
Carta de un siglo a otro
Mañana, 17 de agosto, empieza una cuenta regresiva de 500 días hacia el emblemático año 2000. Es hora de que el siglo XX y el siglo XXI comiencen a comunicarse para que la transición de un período al otro sea menos traumática. Aquí se transcribe la carta que el siglo actual le dirige al próximo. El autor de esta nota se consideró con derecho a redactarla porque él, al fin y al cabo, es parte del siglo que se va
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Planeta Tierra, 17 de agosto de 1998
Estimado e ignoto siglo XXI:
FALTAN exactamente quinientos días para que usted irrumpa, con sus bríos juveniles, en el escenario de la historia. Me queda, prácticamente, un año y medio de vida. Usted es el futuro. Yo estoy a punto de convertirme definitivamente en pasado.
Creo que es el momento adecuado para que le haga algunas confidencias. Por eso he decidido enviarle esta carta, que La Nación tendrá, seguramente, la amabilidad de publicar. La Nación, que conoció a mi antecesor, el siglo XIX, comprende -estoy seguro- la importancia de que me comunique con usted.
He sido un siglo contradictorio e inconstante. Fui modernista, surrealista, cubista, liberal, keynesiano, marxista, guerrillero, existencialista. A la vejez, me hice posmoderno: sentí que había llegado la hora de que el hombre abandonase su antigua tendencia a examinar la realidad en función de un sistema cerrado de ideas rectoras o directrices. Logré que el pragmatismo desplazase a la utopía. Algunos pensarán que me he vuelto cínico. Tal vez tengan razón. Pero mi intención fue buena: quise librar al mundo de los pensamientos absolutistas y de los fanatismos. El terrorismo fundamentalista se encarga, de vez en cuando, de demostrarme que estoy lejos de haberlo logrado. Padecí dos guerras mundiales calientes y una guerra fría. Asistí al nacimiento y desarrollo del psicoanálisis, al desmembramiento de varios imperios, a la caída del Muro de Berlín. Alenté los nacionalismos irracionales, el racismo devastador, las guerrillas subversivas. Fui totalitario y democrático, revolucionario y conservador, progresista y retrógrado. En verdad, llego exhausto al final de mi mandato.
Con la llegada de la posmodernidad, el pensamiento intelectual se puso en sintonía con los rasgos más íntimos y definitorios de la condición humana: la ambigüedad, el miedo, la mutabilidad, la inconstancia. Lamentablemente, produje también algunos cambios que no me conforman del todo. Por ejemplo, alenté excesivamente el relativismo moral. Y di vuelta el guante de la metafísica, que ya no conduce al regazo de Dios sino a la urgencia por beber el vaso de la vida con desmedida avidez. Algunos me aplauden por eso; otros, en cambio, me condenan. ¿Cuál de esos dos juicios es el correcto? El tiempo lo dirá. Claro está que el tiempo, en este caso, querido siglo XXI es usted. Inauguré la era de la computación y produje una revolución del conocimiento sólo comparable a la que se puso en marcha cuando el siglo XV, nuestro lejano antecesor, generó la galaxia Gutenberg. Hoy me encuentro abocado, con esfuerzo, a un complejo y delicado proceso de globalización, que muchos consideran un fantástico modo de potenciar la capacidad productora del hombre y otros visualizan como una marcha sin retorno hacia un mundo uniforme y deshumanizado. Me siento viejo y algo confundido. Creo que ningún otro siglo llegó a su meta tan asustado de su propio poder.
