
Carnes: otra vez una veda
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El gobierno nacional decidió la aplicación de una veda de faena de ganado vacuno de peso vivo menor a los 300 kilos, en un intento por aumentar la producción de estas carnes. Su implementación tendrá lugar a partir de 1° de noviembre próximo, con una duración de 180 días. Con esta medida se busca una solución para la tendencia a faenar animales jóvenes, que sería la respuesta a la preferencia de los consumidores por carnes tiernas, provistas por esos animales.
En efecto, si se mide ese incremento en la categoría de novillitos, se verifica que en los últimos 40 años, su participación en el total de los sacrificios pasó del 11 por ciento al 18 por ciento. El Gobierno cree que con la medida anunciada logrará invertir esa tendencia en el corto plazo, que a lo que parece interesarle, dados los términos impuestos a la medida. Sin embargo, revertir un proceso tan prolongado en sólo unos meses es ilusorio. En el presente, la realidad muestra que esa tendencia ya se está dando porque según los datos oficiales se está registrando una disminución de la faena de terneros y terneras del 30 por ciento respecto del año anterior. De nada vale entonces una medida que ha de tener serias consecuencias distorsivas.
Si la medida comienza a regir en noviembre, quienes tengan dispuesta la próxima venta de animales jóvenes la apresurarán, generando mayor oferta, con lo que bajarán los precios por animales de menor edad y menor peso durante septiembre y octubre, y se romperá la saludable tendencia antes mencionada que promete mayores kilajes futuros. En el sentido opuesto, en noviembre próximo la prohibición impuesta reducirá la disponibilidad de carne en torno al 25 por ciento, muy superior al aumento estacional de la oferta de ganado, lo que provocará un déficit de abastecimiento y su inevitable correlato en los precios.
¿Tiene sentido semejante distorsión productiva en pos de un objetivo presumiblemente electoral? ¿Saben las autoridades que los ganaderos, que suman 200.000, programan sus producciones disponiendo sus siembras de pasturas y sus reservas, planes sanitarios, disponibilidades financieras, con vistas a sus probables fechas de ventas, precios, ingresos y gastos?
El tema del peso de faena es un asunto importante al cual deben sumarse esfuerzos, que son objeto de estudios y acaban de ser expuestos en un congreso de Aacrea en Rosario. Además, el recién creado Instituto de Promoción de la Carne Vacuna tiene entre sus objetivos incrementar la productividad de ganados y carnes, asunto que exige, entre otros aspectos, un mayor peso de faena. Se deben lograr las vías para que nuestros consumidores encuentren en los animales de mayor peso los productos de su preferencia. Hay experiencia mundial en esta materia, que en ningún caso recomienda medidas de intervención en los mercados. La intervención oficial se justifica en presencia de fallas en el mercado, que de ninguna manera existen en esta diversificada plaza con tal cantidad de oferentes, con 500 plantas de faena y decenas de miles de negocios minoristas.
La medida adoptada indica un descreimiento oficial en los mensajes del mercado, los cuales son hoy, por otra parte, muy satisfactorios. Llama la atención en este sentido la aprobación de la medida nacida de ámbitos industriales, que tantas veces han manifestado su desaprobación a la intervención gubernamental en sus actividades. La evasión impositiva y de otras normas, tantas veces reprobada, cobrará nuevo ímpetu, a la sombra de la decisión adoptada. Resulta en todo caso de interés la manifestación del ministro Lavagna en el sentido de que hay mayor tranquilidad en el mercado de ganado. Ello permitiría abrir un cauce para revertir la medida adoptada.






