
Cartas de lectores: El grito jubiloso que nos hermana; gracias selección; los jugadores y Malvinas
8 minutos de lectura'

Carta de la semana
El grito jubiloso que nos hermana
Mucho se habló y se hablará de los motivos, las causas, las razones que llevan a millones de argentinos a unirse casi mágicamente, estén donde estén, sean de la condición social que sean, tengan la ideología que tengan, detrás de la selección argentina de fútbol. Y es que en ese grito sagrado que es el gol, que nos hermana por sobre todas y cualquier diferencia, los argentinos exorcizamos tantos años de amarguras y estrecheces, recuperamos la esperanza, volvemos a tener fe en nosotros mismos, sentimos que todo es posible. Así, en un simple grito de gol, manifestamos lo más profundo de nuestro ser nacional, ese grito se tiñe de celeste y blanco, el salto que lo acompaña es el baile que esquiva el destino, ese brazo en alto es un signo de presencia, entre tantas ausencias. El fútbol, la selección maravillosa que nos toca ver, el Mundial no van a cambiar los pesares, no van a solucionar años de decadencia y atraso, pero por un instante quedamos todos suspendidos al mismo tiempo en una felicidad colectiva y real que es incomparable, que ningún otro evento grupal puede brindar, y somos uno, todos tirando para el mismo lado, abrazados eternamente en la gloria de un simple gol, lejos de las vanidades efímeras.
Que no perdamos nunca esa capacidad de entregarnos sin condiciones a la pasión por nuestros colores, que siempre tengamos la disposición de defenderlos como nuestros héroes de Malvinas y que las nuevas generaciones sepan que se puede construir a partir de mirarnos como lo que somos, hermanos, con sacrificio, sin estrellatos, con trabajo y coraje.
Viva Argentina, viva la patria, viva el gol en nuestros corazones.
Patricia Arsen
pbra72@hotmail.com
Gracias, selección
Nuestra selección jugará hoy la final del Mundial. Pero estas líneas tienen como único objetivo expresar ya, hoy, mi emotivo agradecimiento a sus jugadores en cabeza de su capitán, el grande, el único, Lionel Messi, así como al cuerpo técnico dirigido por el muy capaz Lionel Scaloni. Con su conducta, con sus logros y con su ejemplo han mostrado lo mejor del ser argentino. No les puedo pedir más.
Iván Poklepovic
ipoklegm@gmail.com.ar
Los jugadores y Malvinas
“Una carta de lectores solo será destacada si reúne las siguientes condiciones mínimas: claridad, simplicidad, contundencia y, sobre todo, brevedad”. Este texto entre comillas pertenece al sabio consejo de un amigo, héroe de todos los días, como la mayoría del pueblo argentino lo es, también en la causa Malvinas, y con quien hablara antes de escribir estas líneas. Soy veterano de la Guerra de Malvinas; en 1982, siendo un joven subteniente de Infantería del Regimiento 12 de Mercedes (provincia de Corrientes), combatí junto a los bravos correntinos descendientes del sargento Cabral, en los combates de Pradera del Ganso y Puerto Darwin. Hoy, con 65 años de edad, soy coronel retirado del Ejército Argentino. “Las Malvinas son argentinas”, humilde como la cuna de Jesús, ese trapo pintado de apuro fue esgrimido con arrojo y máximo orgullo por los jugadores de nuestra selección nacional de fútbol luego de vencer a su par inglés. ¿Será que pudiera existir algún argentino que no vibrara hasta el tuétano con este gesto? Hoy Malvinas nos une sin distinción de ningún tipo, pese a que alguien pudiera desear insanamente lo contrario. Es que esos bravos jugadores argentinos, todos ellos nacidos en la posguerra, inclusive varios de ellos trabajando hoy en el Reino Unido, donde viven con sus familias y hasta con hijos nacidos allí, y aunque la normativa internacional deportiva limita todo reclamo en sucedáneos de un cotejo, “pelearon en lo suyo” motivados por un sentimiento incontenible que los hizo ignorar todo temor por una eventual situación desfavorable y, pese a ello, se arrojaron con esa sagrada consigna, la misma que en 1982 otros jóvenes sostuvieron con su vida.
Como veterano de Malvinas deseo expresar mi orgullo al ver a esta valerosa juventud, por su coraje generoso, su renunciamiento a cualquier acción cómoda de festejo y por su arrojo, extendiendo con su acción la eterna esperanza y sentimiento que une indiscutiblemente a todos los argentinos. Gracias, queridos jugadores, gracias por mostrar una juventud en la que podemos ver la dimensión de los soldados del mañana. Muchas cosas pasan por mi cabeza, y principalmente por mi corazón, en este momento al escribir esta carta. Que me disculpe quien pudiera sentirse molesto, pero creo humildemente que los veteranos de la Guerra de Malvinas debemos homenajear a estos bravos jóvenes a su regreso, si es posible, en el Museo Malvinas, museo creado en épocas de democracia, precisamente para despertar y mantener viva y encendida esta llama en cada joven argentino; ¡amén!