Me sostiene la esperanza de un futuro mejor. Esa esperanza está toda en sus manos. Le dejo algunas herencias dolorosas: el desempleo, la drogadicción, el narcotráfico, el SIDA, el terrorismo fundamentalista, la degradación del medio ambiente y los basureros nucleares. Sé que encontrará la manera de erradicar esos azotes de la humanidad. El hombre es un animal difícil, pero a la postre encuentra los caminos que conducen a su dignificación. Le ha costado mucho aprender algunas lecciones. Y hace lo posible para demostrar que no ha aprendido nada. Pero tiene reservas morales que ni él mismo sospecha. Ya lo irá conociendo. Dos palabras acerca de la fatigosa controversia sobre el día en que se producirá mi defunción. Algunos dicen que mi muerte está agendada para el 31 de diciembre de 1999; otros afirman que mi fin está previsto para el 31 de diciembre del año 2000. La discusión es enojosa y un poco inútil. En todo caso, de algo estoy seguro: el 1º de enero del 2000 la mayoría me dará ya por muerto, aunque técnicamente tuviere derecho a un año más de vida. Le dejo mi saludo cordial. Y un consejo: no se desaliente si al principio las cosas no salen como usted quería. Siempre queda tiempo para enmendar lo que sale mal. Y para empezar de nuevo.
Su afectísimo
El siglo XX Por Bartolomé de Vedia
Nuevos escenarios políticos y económicos
Los desafíos, los problemas y los cambios sociales que podrían presentarse en la Argentina del año 2000 fueron analizados por Manuel Solanet, Ricardo López Murphy y Joaquín Morales Solá en una mesa redonda convocada por la Fundación Cívico Republicana y La Nación.
¿CUAL es la nueva situación política después del paso a costado de Carlos Menem? ¿Cuáles son los nuevos parámetros para pensar en lo que viene después de octubre de 1999? Un presidente que desiste de su intento reeleccionista, un gobierno peronista que entrega el poder a una coalición de partidos elegida democráticamente, elecciones internas abiertas en el oficialismo y en la oposición con resultado incierto. Estos nuevos -y quizás inéditos- escenarios políticos y económicos fueron analizados en una mesa redonda organizada por la Fundación Cívico Republicana y por La Nación, de la que participaron Manuel Solanet, ex secretario de Hacienda y ex consultor del Banco Mundial y de las Naciones Unidas, el economista radical Ricardo López Murphy y el columnista político Joaquín Morales Solá, y que moderó el subdirector de La Nación, José Claudio Escribano.
21 de julio de 1998: Menem renuncia a una nueva candidatura presidencial. "Aquel día me puse extraordinariamente contento. La decisión del Presidente es un factor de fortalecimiento institucional muy valioso para el país", dijo López Murphy. Morales Solá coincidió con él: "La Argentina recuperó la condición de país normal y previsible". Y, según una reciente encuesta de Gallup (sobre mil trescientos casos), también el ochenta y dos por ciento de los argentinos juzgó en forma positiva el renunciamiento de Menem.
"El Presidente se encontró con un PJ dividido y una Corte no tan permeable, pero el principal problema fue su crisis con la sociedad", advirtió Morales Solá. Así como Menem amenazó a Raúl Alfonsín con un plebiscito reeleccionista en 1993 y logró que el líder radical cediera y firmara el Pacto de Olivos, ahora Eduardo Duhalde amenazó al Presidente con una consulta antirreeleccionista y también consiguió su propósito. "No me gusta que la democracia se defina por amenazas permanentes de plebiscitos, pero es un elemento nuevo que puede marcar los tiempos de la política", concluyó el periodista.
Solanet prefirió recordar los riesgos que hubiera acarreado una segunda reelección: "La carrera del Presidente estaba afectando el escenario económico, porque se privilegiaba la campaña en vez de la gestión de gobierno. Ya se manifestaba un abandono de la línea reformista que coloreó los primeros años de la presidencia de Menem". De ese modo, el ex secretario de Hacienda se refirió al proyecto de reforma laboral acordado con la CGT, a intentos de regular la economía y al desequilibrio de las cuentas públicas. "Una medición de Miguel Angel Broda indicaba que el riesgo país venía subiendo sostenidamente hasta que Menem declinó en su ambición", contó Solanet.
