Carlos Castagneto, fiel custodio de la caja K para política social

Mano derecha de Alicia Kirchner en el Ministerio de Desarrollo, este ex arquero profesional hoy tiene el control administrativo de 14.000 millones de pesos y es uno de los ideólogos del Plan Argentina Trabaja, programa de cooperativas clave para 2011 Juan Pablo Morales LA NACION
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19 de septiembre de 2010  

Una tarde del 91 Carlos Castagneto sintió que se moría. Todavía atajaba en Sporting Cristal, el equipo más poderoso de Perú. Salió a cortar un pase largo, lejos de su arco, hasta que un jugador rival intentó ganarle la pelota de un salto. Chocaron sin freno. Los tapones del delantero peruano terminaron clavados entre las costillas del arquero, que dio una vuelta en el aire, cayó en el pasto y no se levantó más. No podía respirar. Le gritó llorando desde el suelo a un compañero: "Negro, me muero". Aquella noche la pasó en un hospital, conectado a un respirador, con tres costillas rotas y un neumotórax. Estuvo 21 días en terapia intensiva. Se recuperó sólo tres meses después.

La carrera deportiva de Castagneto tuvo esa noche un quiebre inesperado. Le costó salir del shock de la lesión. En Perú terminó sintiéndose solo. Buscó una última oportunidad en un equipo chileno. Duró poco. Cansado y dolorido, volvió a La Plata con su familia. Había decidido dejar el fútbol. Tenía 32 años. "Voy a dedicarme a los números", le anunció entonces a su esposa, con su segundo hijo en brazos. A los 18 años, cuando aún era una joven promesa en Gimnasia y Esgrima de La Plata, había empezado a estudiar, en los tiempos libres, Ciencias Económicas. Le dieron el título de contador el mismo año que fue la figura del ascenso con el club platense, en 1984. Jamás pensó aquel joven Castagneto que iba a empezar a ejercer sólo ocho años después.

Tampoco imaginó que su paso por el fútbol terminaría abriéndole las puertas del Estado. Y mucho menos que, dos décadas después, sería la mano derecha de la hermana ministra de un presidente patagónico. Hoy, aquel arquero de antaño sigue en el poder, con Cristina Kirchner como Presidenta. Es uno de los administradores silenciosos de una de las cajas más cuantiosas del Gobierno: 14.000 millones de pesos del presupuesto del Ministerio de Desarrollo Social, que comanda Alicia Kirchner, su jefa política.

A punto de cumplir 50 años, es además el principal arquitecto de la implementación de varios planes oficiales, sobre todo el programa de cooperativas Argentina Trabaja, uno de los lanzamientos más ambiciosos y polémicos del oficialismo, con el cual Néstor Kirchner pretende apuntalar sus ambiciones de mantener viva la llama de su proyecto político más allá de 2011. Convertido en funcionario clave, cultivó fidelidad extrema con bajo perfil, hasta llegar a concretizar su nuevo sueño: entrar en la política partidaria. Sin historia militante, formado primero por el deporte y después por la carrera en la administración pública, ahora es un sorpresivo alfil oficialista que, como a otros miembros del Gobierno, amigos y enemigos suelen darle un calificativo curioso: "Soldado de la causa".

Castagneto escucha en silencio el sobrenombre, hundido en su sillón del piso 18 del ministerio. Después aclara: "Yo siempre voy a hacer lo que el proyecto me pida. Si soldado significa eso: sí, soy un soldado". Ocupa cada día un despacho amplio, con vista a la calle. Hace siete años que trabaja en el mismo lugar. Tiene un escritorio de vidrio, varios sillones y una mesa de reuniones. El lugar está atiborrado de cuadros de Evita.

Amable y de pocas palabras, Castagneto pasa hasta 15 horas diarias en su trabajo. Sabe que así construyó su carrera. Detrás del sillón que ocupa tiene lo que hoy considera más importante: una foto de Néstor y Cristina Kirchner, saludando en un acto, y el acta de casamiento de Eva y Juan Perón enmarcada como un cuadro. Rodeado de esos íconos suele defender con obsesión la política social kirchnerista. Imposta sus dotes de funcionario administrativo, con sutiles toques de política doméstica. Sus amigos y aliados suelen defender su perfil técnico. "Es sólido. Ser un funcionario fiel, que soluciona problemas, le sirvió para llegar a donde está", suele repetir la mayoría. Sus enemigos, en cambio, le cuestionan especialmente esa forma de trabajar. "Si se lo piden, puede hacer cualquier cosa", llegó a criticar ante LA NACION un funcionario que fue su colega. Hablaba haciendo hincapié en las causas que le abrieron, en 2005, por supuesto reparto de electrodomésticos a cambio de votos en el conurbano. Y recordaba la repentina red de militantes que creó en el gran Buenos Aires, con eje en La Plata, donde todavía vive.

