La grieta continúa y es necesaria

Alejandro Poli Gonzalvo
Alejandro Poli Gonzalvo PARA LA NACION
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10 de junio de 2019  

El proyecto kirchnerista puede mutar tácticamente sin cambiar en su esencia autoritaria. En tiempos en que las discusiones sobre la grieta política se multiplican en el país, conviene recordar el pensamiento de Chantal Mouffe, como introducción al título del presente artículo.

Mouffe fue la compañera de vida e intelectual de Ernesto Laclau, un pensador argentino que el kirchnerismo tomó como referente por su defensa de la razón populista y de la lógica amigo-enemigo. Para Laclau, la hegemonía es la categoría central de la política. Es el resultado de establecer un orden político. Para el líder populista es legítimo apropiarse del monopolio del poder para construir una hegemonía del pueblo que se asume como una totalidad en una lógica de antagonismo (amigo-enemigo), y no respetar los límites institucionales de la democracia y la república. La voluntad popular se ubica por sobre las instituciones. Su meta es una democracia radical.

Este razonamiento extremo, que en la práctica conduce a anular la democracia, fue matizado por Chantal Mouffe. A la visión antagonista opone el agonismo, compatible con el pluralismo democrático. El agonismo observa al rival político como adversario y no como enemigo. "La especificidad de la democracia moderna radica en el reconocimiento y la legitimación del conflicto y en la negativa a suprimirlo mediante la imposición de un orden autoritario". Mouffe sostendrá en esta línea que la búsqueda de una política de consenso racional universal es errónea. Agrega que una democracia que funciona correctamente exige un enfrentamiento entre posiciones democráticas legítimas de izquierda y derecha.

El adversario es la figura que se contrapone a la de enemigo. Con el adversario establecemos un combate en términos de estrategias discursivas sin utilizar la violencia.

Fuente: LA NACION

Pues bien, el kichnerismo sigue apoyando la lógica autoritaria de Laclau y no cree en la lucha democrática, a la que se aviene solo porque la sociedad argentina ha demostrado tener vigorosos anticuerpos contra el autoritarismo, los mismos que faltaron en Venezuela. Es por esta concepción maniquea de la política que se puede afirmar que la grieta fue generada por el kirchnerismo y no por la sociedad que tuvo que defenderse del intento hegemónico de un populismo arrasador de las instituciones de la Constitución. En otras palabras, la grieta nació cuando el populismo radicalizado de los K obligó a que una mayoría de la población saliera en defensa de los valores republicanos. La resistencia fue muy anterior a que existiera la posibilidad de Cambiemos y de que Macri fuera un candidato presidencial.

Hoy la grieta continúa porque el kirchnerismo pretende retornar al poder e imponer su populismo no republicano. Si el kirchnerismo no fuera una alternativa electoral con chances de ganar en noviembre, no existiría la grieta. El peronismo alternativo ha demostrado que acepta el juego de las instituciones democráticas y que está dispuesto a convivir democráticamente con otras fuerzas políticas. No es el caso del kirchnerismo, cuyos intelectuales incluso se atreven a hablar de eliminar el Poder Judicial. Si esto lo dicen en campaña, qué se puede esperar si llegan al poder.

El "nuevo orden" que menciona Cristina Fernández de Kirchner se ubica en idéntica sintonía antidemocrática. De acuerdo con esta visión de la política actual, la existencia de la grieta es necesaria, imprescindible diría, para que se confronten dos modelos de país absolutamente opuestos. Habrá que derrotar de una vez y para siempre a la hidra populista. Y que de esta forma el peronismo pueda renovarse y transformarse en un partido político moderado y democrático.

Frente al dilema presente en la actual encrucijada política de dos modelos de nación, incluso la dura situación económica empalidece. Por votar solo pensando en el bolsillo podríamos arriesgar el futuro de nuestros hijos, nuestra convivencia en libertad y nuestro entendimiento de que quienes piensan distinto son adversarios políticos a los que hay que vencer en la urnas, y no enemigos a quienes hay que aplastar.

Mientras el kirchnerismo sea una amenaza para la democracia y la república que tan trabajosamente hemos conquistado los argentinos, la grieta es un faro luminoso que nos indica hacia qué costas peligrosas no debemos navegar.

Miembro del Club Político Argentino

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