Estado de alerta
Pero pasado el riesgo reeleccionista, la economía argentina continúa en estado de alerta por la crisis financiera asiática. López Murphy pintó un cuadro poco auspicioso: el deterioro de los precios de los productos de exportación argentinos, el aumento del costo de financiamiento, la delicada situación económica de Chile y la necesidad de una fuerte corrección fiscal en Brasil, después de las elecciones presidenciales de octubre próximo. "La crisis no perdona a nadie. Pero hoy, cuando uno se equivoca, no vuelve al pasado sino que sufre consecuencias de otra índole. Por ejemplo, el PBI de Indonesia caerá el veinte por ciento", explicó el economista jefe de FIEL.
Solanet se mostró preocupado porque "la Argentina no se diferencia de los otros mercados emergentes", por lo que puede sufrir ataques especulativos. López Murphy predijo que si la crisis se agrava, "el Gobierno deberá hacer cosas", aunque señaló que esas medidas deberán pasar por el Congreso, de modo que se requerirá un clima de consenso entre el oficialismo y la oposición. "La Alianza ahora deberá competir pero también cooperar, porque si llega al gobierno será minoritaria en ambas cámaras."
Según López Murphy, este escenario "hostil se percibe en el cuidado de los actores de la escena política argentina". Solanet observó cómo la oposición y el duhaldismo, que se habían cohesionado contra la "re-reelección", ahora se estaban definiendo en torno del modelo económico cuyo mentor y autor fue el propio Menem: "En cada partido no se piensa igual. La Alianza tiene dificultades para su posicionamiento, mientras Duhalde intenta incorporar rasgos tradicionales del peronismo. Pero ahora, con los medios, es muy difícil decir una cosa ante los empresarios y otra en un asado en La Matanza. Mientras Ortega representa la ortodoxia menemista, Duhalde y la Alianza respetan el modelo básico, pero ofrecen una cara más social y progresista -agregó Morales Solá-. En ese marco se ha hecho la Carta a los argentinos".
López Murphy no ha participado de la redacción de esa carta, pero de todos modos la aplaudió: "No tiene ningún mensaje populista". En cambio, Solanet se mostró más prudente: "Hay buena intención en los objetivos, pero hay que ver cómo se logran".
El factor del ballottage
El procedimiento de elección presidencial que rige por la Constitución de 1994 establece que no habrá segunda vuelta si el binomio vencedor supera el cuarenta y cinco por ciento de los votos o si obtiene más del cuarenta por ciento con una diferencia de diez puntos sobre el segundo, a diferencia del ballottage tradicional que exige reunir la mayoría absoluta de los sufragios para vencer en el primer turno. El sistema argentino permite que una mayoría simple pueda acceder al poder ante una oposición fragmentada. "Este es el factor aglutinante de la Alianza", dijo Solanet. Pero las disputas de poder entre los dirigentes radicales y frepasistas llevaron a que las opiniones positivas de los ciudadanos sobre la coalición opositora cayeran en ocho meses del cincuenta y tres al treinta por ciento, según el sondeo Gallup. "La caída de la Alianza y la leve subida del PJ no me extrañan, porque las cifras de principio de año eran más producto de la emoción que de la racionalidad. El peronismo debía recuperar su piso histórico del treinta y cinco por ciento, mientras la Alianza dio signos de contradicción interna y de competencia exacerbada", describió Morales Solá.
La sociedad se pregunta hasta cuándo durará la Alianza, pero igualmente la coalición UCR-Frepaso tiene el treinta y cinco por ciento de la intención de voto contra el veintiocho del justicialismo. En tanto, el conductor de Bajo Palabra se pregunta si los partidos de la Alianza quieren estar juntos: "Yo digo que no. Cuando uno habla con ellos en el off the record aparecen primero las diferencias. Pero van a seguir juntos porque una masa del cincuenta por ciento de los votos dividida permitiría que el PJ ganara sin ballottage. No pueden reproducir la experiencia de 1995, cuando Bordón sacó el treinta por ciento y Massaccesi el diecisiete". Pero Morales Solá distingue posturas dentro de los mismos partidos miembros: "La dirigencia ve la necesidad electoral de la Alianza y la militancia, además, advierte su necesidad política y estratégica. Pero la segunda línea de dirigentes esconde suspicacias y es la más especulativa. Los radicales dicen: ´Estos son dos dirigentes carismáticos que se hacen de la estructura de nuestro partido para saltar al poder´, y los frepasistas: ´La UCR, que se alejó del poder en 1989, nos usa y después nos tirará como carcaza inservible´".