"Empezó a armar de arriba hacia abajo. Primero fue funcionario, después encontró cobijo en el kirchnerismo. Y ahora quiere ser militante. ¿De dónde crees que saca plata para hacer política?", suele preguntar con sorna un cacique del conurbano que cuestiona con ganas sus incursiones territoriales.

Pero las disputas, las ambiciones y las críticas son relativamente nuevas en la vida de Castagneto. Hasta la llegada de Kirchner, era sólo un hombre de una profusa carrera administrativa, recordado en La Plata por su fugaz fama futbolística, pero sin ninguna ilusión de trascendencia política.

Como deportista, recorrió todas las categorías de Gimnasia, desde los 9 años. Jugó hasta que ascendió a Primera, con la recordada campaña del 84. Después pasó por Temperley, San Lorenzo y Quilmes, casi siempre de suplente. Un empresario lo llevó al exterior. Jugó fuera del país hasta su retiro, en 1992.

Un amigo después le consiguió la llave para entrar en el Estado: un puesto menor un área de salud bonaerense. Pesó su pasado futbolístico. Empezó a enseñar deportes en los institutos de menores de La Plata. Por primera vez puso en práctica sus dotes para asegurar su futuro: poco después ya era el encargado de control de gestión de los institutos.

Su salto nacional fue en 1995, durante el gobierno de Menem. Castagneto era amigo de Héctor Conti y Leonardo Di Pietro, hombres de contactos con Eduardo Amadeo, entonces secretario de Desarrollo Social de la Nación. Entró como asesor. Terminó como director de administración. Sus compañeros de aquella época reconocen que tenía "buen perfil técnico". No hablaba mucho de política.

Con poder de firma

Cuando Kirchner llegó al poder, le dieron una semana para que se vaya. "Pero al Gobierno le faltaban cuadros técnicos. No les quedó otra que dejarlo", contó un hombre que entonces convivía con él en la administración pública. Pasó de ser un funcionario prescindible a convertirse en un nexo clave en la escala administrativa. Hoy ocupa una dependencia con nombre pomposo: la Secretaría de Coordinación y Monitoreo Institucional. En los hechos, tiene poder de firma y control sobre todo el dinero del ministerio.

"Lo que pasó en 2003 fue que conocí a Alicia, una funcionaria extraordinaria, que me dio una confianza muy importante", dice hoy Castagneto. Esa es su introducción para una defensa sin cortapisas. Se enoja cuando escucha que sus enemigos lo acusan de fomentar el clientelismo: "Clientelismo era cuando un puntero tenía a la gente cautiva. Nosotros bancarizamos beneficiarios. Y este gobierno fue el que más controles puso en la ayuda social". Tampoco muestra fisuras cuando se refiere al cuestionado plan de cooperativas, un programa que Poder Ciudadano llegó a calificar como "un descontrol" construido especialmente para "no dar información transparente". Castagneto apenas levanta la voz: "El problema acá es que quieren que les entreguemos un listado de pobres. Y eso no lo vamos a permitir. Hay control de las universidades y los tribunales de cuentas provinciales". Reniega de las denuncias personales: "Está probado que todo lo que me involucró fue sólo por causas políticas, porque quería militar".

Es que esa es la última ambición de Castagneto: la política. Por primera vez en su carrera, ahora está dispuesto a levantar su perfil. El kirchnerismo es la nueva llave. En 2007 compitió para ser intendente de La Plata, con una colectora oficialista. En 2011 pretende estar, al menos, en una lista de diputados nacionales. Desde hace un par de meses también es el principal armador de Colina, la corriente política de Alicia. "Queremos que sea un actor importante en el escenario", dice con tono misterioso, sin dar detalles. Anuncia que habrá "un trabajo de hormiga de la militancia" en todo el país.

Por ahora, lo único que se ve a diario son las redes de militantes que le responden, que suelen aparecer en todo tipo de actos políticos. "No hay dinero. Es convicción, militancia", se defiende. La semana pasada sus banderas aparecieron en la clínica donde estaba internado Kirchner y luego en su reaparición en el Luna Park. Ahora también pululan afiches por la Capital. Como nunca antes, pretende ser "un soldado". Lo anuncia sin culpa: "El día que pierda Kirchner, yo me voy con él". Esa es su nueva vida. Del fútbol le queda poco. Salvo la política: creó una agrupación con la que busca unir sectores internos para, algún día, ser también presidente de Gimnasia.

© LA NACION

Quién es

Nombre y apellido: Carlos Castagneto

Edad: 50

Ex futbolista y contador: Se crió en La Plata, en donde vive actualmente con su mujer y sus hijos. En su página web cuenta que costeó sus estudios en la Facultad de Ciencias Económicas de esa ciudad con sus ingresos como arquero del club Gimnasia y Esgrima de La Plata.

Trayectoria política: Ya retirado del fútbol y ejerciendo su profesión de contador, fue convocado como asesor del Ministerio de Salud y Acción Social de la Provincia. Más tarde sería convocado por la ministra de Desarrollo Social para ocupar el cargo que hoy ocupa.

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