Malvinas, de cara al futuro

Agustín Romero
Agustín Romero PARA LA NACION
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2 de abril de 2019  

Al cumplirse un nuevo aniversario del inicio de la Guerra de Malvinas y frente a la proximidad de las elecciones presidenciales de octubre, estos hechos generan una oportunidad para analizar las consecuencias que ese conflicto trajo aparejadas en términos de la diplomacia argentina y cuáles pueden ser los próximos pasos a seguir.

El conflicto en el Atlántico Sur marcó un punto de inflexión en la problemática con el Reino Unido. En efecto, hasta 1982 fueron al menos cuatro los procesos de negociaciones bilaterales entre Buenos Aires y Londres documentados y encaminados a encontrar una solución definitiva a la disputa de territorial. Por ello es importante destacar que la Argentina debe hablar en términos de reiniciar el proceso de diálogo y negociación, ya que así lo determinan diversas resoluciones de la ONU. Sin embargo, el resultado de la contienda hizo que la potencia europea cerrara el camino a un acuerdo y determinara que los habitantes del archipiélago son los que tienen el derecho a la autodeterminación.

Para tener una verdadera dimensión de lo que implica lo que se denominada abreviadamente Cuestión Malvinas debemos establecer que es una disputa territorial bilateral que abarca más de 1.500.000 km2 y aristas en temas de recursos, geopolíticos, entre otros.

Desde el fin de la guerra se han consolidado dos andariveles en la aproximación argentina a este tema. Por un lado, el carril bilateral con el Reino Unido y, por el otro, el diplomático multilateral.

En cuanto al primero, nuestro país ha pasado de la "estrategia del osito Winnie the Pooh" de Menem al acuerdo de Macri de 2016, en el que se compromete a "adoptar las medidas apropiadas para remover todos los obstáculos que limitan el crecimiento económico y el desarrollo sustentable de las islas Malvinas, incluyendo comercio, pesca, navegación e hidrocarburos". Las trabas aludidas en el acuerdo Foradori-Duncan son las mismas que estableció el kirchnerismo en un complejo entramado normativo. En consecuencia, observamos cómo la relación diplomática con Londres es pendular, carece de coherencia y de objetivos a establecer a mediano y largo plazo, circunstancias propias de un país sin consensos y falta de políticas de Estado en materia de política exterior.

En cuanto al ámbito multilateral debemos destacar que la situación es muy distinta. En efecto, aparece una coherencia diplomática que viene desde antes de la guerra y perdura con gobiernos democráticos de signo radical, peronista y de diversas coaliciones gubernamentales, como la liderada por el presidente De la Rúa y la de Macri. Esta línea de trabajo en el ámbito multilateral abreva en la tradición kantiana de la defensa y promoción del derecho internacional, la solución pacífica de las controversias y el principio de que el resultado de la guerra no da derechos. A su vez, nuestro país ha defendido con la misma valentía los principios de la integridad territorial y el de la autodeterminación de los pueblos en los casos apropiados.

Finalmente, cabe destacar que desde el restablecimiento de la democracia en 1983 los candidatos a presidente nunca dedicaron tiempo a explicar su mirada sobre los asuntos internacionales. Por ello, y frente a la próxima elección, los postulantes deberían, en primer lugar, exponer su visión y cómo se perfilará la Argentina en el mundo en los próximos años, cuáles serán los ejes más importantes de la política exterior de nuestro país y, dentro de ellos, la estrategia de relacionamiento bilateral con Londres en el tema Malvinas.

Doctor en Ciencias Políticas. Asesor en temas de política internacional. Profesor universitario

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