Perito Moreno, el señor de las cumbres

Luis Otero Monsegur
Luis Otero Monsegur PARA LA NACION
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19 de septiembre de 2019  

El 22 de noviembre se cumplirán 100 años del fallecimiento del poco recordado Francisco Pascasio Moreno. El perito Moreno; Pancho Moreno para los amigos; Fósil para sus hermanos; Pangolin para su padre; compadre Peñi Huinca para el cacique Valentín Shaihueque, o Tapago para las tribus indígenas. Debemos hacer un esfuerzo por "resucitarlo" para la memoria histórica de los argentinos. Para nosotros, que no somos muy amigos de honrar a nuestros héroes, me parece importante conocer la tarea, el esfuerzo y las convicciones de este patriota, un verdadero héroe civil.

¿Quién era Francisco Pascasio Moreno? LA NACION del 24 de noviembre de 1919 lo definió en su crónica necrológica como "un geógrafo sin cartas; geólogo sin laboratorios; topógrafo sin instrumentos; con las manos limpias..." Germán Sopeña, en su discurso al incorporarse a la Academia Nacional de Periodismo, decía de Moreno: "Se convirtió así en un hombre múltiple, como solo pudieran darse en aquella etapa fundacional de la Argentina, pero que también se colocaba en la línea de los grandes humanistas de todos los tiempos".

Nuestro perito nació en 1852, año de la Batalla de Caseros que marca la caída de Juan Manuel de Rosas y el inicio de una etapa de consolidación nacional. Muere en 1919, año de la Semana Trágica, comienzo de luchas violentas en pro de reformas sociales y políticas. Cuando se habla de él se recuerda su vocación juvenil por la antropología y por la geología (el "fósil" Moreno), pero también sus extraordinarias exploraciones de la Patagonia iniciadas en la década de 1870. "En 1875 llega solo y a caballo a las tolderías del Señor de las Manzanas, el cacique Shaihueque, en el valle del Collón Cura, sobre las que deja flameando la enseña nacional. Y aunque no logra autorización para cruzar a Chile, llega hasta el Nahuel Huapi..." ( Las ideas y la obra de Francisco Pascasio Moreno, Alberto Riccardi).

Quisiera recordarlo por su trabajo incansable como representante argentino en la Comisión de Límites entre nuestro país y la República de Chile, con motivo del Tratado de 1881. El trabajo de Moreno fue determinante para que prevalezca su tesis, por la contundencia de sus argumentos geográficos, históricos y científicos. Pedro Luro, en la sesión de la Cámara de Diputados del 19 de junio de 1903, dijo: "Moreno ha sido, en este largo pleito internacional, algo más que un geógrafo y un explorador. Ha sido una voluntad firme como el granito, puesto al servicio de una convicción profunda y honrada".

El coronel sir Thomas Hungerford Holdich, comisionado del Tribunal Arbitral en el reconocimiento de la zona en litigio, señala: "He afirmado repetidamente que todas las tierras que están al oriente de la divisoria de aguas continental en el deslinde del árbitro, se deben pura y exclusivamente a la acción científica y valerosa de Moreno". En LA NACION del 8 de enero de 1903 se lee: "El Dr. Moreno ha desplegado en la defensa del derecho de la República todas las facultades notables que posee, la actividad mental y física, sus vastos conocimientos científicos, la práctica de la cordillera que conoce como pocos, un ardor y un patriotismo que le dan derecho a la gratitud de sus conciudadanos. Gracias a su labor, Argentina pudo finalmente transformar en derechos legales sus históricos reclamos sobre la Patagonia".

Cuando en 1913 Moreno acompaña al expresidente norteamericano Theodore Roosevelt en su visita a Bariloche, este le escribe: "Mi estimado doctor: no solamente siento profundo respeto y admiración por su persona, sino que usted me ha inspirado un hondo sentimiento de afecto personal. Usted ha realizado una obra que solo un escasísimo número de hombres de cada generación es capaz de llevar a cabo". El Tratado de Límites entre la Argentina y Chile del 23 de julio de 1881 establecía que "la línea fronteriza correrá por las cumbres más elevadas de dicha cordillera que dividan las aguas".

La tesis de la Argentina -sostenida con vehemencia por Moreno- era que el límite de las cumbres nevadas definía con precisión la frontera aplicando un factor geográfico. La divisoria de aguas ( divortium aquarum), en cambio, transformaba la frontera en algo móvil, ya que los cursos de agua podían modificar su recorrido de tanto en tanto (era el caso de los ríos Quilquihue, Coyhaique y de Fénix). Obviamente, el perito chileno doctor Diego Barros Arana presentó y defendió la tesis contraria, la del divortium aquarum continental.

Para dimensionar la magnitud del diferendo de límites baste mencionar que la cuestión sometida al árbitro (Eduardo VII de Gran Bretaña) fue la línea proyectada por el perito chileno que comprendía 348 puntos situados siguiendo la línea del divortium aquarum continental. El perito argentino proponía 306 puntos que se ajustaban al encadenamiento principal de la Cordillera de los Andes. La genialidad de Moreno fue demostrar a la Comisión de Límites que en el campo, y mediante el cavado de zanjas o levantando montículos de tierra o piedra, se podía alterar la divisoria de aguas, lográndose que nacientes de ríos que contribuían a la cuenca del Pacífico desaguaran en la cuenca del Atlántico y viceversa.

El 20 de noviembre de 1902, Eduardo VII firma el laudo arbitral que zanja las diferencias entre la Argentina y Chile. El coronel Holdich y sus ayudantes, más Moreno y su secretario Clemente Onelli, llegan a Buenos Aires el 27 de diciembre de 1902 y se organizan en cuatro comisiones a fin de plantar los hitos fronterizos. En los siguientes tres meses se cumple la tarea del deslinde. La vehemencia con que Moreno defendió sus convicciones le generó conflictos con la burocracia política y administrativa.

Moreno falleció el 22 de noviembre de 1919 en la pobreza absoluta. En 1920, el Banco de la Nación Argentina remató judicialmente sus pocos bienes para cubrir deudas. El gobierno no envió representación oficial a su sepelio. El 22 de agosto de 1934 se envía a la Cámara de Diputados un proyecto de ley para erigir un mausoleo a la memoria de Moreno en el Parque Nacional Nahuel Huapi. El proyecto fue aprobado por unanimidad, pero permaneció olvidado 10 años.

En 1944 se decreta el traslado de los restos desde el cementerio de la Recoleta hasta Bariloche. El ataúd de Moreno con la bandera argentina, y los ponchos de los caciques Shaihueque, Pincen y Catriel, se embarca en la Modesta Victoria para transportarlo a la isla Centinela en el Nahuel Huapi (a la entrada del brazo Blest), donde descansa junto a su esposa, María Ana Varela. Los ponchos sobre su ataúd simbolizan la integración de la nación argentina con los pueblos aborígenes. Cada vez que una embarcación pasa frente a la isla Centinela hace sonar tres pitazos en saludo y respeto al pionero explorador y creador de los parques nacionales. Es momento de rendir homenaje al señor de las cumbres.

Abogado y empresario

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