Aditardo César Álvarez Berro
alvarezberro@hotmail.com
Arrogancia
“Arrogancia”, dijo el diario británico The Sun sobre la bandera desplegada por los jugadores argentinos en el marco de la semifinal del Mundial 2026. Eso dice un diario que pertenece al Reino Unido, que a lo largo de su historia invadió 171 de los 193 países reconocidos por la ONU.
Andy Anderson
andy.argentina@gmail.com
El más grande
El deporte es una de mis grandes pasiones. Tuve muchos ídolos, pero nunca oculté que fui y seguiré siendo un maradoniano de pura cepa. Diego fue mi máximo referente, por su jerarquía, su creatividad, su talento, su rebeldía y su garra. Pero, por encima de todo, por el amor y la pasión que transmitía cada vez que se ponía la camiseta celeste y blanca. Nos hacía sentir que todos jugábamos con él. El segundo gol a Inglaterra en México 86, para muchos el gol más extraordinario de la historia de los mundiales, fue la expresión máxima del talento individual. Parecía que él solo podía cambiar el destino de un partido. El miércoles pasado, frente a esa misma Inglaterra, viví otra de esas imágenes que quedan para siempre. Argentina perdía 1-0 y faltaban apenas seis minutos. Cuando el partido parecía escaparse, Leo volvió a aparecer. Asistió en el gol del empate y, en el tiempo suplementario, volvió a asistir para el 2-1 definitivo. No ganó el partido con una corrida inolvidable; lo ganó liderando a un equipo que nunca dejó de creer. Hizo mejores a todos los que estaban a su alrededor y nos recordó que también existe otra forma de alcanzar la grandeza: haciendo crecer a los demás. Lo que está generando esta selección liderada por Messi me hizo entender que la grandeza también puede expresarse de otra manera. Más allá del resultado de hoy, Leo se ganó en mi corazón un lugar que nunca imaginé que alguien pudiera ocupar. Por su entrega, por asumir la responsabilidad en los momentos más difíciles. Por el respeto y la admiración que despierta en todos. Pero sobre todo por haber demostrado que se puede llegar a la cima del fútbol mundial manteniendo la humildad del primer día. Hoy, sin dejar de amar a Maradona, siento que Leo es el más grande de todos los tiempos. Y para alguien que creyó durante toda su vida que ese lugar era intocable, reconocerlo también es una victoria personal.
Virgilio Mayol
virgiliomayol@hotmail.com
Una ofensa inadmisible
Quiero expresar mi más enérgico repudio al accionar de un grupo de hinchas en Times Square, Nueva York, durante los festejos posteriores al partido entre la Argentina e Inglaterra en la Copa Mundial de la FIFA. En dicha ocasión, un gran grupo de personas se dedicó a escupir y pisar la bandera británica, un hecho que quedó registrado en un video. Si bien se trata de la selección de un país con el que tuvimos un conflicto bélico y el sentimiento de enojo o rencor puede ser enorme, creo que nada justifica una falta de respeto tan grande. Si la situación fuera a la inversa, nosotros no lo toleraríamos de ninguna forma, y con justa razón. Sin dudas, la pasión, la euforia y las emociones que emergen en el fútbol, mezcladas con el pasado de nuestra querida nación, pueden llevarnos a cometer actos fuera de lugar. Sin embargo, nunca se debe perder la caballerosidad ni el respeto por el prójimo. Incluso en el marco de la finalización de la Guerra de Malvinas, nuestros soldados recibieron atención médica por igual junto a los británicos y se respetaron los lineamientos básicos de la Convención de Ginebra. Si bien hubo denuncias de excepciones, el comportamiento institucional general demuestra que el respeto es posible. Esto deja en evidencia que no se justifica, bajo ningún punto, ofender los símbolos patrios de una nación que, más allá de los conflictos políticos, está compuesta por ciudadanos que merecen respeto.
Alfonso Méndez Avellaneda
alfmen92@gmail.com
Base china
El gobernador Kicillof debería dar, como ejemplo de sus argumentos para denostar el proyecto de la ley de inviolabilidad de la propiedad privada, explicaciones públicas y con el mismo énfasis sobre su oposición a la cesión de tierras e instalación de la “inviolable” base china en Neuquén. Cuando se firmó el primer acuerdo él era secretario de Política Económica del gobierno kirchnerista de entonces.
Osvaldo Marcilese
omarcilese@fibertel.com.ar



