
Combate contra el cuatrerismo
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El cuatrerismo, tan antiguo como la producción económica de ganado, ha tenido creciente difusión en los últimos años, seguramente como expresión de la inseguridad y del auge de los delitos contra la propiedad que están caracterizando a nuestra organización social. Ese incremento del delito, como se sabe, ha sido facilitado no solamente por la endeblez de los órganos de seguridad, sino también por la falta de adecuación de los instrumentos legales para combatirlo.
Desde antaño ha sido común aprovechar la ausencia de vigilancia en áreas alejadas de las poblaciones para apropiarse del ganado, generalmente vacuno, pero también caballar, destinándolo a la faena para consumo en la misma región, o para exportar, en el caso de la carne equina. Recientemente se descubrió y aparentemente se consiguió desbaratar una banda que operaba en porciones linderas de Santa Fe y de Santiago del Estero, la que habría estado actuando en connivencia con establecimientos de faena y lo que es aún más grave, con autoridades locales.
Más recientemente, hubo asaltos a establecimientos ganaderos con el apoyo de camiones y jinetes que ayudaron a cargar el ganado para desaparecer rumbo a algún lugar de sacrificio y de venta ilegal. Asimismo, el robo de camiones en tránsito, cargados de ganado sin que casi nunca se logre identificar a los autores y determinar sus vías de escape. Otra forma de abigeato -podría decirse por "goteo"-, es la apropiación y faena de ovinos, generalmente en campos situados cerca de pueblos, para consumo inmediato de los ladrones o para la venta en carnicerías del lugar.
Se comprende fácilmente que, sometida a tales atropellos, la inversión ganadera se torna cada vez más comprometida. Si de por sí la ganadería es azarosa y de baja rentabilidad, sujeta como está a inundaciones, retenciones a las exportaciones, impuestos y tasas abusivas, el añadido del robo de ganado la convierte en una actividad degradada y muy difícil de afrontar.
Una propuesta reiterada consiste en modificar la legislación sobre el abigeato para impedir la excarcelación de los cuatreros. Otra precaución posible es la identificación de los animales mediante costosos dispositivos ( chips ) que proveen información a instrumentos de fácil manejo. Y hay más tecnologías como eventuales opciones: un convenio entre el gobierno de la provincia de Buenos Aires y la Universidad de La Plata apunta a reunir fondos para instalar un banco de datos genéticos de cada animal de manera de poder compararlos con muestras extraídas del matadero o la carnicería sospechosos de haber recibido el robo.
Si bien ese banco tendría ventajas asociadas, como la de constatar evasiones impositivas o la paternidad fraguada en los registros genealógicos, cabe advertir que muy improbablemente podría contarse con él en una etapa próxima, pues montarlo supone no sólo recursos materiales, sino también humanos, por ahora de difícil obtención. Sin embargo, la iniciativa muestra que para enfrentar al delito existen recursos novedosos de cuya aplicación mucho debe esperarse.
Entretanto, las variadas y no menos novedosas formas de vandalismo agropecuario, difundidas intensamente en los últimos años, son tantas que pueden inducir al desaliento generalizado. Asaltos a mano armada, robos de dinero, de maquinarias y cosechas, se añaden al tradicional y asimismo creciente cuatrerismo. Por contrapartida, existen mecanismos legales por implementar y múltiples tecnologías preventivas. Por supuesto, la aplicación de unos y de otras requiere de una autoridad pública, policial y judicial, capacitada y honesta, apta para responder al delito y apresar y condenar a sus autores.






