
Chicos que comen tierra
Por Luis M. Díaz Colodrero Para LA NACION
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Con gran espectacularidad muchos medios de difusión de circulación nacional anunciaron que tres niños en mi provincia, Corrientes, fueron internados de urgencia con un gravísimo cuadro de desnutrición. Tal es la indigencia que padecen sus padres que estos chicos ¡comían tierra! Las imágenes que exhibieron los noticieros televisivos fueron realmente patéticas. Tres de once hermanitos, como no tenían qué comer, se vieron en la necesidad de ingerir, repetidas veces, tierra (casi comparable a estiércol).
Confieso como correntino que me sentí avergonzado ante semejante muestra de una Argentina en la que millones de compatriotas sufren hambre cotidianamente. Que ello se focalice en Corrientes y que sean comprovincianos los que llegan al extremo de hacer comer tierra a sus niños me rebela, por cuanto no admito que pueda ser cierto, y me resulta de una exageración periodística que no le fija límites a la divulgación de las miserias argentinas, inventando situaciones, si fuera necesario, en pos de la obtención del ansiado rating .
Lo increíble
Veo en Corrientes, y sé que ocurre en la mayor parte de la geografía del país, muchos chicos y adultos que tienen que recurrir cotidianamente a ingerir sobras y desperdicios. Denigrante realidad de una Argentina que se exhibe como una nación de la peor ralea del mundo contemporáneo. En consecuencia, lo que otrora parecía imposible de observar, desnutrición y raquitismo en un país productor de alimentos, hoy es una dolorosa realidad.
Pero de ahí a sostener que tres correntinitos comían tierra porque no tenían otro alimento resulta cuando menos increíble. Imaginémonos. ¿Será que la tierra es más agradable al paladar de las criaturas que comer brotes o ramas tiernas de los árboles cuando el hambre llega y no hay desperdicios? ¿Esta familia indigente habita en un desierto de Corrientes rodeada de tierra únicamente? Y, para demostrar lo grotesco de la "noticia", ¿cómo es posible que, habiendo tanta hambre y miseria, solamente a tres niñitos se les haya ocurrido comer tierra? También podrían haber anunciado que en esa provincia litoraleña, o en otras, o en el conurbano bonaerense mismo, para mitigar el hambre estarían por aparecer prácticas canibalescas.
Asimismo, es notable la confusión mental que genera una noticia de estas características en personas que se dicen inteligentes, las que, conociendo mi procedencia, me han preguntado estos días acerca de la verosimilitud del hecho. A propósito, recuerdo que hasta hace poco se comentaba en esta magnífica Capital que en Corrientes aún había indios con arco y flecha.
Imagen paupérrima
También me preocupa la repercusión internacional que la difusión de semejante noticia habrá tenido, la que indudablemente daña, aún más, nuestra paupérrima imagen en el exterior.
Indudablemente, la realidad no es tal cual la han presentado ciertos medios que, en aras de lograr un voraz impacto televisivo o radial, no conocen de límites para mostrar una noticia. Como simple observador de la realidad, desde hace tiempo vengo advirtiendo sobre la irresponsabilidad en el uso de ciertos medios de comunicación masiva.
Estamos atravesando una larga crisis que requiere el concurso de todos para salir a flote. En ella, debe también desempeñar un papel importante el periodismo, pero el periodismo serio y responsable, aquel que, a lo largo de la historia, ha marcado rumbos en pro del engrandecimiento nacional.





