Vivir del Estado, 30 años de desidia, el niño que llora
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Vivir del Estado
Al sector de la sociedad que vive del Estado no le importa ni le preocupa si el dinero que recibe es emitido por el Estado, recaudado a través de los impuestos o tomado de un crédito con su consecuente endeudamiento, siempre y cuando reciba su estipendio en tiempo y forma. Al otro sector de la sociedad, el que sostiene financieramente al Estado a través del pago de los impuestos, y que es además el motor generador de la riqueza de la cual vive todo el país, sí le preocupa e interesa, porque sabe que de las tres opciones de financiamiento mencionadas dos ya fracasaron, una por inútil y la otra por ser inaccesible. Y el único recurso que le queda al Estado es quitarle aún más.
En una democracia donde gobierna el candidato más votado y sus votos vienen del sector de la sociedad que vive del Estado que no le importa que el motor generador de la riqueza se funda, la Argentina irá siendo un país cada vez más débil y pobre en una tierra prometida.
Rafael López Saubidet
rafalopezsaubidet@gmail.com
30 años de desidia
Con frecuencia, ante un acontecimiento bisagra, la pregunta que se impone es: ¿dónde estabas en aquel momento? Esta “película” pasa, con frecuencia, en mi vida sobre aquello que “nos” pasó hace treinta años: el atentado contra la embajada de Israel en la Argentina, el ataque –hasta ese momento– más salvaje contra civiles desde la Segunda Guerra Mundial. Ese mediodía un grupo de unas 30 personas fuimos convocados a la sede de Arroyo y Suipacha. Había llegado un enviado de Israel que participó, como personal diplomático, en las conversaciones de paz, iniciadas en Madrid. Venía a contarnos cómo se avanzaba, las expectativas, cuánto se modificaría el mapa en Medio Oriente… Ahí, alrededor de una mesa, en un marco de boiserie, había intelectuales, periodistas, funcionarios... Era nuestra casa. No solo una embajada. Luego me quedé conversando con compañeros –algunos de los cuales minutos después quedaron atrapados entre los escombros– apoyados sobre un fastuoso piano de cola que había en el primer piso. La cercanía del día de la independencia de Israel, que se preparaba con mucho tiempo, tenía a todos movilizados. A las 14.30 salí del edificio. Esperé un taxi en Arroyo y Suipacha. Lo tomé a las 14.44, y al llegar a la esquina el coche dio un salto. Una columna de humo se levantó inundando el cielo porteño. Corrí hasta Santa Fe y Suipacha y, desde un teléfono público, llamé a mi casa para tranquilizar a mi mamá y mis hijos. Luego fui a mi lugar de trabajo, en Paraguay y Paraná. No entendía nada. Mientras el teléfono no paraba de sonar, yo marcaba, una y otra vez, a la embajada para intentar hablar con alguien, pero nadie contestaba. Volví a Arroyo y Suipacha a eso de las 18. Era la imagen de Berlín bombardeada. La embajada –que nunca cerró sus puertas– continuó funcionando en un hotel cercano. En medio de toda esa destrucción y desorden, nadie sabía qué hacer y cómo ayudar. Si se miraba hacia arriba, en el predio que ocupaba la misión diplomática, se podía ver la alacena de la cocina con las puertas abiertas y un juego de copas intacto. En la calle, los curiosos, los comprometidos, los que buscaban a sus familiares… todos juntos y todos distintos. Una periodista preguntó a una señora: “¿Tiene algún familiar?”. Ella respondió: “Todos son mi familia”. Era Rachel Shefi, la esposa del embajador de Israel en ese momento.
Lo demás es una historia tan triste como el atentado mismo. Treinta años de desidia, sin culpables ni responsables. Treinta años en que cada diciembre se amenaza con cerrar la causa y cada febrero se deja saber que sigue la investigación. Cuando se habla de Justicia lenta… no se necesita probar nada. Acá está todo dicho.
Liliana Isod
DNI 6.356.664
El niño que llora
Dicen que es un niño de seis años. Cruzó llorando la frontera entre Ucrania y Polonia. La imagen recorrió el mundo entero, como la de aquella niña durante la Guerra de Vietnam que fue tapa de la revista Time. En YouTube puedes escuchar su llanto, no quise ponerlo aquí, me da escalofríos tanta soledad y desconsuelo en busca de alguien que lo abrace y le dé un poco de pan y de paz. Ese niño somos nosotros, los que miramos cada día la crueldad de la guerra desde algún lugar del mundo. Lloramos porque nos da bronca la humanidad, pero también lloramos por desesperación. ¿Qué podemos hacer por él desde acá? Esta guerra es una herida abierta en Occidente. Sangramos todos, más allá de las ganas de pegarle a Putin, que amenaza con una guerra nuclear y sueña en convertirse en un zar. La condena ya la tiene puesta en sus ojos claros, en su mirada gélida y asesina.
Sí, caerá en el abismo de sus nefastas mentiras y probablemente no tendrá salvación ni en el infierno verá más el sol. Pero esos niños y los ancianos huyendo, cargando un pequeño bolso, rescatando un pedacito de dignidad, son los santos modernos que nos iluminan el camino perdido por los poderosos amantes de la vanidad. Tiene frío. Siento frío. Seguramente cansancio, hambre y confusión. Es que las bombas siguen estallando a sus espaldas. Vamos niño, sigue andando. No sé tu nombre, pero te amo. No sé tu nombre, pero te prometo salir a la calle y buscar algún niño que esté solo, abrazarlo, mimarlo, hacerlo reír y contarle de vos. Tal vez, entre ambos, te pongamos un nombre que te haga feliz en la distancia.
Jesús María Silveyra
DNI 11.045.065
Superdotados
Ha sido una alegría leer en la nacion el reconocimiento de las capacidades intelectuales de un niño superdotado a quien se le hizo justicia. Hace 32 años que desde la Fundación para la Evolución del Talento y la Creatividad venimos luchando para que estos niños y jóvenes tengan el derecho a recibir una educación acorde con sus necesidades intelectuales y emocionales. Durante todos esos años, cuántas lágrimas vi en los ojos de tantas madres y niños buscando una comprensión por parte de las políticas educativas respecto del sufrimiento por ser excluidos del sistema, cuánto bullying, cuánta agresión física y moral para tantas familias. Por eso, agradezco a las autoridades judiciales que comprendieron el drama de estos chicos y les permiten volver a ser felices.
María del Carmen Maggio
Presidenta de FETC
DNI 1.459.287
En la Red Facebook
Más de 100 piquetes en todo el país para reclamar una suba del salario mínimo
“Tranqui, que cada vez somos menos... Van a ser dueños ustedes del país. ¿Y quién los va a mantener si los trabajadores nos vamos?”- Carym Esperanza
“¿Cuando trabajan? ¿O trabajan de piqueteros?”- María Ester Rodas
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