por el momento, Del Ponte no se trazó objetivos concretos para su nuevo trabajo como embajadora en la Argentina. "Todavía estoy conociendo el país y visitando gente. Con la Argentina tenemos una excelente relación. No veo que vayamos a tener inconvenientes", finaliza. Después de todo, esta ex fiscal convertida en diplomática es "positiva" y sólo se pone fatalista cuando el horizonte se vuelve muy oscuro.
El perfil
Años de estudio
Carla del Ponte nació en Lugano, cantón del Tichino, en 1947. Está divorciada y tiene un hijo. Realizó estudios de derecho en las Universidades de Berna y Ginebra. Obtuvo su diploma de abogada y escribana en 1972.
En carrera
En 1993, fue designada Procuradora General de la Confederación Suiza. En 1999, el Consejo de Seguridad de la ONU la designó Fiscal General del Tribunal Internacional para Crímenes de Guerra de la ex Yugoslavia, con sede en La Haya. Su mandato finalizó en diciembre de 2007.





