
Claude Guéant, el hombre que le habla al oído a Sarkozy
Amante de la intriga, influyente y maquiavélico, el secretario general del Palacio del Elíseo es el virtual número dos del gobierno francés: goza de la total confianza del mandatario y tal es su poder que con frecuencia es comparado con Richelieu o Mazarino Luisa Corradini Corresponsal en Francia
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En un país nostálgico de la monarquía como Francia, siempre existe detrás del poder un personaje maquiavélico, secreto, conspirador, implacable, cortesano y celoso de sus rivales que promueve o sacrifica ministros, funcionarios y asesores como si fueran trebejos en un tablero de ajedrez. En la presidencia de Nicolas Sarkozy ese cargo lo ocupa actualmente el secretario general del Palacio del Elíseo, Claude Guéant, a quien muchos definen como un "cardenal sin sotana" y comparan frecuentemente con Richelieu, con Mazarino o incluso con el temible Joseph Fouché, que dirigió la policía a través de todos los regímenes desde la Revolución Francesa, en 1789, hasta la restauración monárquica en 1816.
Su reputación de intrigante creció en los últimos meses, a medida que algunos de sus rivales, por una razón o por otra, fueron distanciados físicamente del epicentro del poder y dejaron de tener acceso directo al despacho presidencial, se alejaron del entorno, fueron "ascendidos" a otras funciones, pasaron a la actividad privada o comenzaron a aparecer regularmente en el vórtice de un vendaval de escándalos.
Así les ocurrió a algunos miembros influyentes del equipo original de Sarkozy. El consejero económico François Pérol fue designado al frente del banco BPCE (Banque Populaire Caisse d´Epargne). El ex consejero jurídico Patrick Ouart trabaja actualmente en el grupo LVMH, número uno mundial del lujo. La directora de gabinete, Emmanuelle Mignon, volvió al Consejo de Estado. La ex periodista Catherine Pégard, encargada del polo político del Elíseo, tuvo que abandonar su oficina, contigua al despacho de Sarkozy, y fue alojada en un ala distante del château (castillo), como se le llama familiarmente al palacio de gobierno.
El episodio más curioso sobrevino cuando el semanario satírico Le canard enchainé, famoso por sus primicias políticas, reveló que el salario del consejero presidencial Henri Guaino, principal enemigo de Guéant, ascendía a 290.000 euros (403.000 dólares) por año. Esa información desencadenó una revuelta social entre los colaboradores de Sarkozy que, por lo general, apenas ganan la mitad de ese sueldo.
"No es normal que en este nivel del Estado haya gente que se dedique a destilar infidencias a la prensa", sermoneó el presidente sin dirigirse al verdadero responsable, pero todos miraron a Guéant.
Esa advertencia no surtió ningún efecto. Pocos días después, la prensa publicó con lujo de detalles un enfrentamiento de Guaino con el consejero social Raymond Soubié en plena reunión del equipo presidencial.
En otra ocasión le ganó un duelo clave a Guaino sobre el monto que debía tener el empréstito francés: 35.000 millones de euros (48.000 millones de dólares) en lugar de los 100.000 millones (139.000 millones) que postulaba su adversario.
Todo eso lo hizo trascender discretamente a la prensa para hacer saber cuál es el peso específico que tiene cada colaborador de Sarkozy.
Si Claude Guéant persiste es porque sabe que es imprescindible dentro del clan Sarkozy. Desde hace meses, habla y actúa como el número dos del gobierno. Hay quienes lo definen peyorativamente como vicepresidente, un cargo que no existe en la Constitución francesa. De hecho, cuando Sarkozy está ausente, es Guéant quien preside, todos los días a las 8.30, la conferencia que reúne a los 12 consejeros del Palacio del Elíseo que, en la práctica, operan como un gabinete fantasma. Esa reunión es crucial porque es en ese ámbito hermético donde se adoptan las grandes decisiones de gobierno.
Guéant fue ganando espacio poco a poco hasta que terminó por convertirse en his master´s voice. "Al principio hubo cierta sorpresa. Pero ahora todo el mundo sabe que, cuando el secretario general del Palacio del Elíseo habla, expresa el pensamiento del presidente", admite el ex diputado Frédéric Lefebvre, considerado como uno de los mastines feroces de Sarkozy.
Por eso, nadie se asombra cuando Guéant desmiente al primer ministro François Fillon o rectifica una posición enunciada por la ministra de Economía, Christine Lagarde.
La mano invisible del presidente
Su poder proviene de la confianza sin límites que le dispensa Sarkozy: "Guéant es los ojos, los oídos, la boca e inclusive la mano invisible del presidente", aseguran Christian Duplan y Bernard Pellegrin, autores del libro de investigación El hombre que murmura al oído de Sarkozy.
