Claves para el desarrollo

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6 de mayo de 2003  

Un reciente estudio elaborado por el Banco Mundial, presentado en la Universidad Torcuato Di Tella, pone de manifiesto, una vez más, que las claves del crecimiento de un país dependen del desarrollo educativo y tecnológico, tal como lo hemos sostenido en diferentes oportunidades desde esta columna editorial. El informe fue debatido por la actual ministra de Educación, Gabriela Giannettasio, los ex ministros de esa misma cartera, Susana Decibe y Juan José Llach, y el rector de la universidad anteriormente mencionada, Juan Pablo Nicolini.

Los datos estadísticos incluidos en el trabajo demuestran de modo categórico que la brecha que separa a las naciones avanzadas de las que no lo son se relaciona especialmente con las limitaciones educativo-tecnológicas que afectan a los países que están demorados en su crecimiento. Las distancias que se aprecian entre unas naciones y otras se reflejan no sólo en los promedios de ingresos de la población activa y en otros índices elocuentes, sino también en el nivel del consumo de bienes y en las posibilidades de desarrollo personal. El apoyo a la educación y a la innovación tecnológica es el rasgo distintivo de las sociedades que en años cercanos han crecido notablemente. De ello son ejemplos aleccionadores Irlanda y Finlandia.

Es oportuno agregar al respecto que, en otro informe que dio a conocer en noviembre último el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), también se destacó como uno de los problemas críticos que nuestro país debe encarar y resolver en los próximos años es la elevación de las capacidades laborales de la población y el empleo de sistemas de innovación que aseguren mejor tecnología. En ambos informes hay coincidencia en el sentido de que sólo de esa manera se promoverán y se potenciarán las condiciones competitivas que permitirán salir del estado de deterioro económico y social en que se encuentra actualmente nuestro país

Para que sea posible ese cambio, los gobernantes tienen que asumir con verdadera convicción que es menester alentar políticas educativas y de expansión de la investigación científico-tecnológica. En este sentido, el trabajo del Banco Mundial propone buscar, principalmente, el apoyo del sector privado.

Debe tenerse en cuenta que la investigación es una actividad costosa que requiere un apoyo sostenido, pues ése es el único camino para que produzca frutos. En este punto es conveniente advertir que Finlandia dedica el 3,3% de su producto bruto interno (PBI) a las actividades de innovación y desarrollo y de ese aporte el 2% corresponde al sector privado. Para lograr esa respuesta de las empresas, los gobiernos tienen que instrumentar medidas de incentivación fiscal.

En coherencia con la búsqueda de nuevos horizontes de desarrollo, el informe del Banco Mundial subraya la importancia de promover políticas que favorezcan la formación educativa, en calidad y tiempo de capacitación. De ese modo se pueden preparar los recursos humanos que permiten afrontar los niveles de la investigación y se cuenta con personal preparado para servirse de la producción alcanzada.

También se alude en el informe a la función estatal destinada a influir y corregir los comportamientos del mercado, paso necesario para cualquier política que aspire a orientar los objetivos centrales de la economía y a concentrar los esfuerzos allí donde sean más beneficiosos. En ese procedimiento de ordenamiento y coordinación hay una cuestión de gran importancia práctica a decidir: "¿en qué actividad desea ser mejor el país?", pregunta de máxima importancia, pues habrá de determinar el sentido para una política de largo plazo.

Los argentinos constituimos una sociedad que no se resigna al fracaso, tal como lo señala el trabajo del PNUD. Además, somos parte de una nación que cuenta con talentos científicos bien probados. La obligación de los dirigentes es aceptar el desafío de la hora y encaminar al país por la senda altamente promisoria que ofrecen la educación y la producción de conocimientos.

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