Acuerdo de cúpulas
29 noviembre de 1998: radicales, frepasistas e independientes elegirán al candidato presidencial de la Alianza. La encuesta de Gallup -cuyo examen estuvo a cargo del moderador- pone en evidencia un empate de Graciela Fernández Meijide y Fernando de la Rúa entre los encuestados que ya tienen decidido votar por la Alianza; pero, como se dijo también en la edición de ayer de La Nación, sobre el 32 por ciento de los encuestados dispuestos a participar de las elecciones internas de la Alianza, De la Rúa supera a Fernández Meijide por cinco puntos. Sobre la cada vez más lejana posibilidad de que Fernández Meijide se baje de la candidatura presidencial, Morales Solá fue contundente: "Sospecho que quemó las naves de la gobernación de la provincia de Buenos Aires cuando le levantó el brazo a Juan Pablo Cafiero". Desde dentro de la Alianza, López Murphy se manifestó en contra de un acuerdo de cúpulas: "Dejemos que la gente defina todas las candidaturas para que vuelvan a respetar a sus representantes".
4 de octubre de 1998: el Partido Justicialista deberá elegir a su presidente, a pesar de la oposición de Duhalde. 11 de abril de 1999: el peronismo designará en internas abiertas a su candidato al sillón de Rivadavia. "Los precandidatos presidenciales del PJ carecen de la condición integral de Menem", opinó Morales Solá. El columnista de La Nación subrayó la tarea del Presidente para limitar la competencia interna: "Así como Duhalde le concedía todo a Menem, excepto que éste ingresara con sus dirigentes en la provincia, el gobernador controla cerca del cincuenta por ciento de los votos bonaerenses, pero le resulta difícil instalarse en el resto del país".
El rival del interior Precisamente del interior del país surge un rival del caudillo de Lomas de Zamora: Palito Ortega. Solanet advirtió que Duhalde tiene más votos, pero menos carisma que el actual secretario de Desarrollo Social: "Ortega tiene una imagen cálida y limpia, entre comillas, porque proviene de entornos no comprometedores. Además, su condición de delfín de Menem y su relación personal con (Domingo) Cavallo lo transforman en el mejor garante del modelo". La visión de Morales Solá sobre Ortega difirió de la del ex secretario de Hacienda: "Es increíble la aceptación que tiene en los sectores bajos porque no ha hecho mucho, salvo sus actuaciones artísticas. Pero no logra atravesar la clase media, indispensable para acceder a la presidencia".
El periodista contrapuso la actuación de Ortega en Tucumán con la de Carlos Reutemann, quien "hizo una gestión honesta, austera y eficiente, pero encuentra dificultades para comunicarse con la gente fuera de Santa Fe". Morales Solá consideró improbable que Reutemann pueda reincorporarse a la carrera presidencial, al tiempo que descartó a Antonio Cafiero y a Eduardo Menem como candidatos válidos.
10 de octubre de 1999 es la probable fecha para la elección presidencial. 10 de diciembre de 1999: Carlos Menem dejará la presidencia a otro argentino elegido por el voto popular, de no mediar sorpresas. "Desde 1916 no ha habido una transmisión del mando sin desequilibrio económico. El año que viene se verá que podemos cambiar de presidente sin que se alteren las vidas y las fortunas de los argentinos. Esto constituye un insumo estratégico y una ventaja competitiva en la región", destacó López Murphy, y cerró su análisis con optimismo: "Me parece que hay una oportunidad grande de mirar hacia el futuro, a pesar de nuestra historia y del contexto internacional".
Por Alejandro Rebossio