A pesar de su proximidad, Guéant es una de los pocos colaboradores a los que Sarkozy no tutea ni le levanta la voz cuando es necesario llamarle la atención por algún error.
En casi dos décadas de servicio como álter ego del actual presidente, ese hombre de 64 años, ascético como un monje, más de una vez demostró su competencia y su lealtad incondicional. En la época en que Cecilia Ciganer abandonó a Sarkozy para vivir una aventura sentimental en Nueva York con el publicista Richard Attias, Guéant fue uno de los pocos que no la criticó y que siempre predicó la reconciliación, aunque fuera por necesidad política. A diferencia de los amigos y figuras del jet set que lo invitaban a ahogar las penas de amor en otros brazos, Guéant fue quien puso más empeño en proteger el equilibrio psicológico del candidato presidencial. Cuando ella regresó a París, la recibió con una frase digna de un cortesano versallesco: "Durante su ausencia, las flores de su escritorio se cambiaron todos los días". Luego fue quien acompañó a Cecilia en un rocambolesco viaje a Trípoli para obtener la liberación de un médico y un grupo de enfermeras búlgaras encarceladas por el coronel Khadafi.
Egresado de los prestigiosos institutos de Sciences-Po y de la Escuela Nacional de Administración (ENA), donde se forman los grandes servidores del Estado, realizó una carrera relativamente opaca como funcionario hasta que demostró su talento de organizador cuando dirigió la policía nacional. De esa época conserva una red de contactos que le permite conocer el pulso de la sociedad y mantenerse informado de todos los secretos de la alta y la baja política. Si hace falta algo para justificar su comparación con Fouchet, basta con mirar la red de amigos que tiene en puestos clave del aparato de seguridad: Michel Gaudin (director de la policía), Erard Corbin de Mangoux (responsable de los servicios secretos que operan en el exterior) y Bernard Squarcini (director de los servicios de inteligencia internos).
Además, nadie puede igualar su capacidad de trabajo. Viudo desde 2008, Guéant llega a las 6 de la mañana al Palacio del Elíseo y las luces de su despacho son las últimas que se apagan, cerca de medianoche. En sus 18 horas diarias al servicio de Sarkozy y de Francia, controla todos los dossiers que llegan al presidente y maneja todos los temas sensibles.
En los últimos meses, su espacio de poder se amplió a medida que Sarkozy, interesado en permanecer más tiempo junto a su esposa Carla Bruni, comenzó a confiarle importantes misiones diplomáticas en el exterior. Los fines de semana, cuando no acude al château, Guéant los aprovecha para eclipsarse discretamente de París y ejecutar alguna delicada misión de política exterior, un área que en la quinta República pertenece al dominio reservado del presidente.
Fatigado del estilo cortesano y los déficits de su canciller Bernard Kouchner, Sarkozy prefirió enviar a su brazo derecho a Damasco a negociar con el presidente sirio Bachar el Assad. También intervino en los delicados dossiers de Ingrid Betancourt, en las negociaciones por el soldado israelí Giland Shalit y en la crisis georgiana de 2008. Pero, sobre todo, es el interlocutor privilegiado de algunos presidentes africanos, que -en lugar de perder el tiempo con intermediarios- prefieren hablar con el hombre que puede ingresar al despacho presidencial sin golpear la puerta.
Como es enigmático, hermético, insondable y reservado, nadie sabe qué planes tiene para el futuro: en la historia de la quinta República hubo tres secretarios generales de la presidencia -Michel Jobert, Jean-François Poncet y Hubert Vedrine- que terminaron como jefes de la diplomacia francesa. Pero hubo otros tres -Edouard Balladur, Pierre Bérégovoy y Dominique de Villepin- que llegaron a ocupar el puesto de primer ministro. Es posible que a Claude Guéant no le disguste ninguna de esas perspectivas.
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Quién es
Nombre y apellido: Claude Gueant
Edad: 65
Estudios y primeros cargos: nació en 1945, en Vimy, estudió en París, en la escuela de Ciencias Políticas y luego en la prestigiosa Escuela Nacional de Administración (ENA). Ocupó diversos cargos públicos hasta que, en 1994, fue nombrado director general de la policía nacional.
En el centro del poder: en 2002 comenzó a trabajar junto a Sarkozy, primero como jefe de su gabinete de asesores, luego como jefe de campaña y, desde 2007, como secretario general del Elíseo. Padre de dos hijos, en 2008 quedó viudo al morir su esposa, Rose-Marie.






