¿Y después del gato?

Graciela Guadalupe
Graciela Guadalupe LA NACION
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10 de noviembre de 2019  

"Hay gato para rato"

(De Mauricio Macri, sobre su eventual retiro de la política)

Ni la intervención del Poder Judicial jujeño que pide Zaffaroni ni el acuerdo entre Alberto Fernández y el BID para endeudarnos por US$6000 millones más ni que Ricardo Alfonsín vaya a ser funcionario en el nuevo gobierno kirchnerista. Las tres principales noticias de los últimos días pasaron por la discontinuación de la ficción El Zorro después de 16 años de emitirse en el país; por el gato, que se resiste a que lo jubilen cuando deje la presidencia, y porque Bugs Bunny sea declarado dibujo no grato apenas Alberto se calce la banda porque, como dijo el presidente electo, el conejo de la Warner "es un estafador".

Hay tres explicaciones posibles para la proscripción de Bugs en el próximo gobierno. Una: Alberto cree, como Maduro respecto de Spiderman, que los dibujos animados del imperialismo yanqui son una "fábrica de antivalores". Dos: que el rubio y esponjoso Dylan es muy celoso como para compartir cartel con otro animal. Y tres: que el verdaderamente celoso sea el propio Alberto, porque todavía no consiguió que los amigos ni la prensa le pusieran algún apodo zoológico que lo ubique al nivel del lupo, su mentor como jefe de Gabinete; al de la pingüina que le perdonó la diatriba empujándolo a la cima del poder, o al del gato, cuyo poder no corría peligro hasta las PASO.

Ciertamente, Alberto también merece un alias para quedar en la historia grande de los motes a dirigentes políticos. Un alias del mundo animal, como lo tuvieron Bernardino Rivadavia, el "sapo"; Miguel Juárez Celman, "el "burrito cordobés", y Arturo Illia, la "tortuga".

Luis Sáenz Peña era el "pavo"; José Evaristo Uriburu, la "lechuza"; Hipólito Yrigoyen, el "peludo"; Edelmiro Farrell, el "mono"; Nicolás Avellaneda, el "chingolo", y Juan Carlos Onganía, la "morsa", predecesor de la otra morsa que compartió gabinete con el propio Alberto y que cayó en desgracia el día en que se lo devoró la entonces "leona" Vidal.

"Chancho" le decían a Álvaro Alsogaray; "bisonte", a Oscar Alende; bulldog, a Ricardo López Murphy; "tigre", a Justo José de Urquiza; camaleón, a Carlos Tejedor. Y "gato amarillo", a Lisandro de la Torre, felino antecesor del gato actual, que hizo del amarillo su divisa identificatoria en logos, globos, serpentinas, pines, toldos, pancartas, gorritas y cordones de veredas.

Sea Alberto el animal que fuera, esperemos que, como en la Biblia, nos suba a todos al arca de Noé.

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