La Argentina tiene que recuperar el liderazgo en educación

Guillermo Jaim Etcheverry
Guillermo Jaim Etcheverry PARA LA NACION
Los candidatos a ocupar los poderes del Estado deben discutir los temas claves en la formación de nuestros niños y jóvenes
Fuente: LA NACION - Crédito: Alfredo Sabat
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23 de septiembre de 2019  

La mayoría de los países cuentan con academias nacionales que reúnen a personas con una trayectoria destacada en las disciplinas a las que dichas instituciones están dedicadas. Su finalidad es promover el estudio, la investigación y el ejercicio de esas actividades, aportando a su progreso, alentando las vocaciones y difundiendo sus trabajos. Uno de sus objetivos más importantes es el de hacer conocer su opinión, a pedido de los gobiernos o de manera espontánea, acerca de los asuntos de su competencia que afectan a las sociedades en cuyo seno actúan.

Con motivo del próximo proceso electoral, y al igual que lo hiciera en 2015, la Academia Nacional de Educación llama la atención sobre algunas de las cuestiones que considera aún pendientes en materia educativa. El objetivo de esas propuestas es que la formación de nuestros niños y jóvenes sea objeto de debate por parte de quienes buscan ocupar los poderes del Estado.

En primer lugar, la Academia advierte sobre la necesidad de respetar la legislación vigente en lo que respecta al cumplimiento, como mínimo, de los 180 días de clases previstos en el calendario escolar; la ampliación a la jornada extendida de seis horas o completa de ocho horas; la adopción de políticas destinadas a consolidar la inclusión y permanencia de los jóvenes en la educación secundaria, cuyo desgranamiento supera el cincuenta por ciento y, además, registra serios problemas de calidad; el fortalecimiento de los procesos de evaluación del sistema educativo en todos sus niveles, asegurando la amplia difusión pública de sus resultados, y la aplicación de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación a la enseñanza y a la administración educativa.

Asimismo, se insta a cumplir con el reconocimiento de los padres como agentes naturales y primarios de la educación con el derecho, garantizado por el Estado, de contar con alternativas para elegir la educación para sus hijos. Propone hacer efectiva la educación sexual integral en todas las escuelas en el marco del respeto a los respectivos idearios institucionales y a las convicciones de los miembros de cada comunidad educativa. Si bien es esencial cumplir con la legislación existente con relación a los aspectos señalados, es urgente promover políticas activas destinadas a asegurar la nutrición y el desarrollo de los niños, acompañando a las madres gestantes y a sus hijos desde el nacimiento y durante la primera infancia. Sin niños bien nutridos, la educación de calidad se vuelve una aspiración vana. Por ese motivo, las zonas desfavorecidas deben ser prioritarias en lo que respecta a la implementación de las políticas educativas.

El país cuenta con pocas personas educadas, e incluso las que lo están registran serios problemas de calidad. Sin un presupuesto adecuado, es imposible extender y mejorar la educación. Por eso, la Academia señala la necesidad de actualizar la ley de financiamiento educativo a efectos de garantizar la inversión mínima prevista en dicha ley destinada a la educación. Al mismo tiempo, es necesario asegurar su adecuada y equitativa distribución, así como el control de su aplicación, en relación con el cumplimiento de las metas establecidas. Similares consideraciones se aplican a la inversión en la ciencia y la tecnología, estrechamente vinculadas con la calidad de la educación.

Uno de los avances más importantes registrados en los últimos años ha sido el impulso que las autoridades nacionales y provinciales han dado a los procesos de evaluación de los resultados de la educación. En ese sentido, se plantea la necesidad de avanzar en la creación del Instituto de Evaluación de la Calidad y Equidad Educativas, propuesta en 2016 por el Acuerdo de Purmamarca y convalidada por todas las provincias, como instrumento para la mejora permanente de los aprendizajes escolares. Es urgente debatir la conveniencia de implementar la evaluación final de los alumnos que egresan de la educación secundaria y de la educación superior, tal como ocurre en muchos países, incluso en varios de nuestros vecinos.

No hay educación de calidad sin docentes de calidad. Los mejores estudiantes deberían ser estimulados a dedicarse a la docencia. Por esa razón, los procesos de evaluación deberían extenderse a los jóvenes interesados en formarse como docentes, tanto al ingresar en los institutos de formación como al egresar de ellos, contemplando la reválida periódica de esa titulación, ya que se trata de una tarea de decisiva trascendencia social. En igual sentido, la modernización de la carrera docente constituye un objetivo prioritario. Esto supone actualizar los estatutos que la rigen y los regímenes de licencias, contemplando incentivos económicos en función de la capacitación y la innovación educativa. Entre otras medidas, debería modificarse el sistema de designación de los docentes, logrando el nombramiento por cargo, incluyendo el tiempo de clases y el dedicado a actividades institucionales.

Dado que las distintas etapas del proceso educativo constituyen un continuo -cuya necesidad hoy abarca toda la vida- es importante fortalecer la articulación de la enseñanza secundaria con la universitaria, así como entre los institutos de educación superior y las universidades. Es también prioritario que todas las escuelas incorporen servicios de atención psicopedagógica y de tutorías académicas, promoviendo la educación emocional para lograr que los alumnos adquieran la capacidad de autogobierno.

Las bibliotecas escolares deberían ser reconvertidas en centros de recursos para el aprendizaje, dotando a todas las escuelas de conectividad y promoviendo el desarrollo de redes interinstitucionales. Una enumeración de objetivos educativos no puede ser exhaustiva ya que en el proceso de educar participa toda la sociedad. El propósito de la Academia Nacional de Educación es contribuir a que la sociedad argentina asuma el desafío urgente que hoy representa brindar a la mayor cantidad posible de nuestros jóvenes las herramientas que les permitan desarrollarse en un mundo cada día más complejo y competitivo. Al hacerlo continúa nuestra ya larga tradición en este campo, fundada en la tarea de muchos de sus dirigentes y que hizo que el país ejerciera un liderazgo que hoy se ve seriamente amenazado.

En momentos en que el destino de la Argentina depende de la voluntad de todos sus ciudadanos, resultan proféticas las palabras de Sarmiento cuando dijo: "La igualdad de derechos acordada a todos los hombres es, en las repúblicas, un hecho que sirve de base a la organización social. De este principio, imprescriptible hoy, nace la obligación de todo gobierno de proveer de educación a las generaciones venideras ya que no puede compeler a todos los individuos de la presente a recibir la preparación intelectual que supone el ejercicio de los derechos que le están atribuidos... Un padre pobre no puede ser responsable de la educación de sus hijos; pero la sociedad en masa tiene interés vital en asegurarse de que todos los individuos que han de venir con el tiempo a formar la Nación se hayan preparado suficientemente por la educación recibida en su infancia para desempeñar las funciones sociales a que serán llamados".

Médico, exrector de la UBA y miembro de la Academia Nacional de Educación

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