Los verdaderos motivos del asesinato de Aramburu

Carlos Manfroni
Carlos Manfroni PARA LA NACION
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18 de mayo de 2020  

En marzo de 1979, el semanario italiano Osservatore Politico investigaba las posibles vinculaciones entre el secuestro y asesinato del general Pedro Eugenio Aramburu, en 1970, y el del presidente de la Democracia Cristiana de Italia, Aldo Moro, así como la organización que podía estar detrás de ambos crímenes. Ese mismo mes, Carmine "Mino" Pecorelli, director de la revista, fue asesinado en su automóvil a la salida de la redacción. La cronista a cargo de aquella investigación, Cristina Nosella, declaró como testigo ante el destacamento de Carabineros de Roma y aportó los borradores de sus notas sobre el tema. También entregó recortes de diarios acerca del juicio en ausencia en Roma a cuatro miembros de Montoneros: Fernando Vaca Narvaja, María José Fleming -su mujer-, Eduardo y Teresa Sling Gerl. Dos años antes, la policía ingresó en el departamento que ellos alquilaban en la capital italiana, pero el grupo había sido advertido y salió tan rápidamente que dejó varias pistolas, municiones y pasaportes robados a Francia.

Fleming, quien no alcanzó a recibir el aviso, llegó cuando estaban los policías y argumentó que el departamento era prestado. A pesar de las armas y del contrato de alquiler a su nombre, la dejaron ir. Los diarios de Italia reprocharon la complicidad policial.

Cuando la periodista volvió a su casa después de la declaración, fue amenazada por teléfono. Diez días antes, le habían desconectado la batería de su automóvil, le inutilizaron los frenos y le robaron el grabador.

La trama oculta de la historia habría de confirmar la hipótesis del Osservatore Politico.

Hacia 1970, Aramburu ya había morigerado mucho su antiperonismo. En cambio, detestaba los planes de permanencia en el poder sin plazos del general Juan Carlos Onganía, quien gobernaba la Argentina tras el golpe contra Arturo Illia, en 1966.

Aramburu pensaba que las Fuerzas Armadas en el gobierno se corrompían y lideraba una corriente, en el Ejército, cuyo objetivo era desplazar a Onganía y llamar inmediatamente a elecciones. Tiempo atrás, había amasado la idea de un peronismo sin Perón. Se apoyó, entre otros peronistas, en Augusto Timoteo Vandor, un fortísimo dirigente del gremio metalúrgico; pero Vandor fue asesinado por un grupo que después se convirtió en Montoneros, guiado por Dardo Cabo, hijo de un empleado de estrecha confianza del gremialista.

Los "protomontoneros", quienes acusaban a Vandor de colaboracionista, no lo mataron cuando él pactaba con Onganía, sino una vez que el gremialista se reconcilió con Perón y comenzó a diseñar un plan de lucha contra el gobierno militar.

Cuando Aramburu se convenció de la imposibilidad de reabrir el proceso democrático sin Perón, empezó a dialogar con él por medio de terceras personas, siempre con su plan de llamar a una elección sin proscripciones. Fue precisamente entonces cuando los montoneros secuestraron a Aramburu. Tan conscientes estaban de las conversaciones entre Perón y Aramburu que después del crimen le enviaron una carta a Perón en la que le preguntaron si con el asesinato de Aramburu habían arruinado sus planes.

El núcleo duro de Montoneros se había incubado en el gobierno de Onganía, más precisamente, en el Ministerio del Interior. Otros, incluyendo el propio Dardo Cabo, eran parte de la revista Extra. En abril de 1970, un mes antes del secuestro, desde ese medio hicieron un "juicio periodístico" a Aramburu y lo condenaron. El "tribunal periodístico" lo presidía Miguel Bonasso, jefe de redacción de la revista y después miembro de la conducción montonera. Fuera de ese artículo sobre el "juicio", todo lo demás en la publicación eran elogios empalagosos para Onganía.

En 1971, el general Alejandro Agustín Lanusse asumió el gobierno de facto y retomó la idea de convocar a elecciones. La convocatoria contenía una condición que pasó a la historia como "cláusula proscriptiva". Los candidatos deberían residir en el país antes del 25 de agosto de 1972. Perón estaba en su exilio de Madrid, pero regresó a la Argentina el 17 de noviembre. Podría haber viajado tres meses antes, después de 18 años de exilio. Pero la mal llamada cláusula proscriptiva encubría un secreto.

Muerto Aramburu, todas las gestiones del retorno de Perón fueron hechas por Licio Gelli, cabeza de la logia italiana Propaganda Due (la P2).

Siempre se supo que Licio Gelli había financiado el Operativo Retorno. Lo que no se sabía era que Gelli había impuesto como candidato a Héctor Cámpora, el aliado de Montoneros, tal como lo declaró ante la Comisión de Investigación del Parlamento de Italia Lino Salvini, maestre de la masonería italiana del Gran Oriente, con quien Gelli mantenía una relación tensa, porque Propaganda Due se manejaba con cánones propios e independientes.

Antes de la partida, Perón se reunió con Cámpora, López Rega, Gelli y la cúpula montonera en el hotel Excelsior de Roma, centro de operaciones de Propaganda Due.

Cuando en 1981 fueron allanadas la casa y la empresa de Gelli, en Italia, se encontró una lista de los miembros de la P2, entre los que figuraban altos jefes de Carabineros, de la policía y de los tres servicios de inteligencia, militares, parlamentarios, periodistas y casi toda persona con poder real en el país. También había varios argentinos.

El más antiguo de la nómina de argentinos era Emilio Eduardo Massera, anterior incluso a los propios financistas que eran el corazón de la logia, como Michele Sindona y Roberto Calvi, presidente del Banco Ambrosiano. También estaban José López Rega y su primer yerno, Raúl Lastiri; Guillermo Suárez Mason y, entre muchos otros, el general Luis Alberto Betti, a quien Lanusse le había encomendado las gestiones para la democratización y quien se entendió en eso con Gelli, su verdadero jefe.

El segundo día de su gestión, después de liberar a los guerrilleros condenados por la Justicia, Cámpora nombró a Licio Gelli cónsul honorario de la Argentina en Florencia. Gelli se mantuvo como diplomático argentino durante todo el ciclo peronista y continuó tras el golpe de 1976.

Perón odió a Cámpora toda su vida por haberle birlado la posibilidad de ser él mismo el candidato a presidente. Cuando consiguió desplazarlo, fue castigado con la muerte de José Ignacio Rucci, su hombre más leal.

En 1978, Aldo Moro fue secuestrado en Roma. Ocurrió justo cuando mantenía conversaciones con Enrico Berlinguer, el secretario general de Partido Comunista Italiano, para incorporarlo al Parlamento, aprovechando la mala relación que mantenía con el PC soviético. Moro quería pacificar a Italia y diluir al PCI en el sistema. Lo secuestraron las Brigadas Rojas, cuyos miembros recibieron penas muy leves para su delito y pronto salieron de la cárcel.

En 2015, el general Nicolò Bozzo, mano derecha del general Carlo Dalla Chiesa, de los Carabineros, declaró a la prensa que desde el primer momento ellos supieron dónde estaba Aldo Moro secuestrado, pero no los dejaron actuar. Cualquier propuesta de paz y conciliación debía morir con su autor.

Propaganda Due era un trípode que se apoyaba en Italia, la Argentina y Libia como cabeza del mundo islámico, para sus negocios de finanzas, venta de armas, petróleo, acero y drogas. Su jefe se llamaba a sí mismo "el Titiritero".

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